
Percepción y realidad
Dadme una palanca y os levantaré un mundo, decía Arquímedes. Con el índice de precios ha ocurrido lo inverso: se ha retirado el punto de apoyo y se ha caído el mundo de las certezas económicas. Entramos ahora en la zona de flotación de las percepciones. Cruzamos un umbral: ya no es la realidad la que gobierna nuestras percepciones, sino que comienzan a ser nuestras percepciones las que gobiernan la realidad. Lo delicado de la cuestión es que en la Argentina las percepciones son un excelente conductor de las crisis. No hay arma más potente para desencadenarlas, porque esas percepciones tienden a ser extremas. Nuestra visión de la realidad argentina es un sistema bipolar, que lleva de la euforia a la depresión -y viceversa- en poco tiempo.
A la vez, la energía del mercado paralelo, desalojada del lugar en que habitaba, queda flotando sobre la sociedad y elige siempre un nuevo lugar donde alojarse. Antes ubicada en el dólar, ahora se ha instalado en el índice de precios, lo que da lugar al nuevo ejercicio de cotizar, junto a la inflación oficial, una inflación paralela. Y el regocijo de la simulación tiene un correlato perfecto en el regocijo de ejercitar la sospecha. Hay un entrenamiento extraordinario para leer el reverso de los signos: si hablamos de congelamiento de precios, tarifas y salarios, secretamente pensamos cuándo estallarán. Así, el mayor deporte de nuestros gobiernos es crear realidades en las que nadie cree. Y el deporte de los gobernados es leer el doble juego de los gobernantes. Es un reto, un desafío mutuo, una regla de juego que no ha sido desarmada.
Pero se trata, en realidad, de un circuito integrado. Los datos falsos del IPC se ven curiosamente respaldados por un dato verdadero que se desprende de las encuestas: el país se orienta cada vez más hacia un partido único. ¿Estarían entonces los gobiernos interpretando correctamente a la gente, es decir, la resistencia colectiva a la verdad? Arquímedes es también famoso por otro principio enunciado en su bañadera: todo cuerpo sumergido desaloja un volumen de fluido igual a su propio volumen. ¿Si lo que se ha desalojado es la verdad, qué es lo que se ha sumergido en su lugar? No hace falta deducirlo del comportamiento de las cámaras empresarias. La mayor parte de las veces, cuando se desaloja la verdad, lo que se ha alojado en su lugar, con el mismo volumen, es el miedo.
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