
Pro, el partido de los que se "meten en política"
En Mundo PRO (Planeta), Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti reconstruyen la historia y la vida interna del partido de Mauricio Macri, tan novedoso como hijo de su país
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A pesar de que quiera presentarse como un partido que crece desde afuera de la política y viene a renovar sus prácticas y sus personajes, Pro -el partido creado en 2002 que, en su breve historia, pasó de la escala municipal a anotarse en la carrera presidencial- está lejos de ser una anomalía política en la Argentina: heterogéneo desde su identidad, construido alrededor de un líder fuerte, en el que las decisiones se toman más en reuniones informales que en órganos institucionalizados.
Sin embargo, el partido que lidera Mauricio Macri es hijo de la crisis de 2001 y de las transformaciones políticas de los 90, y por eso trae sus novedades: celebra el consenso y la unidad nacional, pone el acento en la eficiencia de gestión y la solución de "los problemas de la gente", da lugar a distintas formas de espiritualidad, entiende la militancia como carrera profesional y voluntariado, privilegia el marketing político al trabajo en el terreno y cree que, en buena medida, la política también puede ser una fiesta.
Ésos son algunos de los ejes que recorre Mundo PRO (Planeta), escrito por Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti, el primer libro dedicado al partido "pragmático y multiforme" que gobierna dos ciudades, crece en los principales centros urbanos, y es tercera y hasta segunda fuerza en distintos distritos del país. El libro -que combina testimonios, crónica, historia y análisis político- surgió de una investigación académica que Vommaro y Morresi iniciaron hace cuatro años desde la Universidad de General Sarmiento (UNGS) con destino de papers y discusión entre pares. Para ese trabajo, los investigadores y un grupo de becarios hicieron una encuesta a los principales cuadros dirigentes de Pro y funcionarios de la ciudad, numerosas entrevistas, y observaron actos y reuniones políticas. Ahora, el libro -pensado para un público general y ampliado- perdió las marcas académicas, y ganó observaciones y entrevistas específicas hasta superar las 500 páginas.
"Pro cobija a políticos viejos y a nuevos, a expertos de fundaciones y a militantes territoriales, a empresarios y a voluntarios -escriben los autores-. Es un partido de la época crítica de los partidos, que se presenta como la fuerza de aquellos que se meten en política, aunque la mitad de sus cuadros proviene de familias politizadas y cuenta con una historia de militancia previa." Peronistas, radicales, empresarios exitosos, jóvenes profesionales de las políticas públicas, dirigentes de la derecha tradicional, políticos progresistas y militantes sociales se dicen igualmente integrantes de Pro. ¿En qué medida esa heterogeneidad es diferente de la de otros partidos en la Argentina?
"Lo distinto es que esa heterogeneidad en Pro es de origen. Los partidos tradicionales empiezan como un grupo más o menos homogéneo que se va heterogeneizando con el correr del tiempo, con la aparición de novedades que producen corrientes internas, nuevos liderazgos, quiebres generacionales. Eso en Pro estuvo desde el comienzo; desde el origen, ellos se formularon y se identificaron con esa heterogeneidad, que además viven de modo positivo, como señal de pluralismo y diversidad", apunta Morresi, politólogo, docente de la UNGS e investigador del Conicet.
"En Pro, hay una centroderecha conservadora popular que cree en el trabajo territorial, hay una centroderecha católica que cree en el voluntariado como forma de inmersión de «los pies en el barro», y hay una centroderecha más modernizante y mercadotécnica que cree en otras cosas", agrega Vommaro, sociólogo, coordinador del Área de Política de la UNGS e investigador del Conicet.
Producto de una época
Sin embargo, otros rasgos del partido de Macri lo acercan al resto de sus pares en la arena política. "Pro es un partido muy poco disonante con la tradición política argentina: tiene una muy baja institucionalización y una muy baja capacidad de resolver conflictos internos si no es a través de la intervención del líder. No es un partido en el que los afiliados hacen a la vida interna, que en realidad está hecha de mecanismos informales", dice Vommaro.
