Poemas con tiempo
Silvia Hopenhayn Para LA NACION
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Hay algo de confidencialidad en la poesía que nos hace compartir los secretos de la lengua. Por eso al poema lo vemos como si descubriéramos una casa ajena. Algunos nos dejan pasar, otros nos dejan afuera. Juan Gelman va encendiendo distintas luces. Y, de a poco, descubrimos una forma de ser y estar en el mundo tan serena como convulsionada. "Lo que no cesa de no escribirse/ lo que no cesa de escribirse, lo que cesó de escribirse", escribe.
Gelman nos hace reír jugando a no ser ("¿Cuándo se podrá decir que hemos estado en nuestro ser?"). Nos invita a una fiesta de los sentidos que no excluye la más rotunda pena. Como dijo Cortázar, su poesía "es una permanente caricia de palabras sobre tumbas ignotas". Vemos lo que yace, pero también lo que brota, y todo tipo de reverberaciones. Y, en la penumbra, nos muestra un dolor inextirpable.
La poesía de Gelman es huella y meta. Huella bajo la forma de la herida, por lo sufrido, lo andado y deshecho -su historia personal, la historia de la Argentina-, pero también huella del amor, siempre blanda, y a medida de la vida. Meta, porque sus poemas apuntan a señalar lo que queda, a veces restos. Y por la búsqueda del poema: "¿Se escriben palabras para encontrar el poema?/ ¿Se escriben poemas para alcanzar la palabra?/ El poema decide que la palabra decida, ella, la fugitiva".
Su nuevo libro consta de 150 poemas y es un mapa actualizado de deseos y de furias ("Luz asustada/ pliego de la noche donde se lavan los exilios"). Si bien no se aparta del tono tan propio acunado en otras obras, como Cólera buey , Gotán o la serie de Interrupciones , en esta nueva publicación, de Seix Barral, hay más habitaciones iluminadas. De atrás para adelante, de adelante hacia atrás, porfiadamente. Es una interioridad dada vuelta. Nos muestra lo que hay dentro. No es como en otros libros, en los que la ciudad es telón de fondo, o la melancolía arrasa con la memoria. En esta oportunidad, Gelman se juega por la lengua, el amor y las preguntas ("Señor papel, permítame preguntarle?"). Y a su vez, juega con la lengua, ofreciéndole neologismos para ajustar su intensidad ("La noche que extiende su miedar en una sola esquina.")
El ritmo, por su parte, es una nueva ola que se forma. En su poema Eso , lo exalta: "El ritmo, el ritmo, no las ruinas". Así, su voz tiene algo del balbuceo, de sentir el gusto de lo que se dice en el momento en que se lo escribe. Quizá, porque se trata de lo que "no se sabe", título de un poema que invoca la imperfección, la falta y la compañía de los agujeros.
Traducido a idiomas tan remotos como el chino, el japonés, el checo y el sueco, Premio Nacional de Poesía 1997, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y Premio Cervantes 2007, Gelman es un poeta nacional y del mundo, tan vasto como íntimo.


