
Rodolfo Canicoba Corral: el juez que desafía a Teherán
Fue designado juez federal durante el menemismo y, según Cavallo, integró la famosa "servilleta" de Corach, pero Canicoba Corral dice ser simplemente peronista, por herencia familiar. Ahora, el magistrado que mandó a prisión a María Julia Alsogaray, que tuvo en sus manos el caso de las coimas y que procesó al kirchnerista Miguel Campos, saltó a escena al ordenar la captura de siete altos funcionarios iraníes
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Habilidad, inteligencia, diplomacia, aguzado olfato político. Estas cualidades del juez federal Rodolfo Canicoba Corral sólo en parte ayudan a entender su asombrosa buena suerte.
Hace diez días firmó una resolución en la que, además de declarar crimen de lesa humanidad el atentado a la AMIA, en 1994, ordenó la captura internacional de un libanés y siete ex funcionarios iraníes acusados por el fiscal Alberto Nisman de la voladura. Entre ellos, un ex presidente y un ex canciller iraníes.
En el dictamen de Nisman no brillan las pruebas sólidas, pero Canicoba Corral consideró que en esta instancia los indicios alcanzaban. Y su resolución enfureció a Teherán, que amenaza con pedir las capturas internacionales de Nisman y del ex juez federal Juan José Galeano, hoy destituido y procesado por irregularidades en la investigación de la AMIA. Pero no reclamaría la de Canicota Corral, de quien el régimen de los ayatollah no dijo ni una palabra, pese a que la máxima responsabilidad en los pedidos de captura es suya en tanto juez.
"Será porque me consideran ecuánime", se le escuchó decir.
"Cani", como lo llaman en los tribunales de Comodoro Py, tiene bien presente el asesinato del traductor japonés de Los versos satánicos , la novela de Salman Rushdie que le acarreó al autor una fatwa del ayatollah Ruhollah Khomeini. El traductor italiano fue apuñalado y el editor noruego tiroteado.
¿Cómo hizo el juez para escapar al furor de un régimen fundamentalista y teocrático cuyo código penal castiga la propaganda contra el Estado? Tal vez gracias al bajo perfil que eligió cuando en 2003 le tocó en suerte -buena o mala- la causa AMIA, la más envenenada de las megacausas que agonizan tras más de una década de investigaciones cuestionadas.
En un fuero del que van desapareciendo de a poco los jueces menemistas, su habilidad e inteligencia quizás expliquen su largo periplo desde la famosa servilleta de Domingo Cavallo, aquella en la que el ex ministro contó que Carlos Corach anotó a los jueces federales de la propia tropa, hasta llegar al día de hoy, con 61 años y más de 30 en la Justicia, sin un juicio político ni una sanción disciplinaria. "No era una servilleta -replica- sino un mantel que crecía a medida que el ex ministro necesitaba incorporar nombres de jueces que lo investigaban." Canicoba Corral había pedido el desafuero de Cavallo cuando aún era un superministro.
Entre sus críticos está Elisa Carrió, que lo calificó, junto al juez federal Claudio Bonadío, de "juez menemista". "Nos llamaron así porque nos designaron jueces federales durante ese gobierno." Canicoba Corral también niega haber militado en el peronismo cuando estudiaba derecho en la UBA. "Sí, soy peronista, y eso es de familia, porque mis padres lo eran."
Si de orígenes menemistas se trata, el dato más cercano es su desempeño, entre 1992 y 1993, como asesor del gabinete de Elías Jassan, secretario de Justicia de Menem, cargo que dejó para asumir al frente del juzgado federal Nº 6 el 16 de junio de 1993. Pero su trayectoria judicial es larga y comenzó como meritorio en la justicia bonaerense, en la que llegó a juez de menores en San Martín y conjuez en juzgados federales de ese distrito. Lector compulsivo de historia y política y de tres diarios, deportista -esquía, bucea y corre en moto y en auto-, actualmente lucha contra el cigarrillo. Bajó de veinte diarios a cinco o seis en momentos de tensión, como los de estas semanas.
Ante el riesgo de alguna posible represalia, Canicoba Corral se congratula de no haber difundido su declaración jurada de bienes para que no se sepa su dirección en San Isidro. Tiene seis hijos, cinco de un primer matrimonio -uno de ellos abogado- y una niña del actual.
El reconocido perito contador Alfredo Popritkin, que investigó el uso de fondos reservados por varios miles de millones de dólares, sugirió que Canicoba Corral y otros jueces federales podían tener interés en frenar esa investigación porque podían verse complicados como posibles beneficiarios de aquella cadena de la felicidad. "Ese perito -comenta el juez- se había excedido y actuaba fuera del marco procesal."
