
¿Qué va a pasar con los embriones congelados?
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La gestión de los embriones criopreservados que descansan en el interior de los centros de medicina reproductiva es un debate pendiente desde hace décadas. La situación actual es que un gran porcentaje de los pacientes que recurren a un tratamiento de reproducción asistida tienen embriones excedentes, es decir, embriones que probablemente no serán utilizados. Hoy, el destino de dichos embriones excedentes tiene tres escenarios: usarlos para futuros embarazos, pagar un mantenimiento indefinido en el centro o donarlos a otros pacientes.
Cabe destacar que, según los registros en nuestro centro, por cada pareja que acude a un tratamiento suelen congelarse entre 1 y 2 embriones, que son los que no se implantan en el útero de la madre. En total, se congelan por año aproximadamente 2000 embriones, solamente en IVI Buenos Aires.
Ante la falta de un marco legal que permita el cese de la congelación de los embriones, los pacientes que no desean otro embarazo o que no pueden costear el mantenimiento anual, no cuentan con muchas alternativas. Para ellos solo queda donarlos a otras parejas con fines reproductivos, una opción que suele despertar muchas dudas, pues muchas parejas piensan que si los donan será como tener un hijo o una hija con otra familia. Sin embargo, donar embriones no es como dar en adopción, ya que el mismo no tuvo aún ni siquiera contacto con el vientre materno. Además, en muchos casos los pacientes recurren a bancos de óvulos o de esperma, por lo cual no siempre el material genético es el propio.
Recordemos que hoy en día no existe una normativa que legisle a los embriones criopreservados, dejando a los pacientes sin la opción de descartar los embriones que no utilizaron durante el tratamiento. Esto, tomando en cuenta el artículo 19 del Código Civil y Comercial, que indica que la vida empieza en la concepción, (presupone por ser persona) el único artículo que se acerca a una regulación a través de la prohibición de descartarlos. Mientras tanto, hoy solo podemos reemplazar el descarte por la donación que, en materia de embriones criopreservados, es un avance a nivel social y a la vez un acto de solidaridad.
Ahora, con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) que se aprobó el último 30 de diciembre, se abriría un nuevo debate. Este marco legal, ¿podría dar la posibilidad de un cambio en el panorama? Como los embriones tienen, como máximo, 5 días de vida, las personas responsables de su manutención podrían decidir prescindir de ellos, así como es posible la interrupción del embarazo en los plazos que indica la norma. Entonces, podemos pensar la posibilidad de que los embriones tendrían dos destinos posibles: la donación a otra persona para su implantación, cuando se trate de embriones sanos, o, para aquellos embriones anómalos, es decir, que no tienen probabilidades de supervivencia, la donación a centros de investigación para la utilización científica, opción que actualmente no existe. Estos embriones que no pueden ser implantados también podrían, si así lo deseara la persona o pareja a cargo de ellos, descartarse. En la reglamentación de la Ley IVE, de intervenir correctamente, podría estar en juego el futuro de importantes investigaciones que requieren de estos embriones como materia prima para avanzar, por ejemplo, en la investigación sobre tratamientos para enfermedades como el Parkinson o la artrosis. Esto sucede porque las células madres embrionarias son las más indiferenciadas, lo que permite que se puedan utilizar para reconstruir otro tipo de células.
Para quienes trabajamos en reproducción asistida, para las familias conformadas gracias a la ciencia y a los tratamientos, para los pacientes que aún están aguardando para formar su proyecto de familia y, por último, para el progreso de la ciencia y la tecnología, regular el futuro de estos embriones es muy importante.
Tocoginecólogo y especialista en reproducción asistida, director del Instituto Valenciano de Investigación (IVI Buenos Aires)





