Roberto Cossa: "Hoy los políticos piensan que si no hay plata, no hay poder; roban para la corona"

El titular de Argentores y autor de La Nona habla de la relación entre los intelectuales y el Gobierno, y dice esperar el surgimiento de "una alternativa superadora" del kirchnerismo
Pablo Sirvén
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3 de febrero de 2013  

Se mudó a cuatro cuadras para estar cerca de Argentores, la sociedad de autores a la que le dedica desde hace años su máxima atención. Eso no quita que Roberto "Tito" Cossa siga manteniendo encendida la llama de gran dramaturgo argentino, creador de algunas de las obras cumbre de la escena nacional, como La Nona , Tute Cabrero , Yepeto , El viejo criado y Gris de ausencia , entre otras cuarenta obras escritas desde 1962, cuando tenía 28 años y debutó con Nuestro fin de semana . Pero no vive de recuerdos y apenas hace pocas noches estrenó su última obra, Daños colaterales , en el Teatro del Pueblo.

Nacido en Villa del Parque y proveniente de una familia de cuño socialista, asegura que nunca estuvo afiliado a ningún partido y que el rótulo que mejor lo representa es "antifascista". No obstante, no tiene reparos en declarar su neta simpatía por el kirchnerismo.

Signo de esta época, donde cualquier palabra de más puede molestar al poder, a la frase "Yo quisiera estar en contra del Gobierno, pero la oposición no me deja", que pronunció ante La Nacion, en su despacho del primer piso de la casona donde funciona Argentores, en Melo casi Callao, vino por mail una posterior aclaración por "una especie de preocupación", según consignó.

"Fue una frase acuñada en los tiempos de las aguas calmas. Hoy no me expresa. No quiero oponerme al Gobierno hasta que no aparezca un proyecto superador con posibilidades de tomar el mando", puntualizó.

Le hice notar en mi respuesta que tomaba como "un signo paradojal de esta época", que habiéndole realizado dos entrevistas durante la dictadura, entonces no hubo necesidad de su parte de clarificar nada a posteriori y eso que uno de los temas tratados había sido la censura.

Tanto él como yo corríamos muchos más riesgos al internarnos en esas temáticas en un país muy peligroso que no vivía en Estado de Derecho y donde había gravísimas violaciones de los derechos humanos.

Consciente del atrevimiento, aunque hecho desde el afecto y la admiración que le tengo, le pregunté si lo hacía por temor a algún "reto" que viniese "de arriba", como le pasó a Ricardo Darín. "Tenés que admitir que atravesamos una época de alta susceptibilidad -me respondió-; son los tiempos que vivimos y los prefiero a la paz de los cementerios. Mis aclaraciones son para reafirmar mi pensamiento. Y no temo a ningún «reto». Es mi verdad. Discutible, por cierto, pero es la mía."

No sólo de política, sino sobre el papel del autor en el mundo de hoy, trató el siguiente reportaje.

Cada vez hay más remakes en Hollywood. ¿Se acabaron las ideas?

-Es la necesidad de cubrir horas de pantalla y de producción. Las ideas no son tantas. Un escritor norteamericano decía que sólo hay tres temas: el amor, el dinero y la muerte. De manera que temas hay. En teatro existe una especie de turbulencia escénica, que cuenta cada vez menos historias apegadas a la realidad, a los hechos, a lo social, a lo político, para derivar en un teatro, por momentos, mas ligado a la imagen, al actor y el director, que asumió el rol del autor del espectáculo.

-¿Hay en el teatro también un miedo a las turbulencias humanas que abordaron los grandes autores y que es, en definitiva, lo que uno va a buscar al teatro? ¿No se está imponiendo lo "multimediático", los acróbatas? ¿No se apuesta cada vez más a la imagen y al escenario y menos a la palabra? ¿Hay un miedo a pensar?

-No, creo que son circunstancias culturales. Proviene de la cultura de la imagen, que ya empieza con el cine. No es nuevo, pero la televisión lo hizo mucho más masivo y supongo que también tiene que ver el fenómeno de Internet, el interés inmediato por cosas que se apagan al minuto.

¿Se trata ahora de reemplazar la profundidad con la cantidad, con muchas cosas atractivas, pero perecederas? ¿Por qué hay menos reflexión?

-Es un tema universal. Nosotros, los autores, tenemos un grave problema: somos una especie en extinción como las ballenas porque cada vez hay más desapego a las historias y a la palabra. Que el autor haya querido empezar a dirigir no es algo tan nuevo porque ya Carlos Gorostiza dirigía sus obras en los años 50, pero va prevaleciendo que el texto es una especie de partitura abierta que se completa arriba del escenario, sobre todo si son obras más abiertas y no tan precisas en su estructura. Tiene que ver con esta pérdida de identidad del autor tradicional.

-¿Dónde fue a parar el autor?

