
Propuesta educativa para la ciudad
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Días atrás, en el curso de una entrevista, el secretario de Educación del Gobierno de la Ciudad informó que tiene en estudio la propuesta de separar el tercer ciclo de los dos primeros correspondientes a la educación general básica (EGB). El ciclo separado se presentaría, así, como una unidad pedagógica independiente antes del nivel Polimodal. La decisión final depende de la ley de educación que sancione la Legislatura de Buenos Aires. Las razones para apoyar la propuesta son fundadas, pero es necesario analizar con mucho cuidado su factibilidad.
Es oportuno recordar que la jurisdicción porteña está demorada en la puesta en marcha de la reforma educativa, que se va cumpliendo lentamente por debajo de las expectativas fijadas por el ministerio nacional.
Entre los antecedentes de esta innovación, debe señalarse que el ciclo educativo comprendido entre los 12 y los 14 años estuvo ya presente en el proyecto de ley general de instrucción pública que el ministro Carlos Saavedra Lamas envió al Congreso en 1916. La denominación dada a esa novedad fue entonces Ensayo de una Escuela Intermedia. Lamentablemente, los legisladores de ese tiempo rechazaron el proyecto y éste quedó como un antecedente valioso en la larga lista de buenas ideas que nunca se instrumentaron.
Pero regresemos a la actualidad. Existe un anteproyecto de ley educativa para la ciudad de Buenos Aires, propuesto por una comisión que fue creada por la resolución 314/98. En su título V, destinado a describir la estructura del sistema, se caracteriza la educación básica superior como destinada a púberes y adolescentes entre los 12 y los 14 años. Luego, en el capítulo 3º, se fundamenta su sentido en razones de edad y en la búsqueda de una extensión efectiva de la enseñanza obligatoria. De acuerdo con las palabras del titular del área educativa de la ciudad, la propuesta evitaría "la primarización de la EGB", riesgo que se presenta cuando los tres ciclos se dictan en el mismo establecimiento de nivel primario. Además, se adecuaría mejor a las necesidades de una edad cuyos cambios bio-psico-sociales reclaman una enseñanza distinta.
También explicó el funcionario que el número mayor de repitentes se registra en la transición de 1º a 2º año de la escuela media (llega al 20,93%), por lo cual se espera que la propuesta contribuya a la mejor retención del sistema.
Si por sus antecedentes, propósitos y fundamentos este ciclo se justifica, es lógico formular una pregunta clave: ¿existen la infraestructura edilicia necesaria o los recursos para construirla con el fin de acometer un cambio de esta importancia sin mayores dilaciones? La respuesta es indispensable en cualquier estudio de factibilidad.
Una innovación de esta naturaleza exige algo más que una escuela independiente de niños y adolescentes; reclama la presencia de profesores preparados para tratar con jóvenes de ese nivel de madurez. Sobre este punto existen experiencias aleccionadoras en nuestra historia educativa.
En suma, se debe examinar la viabilidad de la propuesta sobre bases concretas referidas a la real disponibilidad de establecimientos para el funcionamiento de una escuela independiente de este carácter. Además, deberá existir la certeza de que se formulará un plan de capacitación docente que permita afrontar con idoneidad la nueva experiencia. De la respuesta a estos dos condicionamientos dependerá el éxito o el fracaso de esta propuesta educativa.





