
¿Prohibido fumar?
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En los cines, obviamente, está prohibido fumar. Pero en las pantallas, 9 de cada 10 películas rodadas en la Argentina contienen escenas de personajes despuntando el pernicioso vicio con el agravante de que en la mayoría de los casos se trata de producciones cinematográficas "aptas para todo público".
Parecería no preocupar a nadie que 1 de cada 3 adolescentes empiece a fumar por ver películas con imágenes vinculadas con ell tabaco, según advierte la Organización Mundial de la Salud. Desde 1927, adaptándose a cada época, las marcas de cigarrillos se vendían a sí mismas como guardianas de la salud, sirviendo incluso para prolongar la vida. Es bien sabido que la industria pagó cifras astronómicas a actores y productores para que incluyeran escenas de gente fumando puesto que está comprobado que el impacto de una pieza publicitaria es notoriamente menor. Cómo olvidar a Humphrey Bogart en Casablanca y no imaginarlo con sus pulmones grises, envuelto en el humo de un glamoroso cigarrillo que cautivó a millones de espectadores de todas las edades.
Raúl Mejía, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes) que trabajó en un informe de la OMS presentado recientemente, aportó datos basados en el análisis de más de 800 películas, las más vistas entre 2004 y 2012, producidas en Estados Unidos, la Argentina, México, Alemania, Italia, Islandia, Polonia, Holanda y el Reino Unido. Nuestro país ocupa tristemente el primer lugar en la cantidad de segundos por película con escenas en las que está presente el tabaco, con un tiempo promedio de 210 segundos, en tanto que el 89 por ciento de las producciones locales presentan personajes fumando o en contacto con tabaco. En el otro extremo, las italianas, por caso, apenas alcanzaban un promedio de 57 segundos.
La Argentina cuenta con una ley reglamentada en 2013 que regula la publicidad, promoción y consumo de tabaco. Esta normativa, conocida como la "ley antitabaco" obligó a incluir advertencias sanitarias en paquetes de cigarrillos y a limitar algunas excepciones de la ley, como la publicidad en puntos de venta, que sólo puede incluir carteles estáticos, no lumínicos, de 30 por 30 centímetros, que no puedan verse desde fuera de los quioscos. Aunque prohíbe la "publicidad no tradicional", la norma omite la mención del cine, dando lugar a las burlas de una industria dedicada a promover adicción, cuyo rédito aumenta con las costosas enfermedades a las que conduce e incluso con las muertes, y que cuenta con inconcebibles subsidios públicos. Ni tan siquiera se contempla actualmente la obligación de fuertes anuncios advirtiendo contra los efectos del consumo de tabaco antes de producciones de cine, televisión o internet que contengan imágenes tan nocivas como inconvenientes y cuyo indisimulable objetivo es promover la adicción al tabaco. Los realizadores cinematográficos deberían pensar en su responsabilidad social.
No se puede desconocer ya tanta evidencia. Nadie discute hoy las pruebas científicas: el tabaco es la puerta de entrada a graves y costosas enfermedades y a la muerte prematura de más de la mitad de los fumadores. Seis millones al año en el mundo se suman a cientos de miles de fumadores pasivos más que mueren por respirar el humo ajeno. En el combate al cigarrillo aún resta librar muchas batallas. La de las pantallas es una de ellas. "La vida no es como en las películas... es más difícil", afirmaba Carlos Gardel. En la vida real, muchísima gente enferma y muere por culpa del cigarrillo y no hay final feliz para esta adicción.