-El autor/escritor ya hace rato que fue expulsado de la literatura a pesar de que la academia sueca del premio Nobel dio dos de sus últimos premios a autores, como Darío Fo, escritor y además actor, y el otro a Harold Pinter, pero yo creo que por una necesidad de ratificar que hay una literatura teatral. Una vez Página 12 convocó a cien escritores para que eligieran a los tres autores más importantes de la literatura argentina y no citaron ni a un solo dramaturgo entre los 300 elegidos. Nadie votó por Armando Discépolo o por Florencio Sánchez. En los 70, incluso, se hablaba de la muerte del autor. Y, sin embargo, hay cada vez más talleres y cursos de autores de dramaturgia con más gente. Muchas veces los que van a estudiar son directores que lo hacen justamente para tener una herramienta y también escribir, pero se perdió el prestigio que tenía el autor.

-Si el autor es avasallado en el teatro por el director, ¿qué decir entonces de la TV donde los productores se hicieron dueños de absolutamente todo, empezando por el autor que ya no es uno sino varios, que ya ni siquiera son autores, sino "dialoguistas"?

-Hasta hace no tantos años estaba el teleteatro de Alberto Migré, después de Maestro y Vainman parece que se hubiese cortado, aunque cada tanto aparece alguno. Creo que es responsabilidad de los autores, de Argentores de aquel momento que no peleó por defender ese espacio. Hoy están muy sometidos a los productores, que se han hecho dueños del producto total. Esa modalidad de escribir en equipo viene de los Estados Unidos y al final el autor desaparece. Tampoco entiendo como se puede escribir; yo he escrito, a lo sumo, con otro. En cine muchos jóvenes directores no llaman a autores. Ahora están volviendo a contar historias, pero un momento las habían abandonado por "antiguas". Pero aún en algunas que cuentan historias hay fallas en los libros, los diálogos no son creíbles.

-Además de escribir, ¿dirigiste alguna vez?

- Dirigí una sola vez en la vida, y por imposición, El viejo criado , en el año 80. Yo tenía unos apuntes, pero la realidad era tan abominable y opresiva que estaba un poco detenido. Tenía las primeras escenas, puse a jugar a los actores para visualizar y de esos ensayos ya apareció una idea de puesta. Llegó un momento que tenía que seguir adelante. Pero no me gusta dirigir teatro.

¿Cuál es la sensación que el autor tiene con respecto a su última obra? ¿Siempre parece la mejor o no lo sabe?

-Cuando se está a punto de estrenar hay una gran expectativa e inseguridad. Después como es la última, la sensación es que es la mejor. Con el tiempo te das cuenta que había otra que la superaba.

-No hay dos sin tres: hablamos del teatro, el cine y la TV, pero nos falta el golpe de gracia final al autor que parece haberle dado Internet. Supongo que como defensor de ideas libertarias te debe producir enormes conflictos la confrontación entre cultura libre y el tema de los derechos.

-El mayor conflicto me lo produce como presidente de Argentores. Que la cultura explote por todos lados me parece maravilloso, pero hay gente que gana muchísimo dinero con la obra de un autor y entonces tiene que tener una compensación. No digo que lo deba pagar el usuario, sino quienes con esos contenidos hacen un gran negocio.

-¿Cómo está hoy Argentores?

-Si miramos para atrás, está bien; si miramos para adelante, todavía hay cosas para corregir. Se ganó tranquilidad, orden, transparencia, seriedad. Tenemos que mejorar en un tema muy complejo como es el cobro de derechos de autor. Argentores tenía un sistema operativo muy antiguo que era muy vulnerable. Hubo acá en cierta época una circunstancia muy dolorosa hasta con desfalcos. Hubo que dar vuelta todo y eso trajo complicaciones.

-Atravesás tu segundo mandato de 4 años. ¿Se viene la "re-re"?

-Acá se puede, como en todo este tipo de entidades. El mandato vence en agosto. Hay 1800 socios y la última vez gané con lista única, bien autoritario (se ríe). Hay poca participación del socio.

-¿Es más cómodo para un progresista estar en la oposición? ¿Qué sensaciones se tiene cuando hay un gobierno que empieza a hacer cosas que vos añorabas desde hace mucho?

-La sociedad ha dado un paso adelante, de acuerdo a mi visión del mundo. Creo que hay que defender ese paso, salvo que venga un proyecto serio de poder que lo supere. En esta instancia, uno a veces se pone demasiado oficialista.

-¿Por qué?

-Porque hay demasiada oposición y muy ofensiva. Están todos a los gritos. Se ven ciertas cosas indignas. Por otro lado, a veces no se responde como debe ser. Así somos los seres humanos en este país. Tengo formación política más o menos desde fines del primer peronismo. Yo era socialista, opositor acérrimo, gorila. Y a los dos años empecé a rever eso. Vino Aramburu, Rojas, Onganía, Menem. Hay que ubicarse en el país que vivimos. Apoyo plenamente la política de derechos humanos que no la hubiera soñado. Se está avanzando muchísimo aún con la sociedad fragmentada. Luchar contra los monstruos del poder económico no debe ser fácil. Defiendo el proyecto en sí, más allá si gritan o van a hoteles caros...son detalles. Ojalá aparezca un proyecto superador que no altere las bases de los derechos humanos, el enfrentamiento al poder económico y la mucha presencia del Estado.

