
Perros cimarrones en la Reserva
1 minuto de lectura'
No es normal la presencia de jaurías de perros cimarrones en un área natural protegida. Sin embargo, los hay en la Reserva Ecológica porteña y han llegado a constituirse en un grave problema que requeriría pronta solución.
Durante años, dueños desaprensivos utilizaron el Parque Natural y la Reserva Ecológica de la Costanera Sur para abandonar allí a las mascotas indeseadas. Forzados a procurarse sustento, los animalitos de todo tamaño y pelaje comenzaron a cazar la fauna allí asentada, que al no saber defenderse por carecer de predadores naturales poco ha podido hacer ante la voracidad y la desesperación de los perros hambrientos. Como consecuencia ya se observa una alarmante disminución en la población de coipos, cisnes y lagartos. Esa depredación se agrava durante el verano, cuando disminuye el nivel del agua de las lagunas y los perros cimarrones ya no necesitan nadar para capturar a sus indefensas presas.
Pero no sólo la fauna de la Reserva sufre la presencia de las jaurías, que también han mordido a varias personas en el Camino de los Lagartos, a escasos metros de la administración de ese lugar privilegiado por la naturaleza y descuidado por los seres humanos. Tal anormalidad ha dado lugar a denuncias presentadas en el Instituto Pasteur y en la comisaría 22a. de la Policía Federal.
No se sabe a ciencia cierta cuántos perros en esas condiciones viven en la Reserva, pero se estima que superan el medio centenar. Por no estar controlados sanitariamente, pueden contraer rabia, tiña, áscaris o sarna, además de contagiarse leptospirosis -asimismo, comen ratas-, que a su vez transmitirán a otros animales o a los propios seres humanos. Sin duda, una seria amenaza para la salud pública.
Varias sociedades protectoras de animales fueron consultadas, pero todavía no se ha encontrado una solución viable y, a la vez, definitiva. ¿Cuántos cisnes deben ser devorados y cuántos visitantes tienen que ser mordidos para que el gobierno de la ciudad intervenga?
La existencia de perros cimarrones en las áreas protegidas tiene muchos antecedentes y requiere de un manejo prolijo y terminante. Debe contemplar una política de prevención, control y erradicación, al igual que prever sanciones duras para la irresponsabilidad manifiesta de quienes abandonan allí a sus mascotas haciendo caso omiso a que atentan contra la Reserva. La complejidad del caso involucra a una gran cantidad de actores sociales y de factores tanto prácticos y operativos como sentimentales. Es necesario poder controlar a los infractores y no sólo apelar a su sensibilidad y sentido común que, al parecer, son muy escasos
En varios países han sido elaborados planes nacionales para el control de especies que se convierten en salvajes y son consideradas plagas, como es el caso de los perros cimarrones. En la Argentina, las plagas nacionales deben ser combatidas. ¿Habrá que declarar plaga ciudadana a los intrusos de la Reserva? Un informe del Instituto Pasteur los considera una verdadera plaga que puede producir un desequilibrio en el ecosistema de ese bello lugar y descontrolarse en forma irremediable. Además, insta a tomar medidas para eliminar a los canes cimarrones, de acuerdo con las normas internacionales expresadas en la Guía para el Manejo de Poblaciones Caninas de la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Mundial para la Protección de Animales.
Cuando la realidad golpea, hay que enfrentarla. Esta situación debilita la positiva imagen que la sociedad está construyendo sobre el estado de la Reserva Ecológica y el de su manejo, favoreciendo intereses que, es harto sabido, le son adversos. No se debería esperar, pues, a que los cimarrones vuelvan a atacar y sería conveniente, es muy probable, declarar la emergencia sanitaria, llevando a cabo el cierre temporal del área hasta que se pudiese garantizar la seguridad de la gente y la tranquilidad de las especies legítimas habitantes de la Reserva.
Las reprobables indiferencias que han dado pie a ese inconveniente produjeron una situación anormal, que debe ser revertida antes de que se convierta en una amenaza para los visitantes y haya que lamentar otras víctimas humanas, mientras los perros cimarrones -inocentes transmutados en salvajes por obra y gracia de la perversa conducta de sus antiguos dueños- terminen por convertirse en la única población animal de una reserva despojada de su fauna y de sus miles de visitantes humanos.





