Reseña: Escribir no es importante, de Vicente Luy

Poemas como estribillos
Edgardo Scott
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19 de septiembre de 2020  • 00:00

La publicación de Escribir no es importante, la poesía reunida (aunque no completa) de Vicente Luy, es un acontecimiento singular de este difícil, insólito y pandémico 2020. El poeta cordobés que se quitó la vida en 2012, a los 51 años, dejó una serie de libros, muchos autopublicados, que por fin encuentran una edición de conjunto y mayor circulación.

"Quisiera tener una hamaca e irme hasta la luna. Es una pretensión algo tonta, lo acepto; pero sería hermoso". El verso pertenece a su primer libro, Caricatura de un enfermo de amor, de 1991, y podría dar a pensar que Luy también fue a su manera parte de la así llamada "poesía de los 90". Un poeta que sin embargo no leyó ni conoció esa poesía hasta más tarde. La diferencia es que un verso como ese, narrativo, con su entonación naïve y buen remate, es uno cualquiera en su poesía. Porque si cierta poesía puede ser la crítica y el disenso de su época, el poeta puede ser su redención. Luy pareciera venir a redimir y esclarecer aquella década y el comienzo de siglo, de ahí que el mejor tono de su lengua sea mesiánico: "Pero he mirado, y es un tiempo el nuestro en el que la guerra no es vista".

Su poesía actualiza el don de Karl Kraus, hace del verso un aforismo parecido a un eslogan irresistible. "Si nadie te escribió una canción de amor/ hay algo que no funciona." O "Usá tu odio para el bien común" y "Del mal envidio su capacidad para generar negocio (lo que lo hace fuerte)". Un aforismo como un latigazo o, si se prefiere, un buen estribillo porque los poemas de Luy podrían ser canciones y Escribir no es importante pasar por un "grandes éxitos" (de Charly García o Luis Alberto Spinetta, a los que tanto admiraba) que interpela e inspira. Acaso porque aunque el poeta describa y persiga al amor, no es tolerante de sí y no quiere que su lector lo sea.

En su nota de despedida, el italiano Cesare Pavese escribió: "Perdono a todos y a todos les pido perdón, ¿está bien? No hagan demasiado chismorreo", que bien podría haber sido un verso de Luy. En los últimos libros, la poesía del cordobés es también el diario de un suicida. Como en Pavese, Sylvia Plath o Alejandra Pizarnik -"La noche soy y hemos perdido"-, también él consigna esa declinación como fuerza épica y vital. Un poeta es capaz de resistirlo todo, decía Roberto Bolaño, pero eso es exacto y revelador hasta cierto punto, como si la poesía fuera un antídoto o tónico poderoso, pero jamás infalible y menos todavía inagotable contra los males de este mundo.

Vicente Luy

Caballo Negro

170 páginas

$690

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