Porno soft, indecencias hard
Ligero pasatiempo erótico y un libro que desnuda la corrupción; la buena literatura llega, una vez más, de Sudáfrica
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De Sudáfrica nos llegaron, en su momento, Nadine Gordimer y J. M. Coetzee, ambos ganadores del Premio Nobel. Ahora, gracias a Coetzee, tenemos la posibilidad de conocer a dos de los autores sudafricanos que, en los últimos treinta años, han estado produciendo valiosa ficción literaria: Zoë Wicomb e Ivan Vladislavic. Miradas (Unsam edita) reúne catorce cuentos elegidos por el novelista de Verano para la colección "Letras". La selección comprende obras realizadas en un amplio período de tiempo, que abarca desde la cruenta realidad del apartheid hasta la nueva vida abierta con la caída del régimen. Los relatos de Wicomb destilan sutileza y una fina capacidad de observación para pintar un complejo entramado de relaciones en el que la cuestión racial pesa, algunas veces de manera explícita y otras como un silenciado tabú. Vladislavic, en cambio, se decanta por una prosa de matices poéticos y alegóricos en narraciones que tocan de manera oblicua pero certera el corazón del conflicto que quiere presentar.
En las antípodas y sin indirectas, E. L. James va al grano. Grey (Grijalbo) es su nueva entrega después de la exitosa y vapuleada trilogía Cincuenta sombras. La ex ejecutiva de televisión convertida en best seller mundial cuenta que acometió un nuevo volumen de la serie para satisfacer el insistente pedido de sus seguidoras. Inesperadamente, el libro tiene un atractivo del que sus predecesores carecían. Quien narra aquí, en primera persona, la historia de su pasión sadomasoquista soft es el propio protagonista: Christian Grey. Y como ya no hay que explicar de qué va el asunto ni edulcorar las páginas con situaciones remilgadas para proporcionar a las lectoras una coartada de sentimentalidad folletinesca, James se divierte sin complejos evitando rodeos y usando un lenguaje crudo para expresar todo lo que pasa por la cabeza del sombrío Grey desde el mismísimo momento en que conoce a la inocente Anastasia Steele.
Pero, para emociones fuertes, nada como FIFA: la caída del imperio (Aguilar), la investigación del periodista escocés Andrew Jennings que desnudó los escándalos de corrupción en el millonario negocio del fútbol internacional. Jennings ya había puesto la lupa sobre la policía británica en Scotland Yard's Cocaine Connection, pero con los directivos de la Federación Internacional de Fútbol se ensañó. Los había investigado durante más de diez años en los que recibió insultos, amenazas y la prohibición de asistir a las conferencias de prensa de la Asociación. Finalmente le entregó los resultados de su pesquisa al FBI y pudo saborear la victoria, que paladea desde el contundente primer párrafo de su libro: "27 de mayo de mayo de 2015, 6 a.m. Toc, toc. 'Por favor, vístase y salga con las manos en alto... señor'. Siete ejecutivos sobrealimentados de la FIFA son sacados de sus camas en uno de los hoteles más lujosos del mundo, pagados por el fútbol, y llevados a los calabozos de Zurich, provistos por los contribuyentes suizos. ¿Levantaron las manos? Quién sabe... los líderes de la FIFA no están acostumbrados a obedecer leyes. Ninguna ley. Los policías deben tener cuidado".









