
Perros sin césped
Los dueños de perritos dan constantes muestras de civilidad y convivencia al retirar de la vía pública las deposiciones de sus mascotas.
Hasta no hace tanto, en veredas y calles porteñas había caca canina por todos lados. Y si se iba muy distraído, eran altas las chances de llevarse algún oloroso regalito pegado en las suelas de los zapatos.
Hoy es raro que el ser humano a cargo de un animal doméstico que hace “lo segundo”, no se agache enseguida, levante las heces y, envueltas en una bolsita, las deposite en el cesto o contenedor más próximo. La mejora en la materia es ostensible.
Sin embargo, esta buena nueva costumbre de personas y canes es castigada por el gobierno porteño al vedar el ingreso de perros a cada vez más plazas. No solo lo advierte con hostil cartelería en los ingresos de las mismas, sino que también la Policía de la Ciudad está atenta para hacer cumplir la norma.
Es lógico, por higiene, que los perros no accedan al amurallado espacio de juegos de los niños, pero ¿por qué limitar su circulación por el césped? La opción que proponen es llevarlos a los reducidos y desangelados caniles sin pasto, apenas medio centenar en CABA para una población perruna que ya llega al medio millón.







