
Quilmes, otro caso más
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La adquisición del paquete accionario de Quilmes Industrial Sociedad Anónima (Quinsa) por parte del grupo cervecero belga-brasileño Inveb implica, en el plano local, el traspaso a esa empresa global de la tradicional Cervecería y Maltería Quilmes, fundada por iniciativa de la familia Bemberg y desarrollada bajo su conducción.
Desde su creación por el inmigrante alemán Otto Peter Bemberg, la empresa cervecera tuvo un constante desarrollo. A través de inversiones y adquisiciones constantes, Quilmes no sólo alcanzó una importante dimensión en la Argentina, sino también una presencia industrial y comercial sólida en Uruguay, Paraguay y luego en Chile y Bolivia.
Aunque desde su configuración inicial fue una compañía de capital extranjero -inversores franceses tuvieron una participación predominante en su conformación-, la compañía cervecera y sus accionistas Bemberg generaron fuertes lazos con la sociedad local y las comunidades en que establecieron su industria.
No sólo trabajaron intensamente en el desarrollo de su actividad fabril y comercial introduciendo constantemente todas las modernizaciones que el avance del mundo recomendaba. También contribuyeron al progreso del contexto mejorando incansablemente los sistemas de transporte y de logística mientras realizaban en el plano social una acción pionera, con aportes sustantivos a la elevación de la calidad habitacional y de la atención sanitaria en las comunidades en que actuaban, tarea luego continuada por la Fundación Bemberg.
El resultado principal de esa forma de acción fue una tradición de seriedad y solidez en el manejo de los negocios y un modelo de responsabilidad social empresaria anticipado a su tiempo, conducta que no impidió, sin embargo, que sufrieran la confiscación virtual de su patrimonio local en un momento dado, quizá como consecuencia injusta de mantener ideas firmes sobre el tipo de políticas que la Argentina requería para mantener su categoría y estatura en el escenario internacional.
Cabe plantear nuevamente con firmeza, entonces, si la serie de transferencias de compañías con arraigo auténtico en nuestro medio más allá de cualquier status o condición de su propiedad accionaria no obedece, precisamente, al deterioro de la capacidad de nuestro país para ofrecer un horizonte positivo para la consolidación y la expansión de capitales productivos con trayectorias de continuidad y afincamiento más allá de su nacionalidad.
El caso de Quilmes queda incluido, desde ese punto de vista, dentro de un fenómeno que estas mismas columnas editoriales han tratado cuando se comentaron las transferencias de compañías como Pérez Companc, Loma Negra, Acindar y aun la venta de un porcentaje del capital de la YPF ya privada que posibilitó a la española Repsol hacer una oferta pública de adquisición.
La circunstancia de que esas ventas encuentren escasa simetría en adquisiciones de empresas en otros países por parte de compañías o grupos de inversores argentinos o fuertemente arraigados en nuestro medio pone en evidencia una debilidad estructural sistemática.
Las causas deben buscarse en cuestiones macroeconómicas, financieras e institucionales, y no en la voluntad de personas o grupos de personas. Un estudio reciente de la Cepal muestra que, con excepción de Bolivia, la Argentina ha sido el país de América latina que ha visto descender en mayor medida la inversión extranjera directa. Mientras que en 2000 Chile recibía algo menos de la mitad que la Argentina, en 2005 nuestro país recibe el 35 por ciento menos que Chile. Resulta claro que se produjo un deterioro del clima de inversión relacionado con todas las circunstancias que determinaron y rodearon la crisis iniciada a fines de 2001, particularmente con el default de la deuda pública.
Debe señalarse, entonces, que a pesar de la fuerte recuperación económica lograda en los últimos tres años subsisten fallas institucionales y macroeconómicas que dificultan el desarrollo del empresariado local y convierten a las inversiones productivas radicadas en nuestro país en objetivo vulnerable a las adquisiciones.
El caso de la venta de la transnacional Quinsa, que obviamente comprende sus marcas y activos industriales situados en la Argentina, debe ser considerado otro llamado de atención para no demorar las reformas necesarias que permitan, al final, la expansión de capitales firmemente radicados y la regeneración de las condiciones capaces de sustentar efectivamente un desarrollo del empresariado como el que la Argentina tuvo, mantiene potencialmente y merece.