E inserta a Pro en su época. "El partido es heredero de ciertas concepciones dominantes de cómo hacer política que vienen de los 90, cuando se habilita la entrada a la política a través de ONG y del voluntariado. Eso Pro lo absorbe y lo articula fuertemente: hoy una de las vías de entrada a Pro es el voluntariado, y la militancia territorial también aparece de ese modo, como entrega de sí y misión social. Pro nace de un think tank, con la impronta de los 90 de las fundaciones que proveen políticas para el Estado llave en mano -describe-. Por otro lado, el partido nace post-2001, pero propone una lectura de esa crisis que no es la que hacemos los académicos normalmente, como un «argentinazo», una rebelión o un reacomodamiento de fuerzas políticas. Ellos se proponen como sectores que intentan «hacer algo» frente a esa situación, que tienen la misión de «meterse en política» para cambiar las cosas. Eso es llamativo en un partido en el que la mitad de sus cuadros son políticos de muy larga data. Pero no es una impostura, es cómo ellos perciben realmente su misión política."
Esa idea se articula con su mensaje. "Pro no tiene un discurso antipolítico, sino posideológico, en el que la política no tiene que ver con el conflicto entre grandes ideas de nación, sino con la buena gestión, con una gestión honesta, con los buenos planes, las buenas políticas y las buenas personas", agrega Morresi.
Pro tiene otro lazo con los partidos argentinos: la figura preponderante de un líder. "Todo ese Puzzle heterogéneo de corrientes y pensamientos y tradiciones sólo es posible por la figura de Macri, que es central para mantener aglutinados a miembros tan disímiles", dice Bellotti, periodista y director del área de Cultura de Perfil. El libro recorre su biografía en detalle -como la de muchos de los dirigentes principales de Pro- y su transformación de "Macri" en "Mauricio". Lo hace, como en el resto de las páginas, haciendo equilibrio entre la mirada crítica, a veces irónica, y el esfuerzo por comprender la sensibilidad de quienes integran un partido que refleja y refuerza a la vez un clima de época político.
¿Cómo juega la heterogeneidad de origen de Pro a la hora de pensar estrategias para pasar de la escala porteña a la nacional? "Pro no quiso ser un partido de centroderecha como los que existieron hasta ahora en el país, sino que siempre intentó ampliar su espectro de alianzas y electoral, porque se pensó como un partido competitivo, no de nicho ideológico", responde Vommaro. El partido aplicó distintas alternativas para crecer nacionalmente. "En el comienzo, existió la idea de ofrecer la sigla Pro a distintos emprendimientos políticos para seguir sumando diversidad. Eso provocó una serie de incomodidades, porque algunos de esos aliados se iban al kirchnerismo o hacia otro lado", dice Morresi. "Eso hizo que Pro, a la manera de un partido tradicional, interviniera para bajar línea a esa gente díscola. La diversidad no parece hasta ahora haberles resultado tan productiva en las provincias como en la ciudad."
Tercera vía para crecer
Se intentaron entonces alianzas con los partidos conservadores clásicos de las provincias, con suerte dispar, como en Mendoza, Corrientes o Neuquén. La segunda opción fue unirse al peronismo, como Pro pudo haber hecho en varias ocasiones. "Macri y su núcleo cercano siempre tuvieron esa tensión entre ser fagocitados por el peronismo o intentar un camino independiente, y se decidieron por esa última opción", dice Vommaro. En los últimos años, ganó más fuerza una tercera alternativa de crecimiento, impulsada por lo que el propio partido llama los "Pro puros": "La idea es que el partido necesita crecer de un nuevo modo, trascender la centroderecha y no ser fagocitados por el peronismo, y así empezaron a proponer en las provincias a candidatos que vienen de afuera de la política o son afines a los valores Pro: emprendedores económicos y sociales".
