
¿Por qué el Congreso no controla?
En un conocido ensayo, Giovanni Sartori afirma que un Parlamento sobrecargado de trabajo no asusta a nadie. En cambio, uno que se reserva el tiempo y las energías para poder controlar, se convierte en un controlador temible.
En la Argentina, nadie le teme al Congreso Nacional. Por dos cuestiones bien estudiadas por la ciencia política.
La primera tiene que ver con la discontinuidad de las carreras de los legisladores. Esto se debe a que son pocos los que logran la reelección y muchos los que transitan un solo mandato. Si bien esto puede ser considerado un síntoma positivo de renovación del órgano parlamentario, no lo es en relación a la segunda cuestión que interesa aquí: el expertise parlamentario. Este concepto suele asociarse al aprendizaje del legislador acerca de la técnica legislativa. Pero, es más que ello. En realidad se refiere a cómo se implementan las políticas públicas creadas por las leyes y con qué costos presupuestarios. Es un conocimiento que se adquiere con el tiempo, y por lo tanto, depende de la antigüedad del legislador en el Congreso. A mayor antigüedad, más expertise parlamentario.
Por otra parte, es importante considerar dónde se adquiere el expertise. Ese lugar son las comisiones permanentes (defensa, educación, finanzas, seguridad etc.). Aquí es donde el legislador no solo estudia (es decir, toma “conocimiento”) de los diversos asuntos legislativos, sino también aprende el oficio del control de las agencias y burocracias del Estado. Por ello es clave que los legisladores sean asignados a una o al máximo dos comisiones. Cuando es asignado a más comisiones, más dispersa va ser su labor legislativa.
Esto último es lo que se puede apreciar en la Cámara de Diputados de la Nación, la más numerosa del Congreso. Actualmente, cuenta con 46 comisiones (contra las 26 que tenía en 1983). De este modo, el promedio es de 5 comisiones por legislador, lo que pone de manifiesto una considerable dispersión de la labor legislativa.
¿A qué se debe tantas comisiones? La respuesta está en observar la inusual cantidad de bloques parlamentarios que tiene esa cámara. La gran mayoría son bloques chicos y unipersonales (de un solo legislador). Es claro que esa cantidad de comisiones tiene que ver más con la necesidad de distribuir cargos, que con la especialización legislativa.
Una investigación sobre la integración del Congreso revela que las comisiones de control rara vez estuvieron en manos de la oposición. Por el contrario, fueron presididas por legisladores de la mayoría oficialista, que no están dispuestos a controlar al gobierno
¿Dónde está entonces el control parlamentario? Este ha sido relegado en las denominadas comisiones especiales, siendo la mayor parte de ellas bicamerales y creadas para un propósito determinado (control de obras públicas; revisión de cuentas; decretos presidenciales, etc.). Y, para que éstas comisiones cumplan con su propósito, deben estar lideradas por legisladores de la oposición.
Sin embargo, una reciente investigación que estudia la integración del Congreso revela que esas comisiones de control rara vez estuvieron en manos de la oposición. Por el contrario, fueron presididas por legisladores de la mayoría oficialista, que no están dispuestos a controlar al gobierno.
Otro hallazgo interesante es que el oficialismo suele designar en varias de esas comisiones a legisladores con cierta antigüedad legislativa. Si bien esto puede ser positivo para el control parlamentario, en realidad no lo es. Muchos de ellos ofrecen su expertise para manejar los asuntos que le interesa al gobierno (por ejemplo, inteligencia; auditoría de las cuentas; etc.). Es decir, están para “controlar” el control.
En conclusión, en este Congreso con tantos bloques y comisiones, los legisladores pierden su valioso tiempo en ir de comisión en comisión para despachar una voluminosa producción legislativa. Tiempo que sería importante invertir en cultivar el oficio del control parlamentario.
Politólogo, profesor de la UBA/Conicet