¿ El problema de los socialistas con el peronismo fue más bien estético? Aquellos eran sobrios y ascéticos, pero es Perón el que desprolijamente pone en marcha muchas de las cosas que auspiciaba el socialismo.

-Era un tema cultural. Los socialistas son bastante conservadores y pacatos. Son formales, no tienen mucho vínculo con lo popular, no sé ahora.

La palabra "formal" es compleja porque puede querer indicar nada más que algo burocrático o afectado, pero también refiere al respeto a la Constitución y a las leyes. Ahí a veces el peronismo con tal de conseguir algunas cosas...

-El peronismo es plebeyo. Peronismo es Menem y Cooke. Los peronistas son tipos gritones, pero del otro lado también hay intemperantes.

-¿Sos de Carta Abierta?

-No. Los leo, los aprecio mucho, pero no tengo tiempo para ir y participar.

-¿No creés que el intelectual tiene que estar siempre colocado en un lugar de incomodidad, no de conformismo, enunciando desde cierto malestar?

-¿Pero conformista respecto a qué? Creo que hay que estar separado del Gobierno, pero yo personalmente no tengo más que simpatías. Fui convocado como presidente de Argentores a dos o tres recepciones a presidentes latinoamericanos. Hace dos años cumplimos cien años y la Presidenta nos dio una audiencia de una hora. En el Salón de los Pensadores y Escritores de la Casa de Gobierno han puesto una foto mía, lo cual es un honor y me alegra mucho. Este gobierno hace muchas cosas que yo quería, dejando a un costado detalles como la fortuna de la Presidenta.

-Ahí voy: ese conflicto parece interesante para un intelectual, por más que pueda adherir al Gobierno. ¿Por qué no abordarlo?

-Está todo tan irritado que uno siente que primero hay que discutir los grandes temas. A mí lo que me molesta de la oposición es que ha entrado en un círculo a veces pequeño por tonterías, aunque a veces, no.

-El kirchnerismo lleva tres gobiernos y nueve años en el poder. Más allá de la apuesta al consumo, la cantidad de gente joven que no trabaja es impresionante.

-Es mucha y hay un 40 por ciento de trabajo en negro. Pero cuando llegaron había un 20 por ciento de desocupación y ahora hay 7. De todos modos, mientras haya un solo chico con hambre en algún punto la democracia fracasa. Es un país complicado con un poder económico que tiene fuerza de poder político. Cada vez que un gobierno intentó cambiar algo venía el golpe militar.

-¡Pero eso ya hace treinta años que no pasa!

-Afortunadamente, pero hay golpes económicos. Lo que le pasó a Alfonsín, no lo voltearon los militares sino un golpe de mercado.

-Y un poquito el peronismo también hizo fuerza, ¿no? Pero, ¿cuál sería la causa de que la dirigencia política de esta época ostenta mucho más riqueza que la del pasado, y no me estoy refiriendo exclusivamente al kirchnerismo?

-Es el fracaso de la ética que proponían falsamente en teoría el comunismo y el socialismo. Hoy los políticos piensan que si no hay plata, no hay poder: roban para la corona, como se dice.

-Pero es que se va mucha plata también por esa alcantarilla, hacen cosas clientelares que lucen un rato, pero que eluden una transformación profunda...

-Es el poder. No se puede tener poder sin dinero. Algunos lo usan mejor, otros acumulan menos. Es algo que comienza con la caída de la Unión Soviética. Se perdió esa cosa del dirigente gremial anarquista que se desmayaba de hambre aunque tuviese la plata recaudada de sus compañeros.

-¿Como viste el caso Darín?

-No sé por qué tuvo la dimensión que tuvo.

-No es usual que una Presidenta escriba una larga carta por Facebook a un artista y de ese tenor.

-Si de esta nota la Presidenta dijera algo estaría orgulloso por la importancia que le daría. No sé si fue necesario. Que Darín diga lo que quiera está muy bien. Que la Presidenta le haya contestado, bueno, es un estilo nuevo. No daba para más. Después aparece el miedo. ¿Miedo a qué? ¿A la AFIP? Si tengo mis cuentas claras no tengo por qué tenerle miedo a la AFIP.

Tampoco se puede invalidar un argumento con un "carpetazo"...

- No quiero aparecer como neutral, porque no lo soy. No estoy con las corporaciones, pero tampoco con el Gobierno; ni con TN ni con 6,7,8 . Estoy en la vereda del Gobierno con una mirada crítica. Apoyo fervientemente la política de derechos humanos, pero pregunto cuándo llegará a los qom. Me enorgullezco con el matrimonio igualitario, pero quiero el aborto legal. Ése es mi pensamiento.

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