Esos "outsiders" -el actor Miguel Del Sel, el ex árbitro Héctor Baldassi, el ex futbolista Carlos Mac Allister, el joven emprendedor Facundo Garretón, entre otros- repiten en las provincias el credo Pro de la ciudad: sí a la gestión que resuelve problemas, no a la "ideología" que distrae en enfrentamientos vanos. Para Vommaro, "la gestión de Pro tiene muchos problemas sobre los propios parámetros que el partido se fijó"; entre ellos, las desigualdades Norte-Sur en la ciudad, y los déficits en salud y educación pública, cuyo deterioro, visible en otras gestiones, Pro no detuvo.
"Sin embargo, el partido ha sabido conectar con una sensibilidad de una parte importante de la ciudadanía porteña, que es no peronista o es antiperonista, relacionada con los modos de vivir la ciudad: una ciudad verde, que se disfruta, con shows multitudinarios, bicisendas, un imaginario de ciudad que se cree y se quiere cosmopolita. La gestión de Pro se conecta con el boom inmobiliario, el crecimiento de las clases medias y los años de expansión de consumo", dice. Sobre todo, ha logrado hablar a "los sectores sociales que menos necesitan del Estado, sin ser un partido antiestatalista".
Los investigadores repiten "centroderecha" para clasificar ideológicamente a Pro. Pero ¿es ésa una "categoría nativa", es decir, el modo en que los integrantes de Pro se describen a ellos mismos? "No", dice sin dudar Morresi. "En la Argentina, la derecha siempre estuvo asociada al autoritarismo, y ellos claramente son un partido con muchas convicciones democráticas. Tienen además mucha distancia con otros partidos de centroderecha en el país, como la Ucedé, que no quería ganar elecciones, sino influir en los gobiernos, poner sus cuadros y señalar caminos. Pro nació para ser competencia electoral. Para la centroderecha en la Argentina, ése es un cambio impresionante."
En general, dicen los autores, los dirigentes y militantes de Pro empiezan por rechazar las categorías de derecha e izquierda como "antiguas" (algo que otra vez lo conecta con la tradición argentina: nunca el peronismo o el radicalismo se ubicaron a la derecha o a la izquierda, y supieron contener a ambas orientaciones).
"Sin embargo, hay varias cosas que nos dan indicadores de que Pro se ubica del centro a la derecha: el marco de alianzas que fue armando Macri; las estrategias internacionales y redes con partidos de esa orientación en el mundo; las declaraciones públicas y privadas de Macri diciendo que ellos son pro mercado; las posiciones que sostienen en cuanto a los derechos humanos, el matrimonio gay, el aborto, sus valores culturales e ideológicos, y una concepción que tienen de la democracia como un sistema de selección de liderazgos más que una forma de proyecto de país", describe Morresi. "También se puede pensar que Pro rechaza la categoría por una razón pragmática: las encuestas muestran que en la Argentina menos del 20% dice que es de derecha." "Lo que está claro es que, dentro del partido, los que querían hacer un partido ideológico y doctrinario de centroderecha ya perdieron", completa Vommaro.
El libro termina por armar para el lector la sensación de que Pro puede ser una buena puerta de entrada para entender mucho de la vida política del país de los 90 hacia aquí, incluida la lógica de la oposición al kirchnerismo, construido como está para ser su contracara. El propio futuro de Pro de cara a las elecciones este año refuerza la idea. "En el libro, dejamos abierta la pregunta de qué puede pasar si Pro resultara derrotado en las elecciones presidenciales, qué pasaría con estas fuerzas heterogéneas. ¿Se dispersarán? ¿Quedarán los "Pro puros"? ¿Se reconfigurarán nuevamente?", dice Bellotti. La incertidumbre parece ser un elemento ineludible en el ADN de la política argentina, aún de la que quiere considerarse renovadora.