Su muñeca política y diplomática es evidente. Por ejemplo, escucha con atención una opinión opuesta a la suya y siempre rescata un argumento para otorgarle algún tipo de razón al sorprendido interlocutor que iba dispuesto al choque. "A mí también me dio esa impresión ", dirá, y a continuación y de a poco, planteará su posición sin énfasis, en tono conciliador. Si hay pasión, es una pasión atenta y racional. La clave reside en que el juez no guarda un afecto especial por alguna de sus causas, ni hay causas que aborrezca, porque no se compromete emotivamente: "No hay que involucrarse mucho porque se pierde la objetividad".
Cuando en 2003 le llegó la causa AMIA ya estaba fogueado en expedientes complejos. Los propios y los de otros juzgados federales en los que subrogaba. Fue el primer juez en ordenar la prisión preventiva de María Julia Alsogaray y también el primero en procesar a un alto funcionario de Néstor Kirchner, el secretario de Agricultura, Miguel Campos, acusado de irregularidades en la adjudicación de la cuota Hilton. Luego, la cámara anuló el procesamiento.
A su cargo estuvo la investigación contra miembros del Cartel de Juárez por presunto lavado de dinero. En una causa contra el ex dictador Jorge Rafael Videla y otros represores, declaró que la Operación Cóndor fue una asociación ilícita entre los dictadores de la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, y pidió las capturas de militares uruguayos. También tiene la investigación contra el banquero menemista Raúl Moneta, un sumario que algunos consideran que debería haber avanzado más. Y en el caso de las coimas del Senado procesó al denunciante Mario Pontaquarto, al ex jefe de la SIDE de la Alianza, Fernando de Santibañes, y a ex senadores. Pero la cámara revocó estos procesamientos, aunque luego el juez federal Daniel Rafecas volvió a procesarlos.
En esa causa, Canicoba Corral subrogaba. Cuando asumió Rafecas como juez, Canicoba, como es costumbre en esos actos, le dio a firmar una resolución anodina para que estrenara el cargo. Una vez que Rafecas estampó la firma, Canicoba le susurró: "Acabás de firmar los sobreseimientos en las coimas del Senado". Era una broma.
Cuando la Cámara Federal apartó a Galeano de la investigación de la AMIA, en diciembre de 2003, la montaña de papel de ese expediente se mudó al juzgado de Canicoba Corral. La mudanza duró seis meses. Pero no eran las toneladas de papel lo que lo preocupaba. Tras ser el juez federal más poderoso, el mimado del poder, Galeano empezaba su calvario, que terminaría con la destitución y el procesamiento.
Al año siguiente, en cuanto el Gobierno y la Procuración General de la Nación dejaron en funciones la Unidad Fiscal AMIA, a cargo de Alberto Nisman, Canicoba Corral le delegó la investigación. Y con esa jugada salió hábilmente de la escena de un expediente que se devora a quienes lo instruyen, porque también le costó la carrera a los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, ex compañeros de Nisman luego procesados. Gracias a esa movida, que tal vez lo preserva ahora de la furia iraní, la responsabilidad de la causa recaería en Nisman y él se convertiría en una suerte de juez de garantías o de apelación. Sólo intervendría para avalar o rechazar pedidos del fiscal para intervenir teléfonos o pedir detenciones.
Así fue como, a fines de octubre, recibió el dictamen de 801 páginas en el que Nisman le pedía que ordenara las capturas de los iraníes. Un pedido que en los hechos acusaba a Irán de estado terrorista. El pedido no le llegó en cualquier momento. Por un lado, hacía dos años que se esperaban resultados de la unidad de Nisman, dotada de buenos medios y mejores sueldos. Por otro, coincidía con un recrudecimiento de las hostilidades verbales de Estados Unidos e Israel hacia Teherán. Y coincidía, además, con un acercamiento de Kirchner a Washington. En una palabra, el Gobierno, Israel y EE.UU. apoyaban el dictamen de Nisman. También la querella de Memoria Activa.
Quienes conocen la opinión de Canicoba Corral dicen que, para él, es conveniente algún tipo de comunicación entre los jueces, el Gobierno y el Congreso cuando se trata de temas sensibles.
El problema, para más de un observador, radica en que el dictamen de Nisman dice todo sobre Irán y Hezbollah y nada sobre la conexión local, y muchas de sus pruebas provienen de iraníes disidentes y de informes de Inteligencia. Tres años antes, también a pedido de la fiscalía, Galeano había ordenado capturas internacionales, y cuando el ex embajador iraní en Buenos Aires Hadi Soleimanpour fue detenido en Londres, las pruebas enviadas por Galeano para extraditarlo fueron rechazadas por la justicia inglesa.
¿Qué haría el juez que tan bien se había preservado de las tormentas? Consideró que los indicios para pedir las capturas eran suficientes, incluyó a Soleimanpour -excluido por los fiscales- y calificó el atentado de crimen de lesa humanidad, con lo cual aleja la posibilidad de la prescripción. ¿Recibió presiones o sugerencias del Gobierno? A quienes se lo preguntaron, les respondió que no. Sí se molestó cuando se cuestionó la falta de pruebas. Y le dolió que miembros de la comunidad islámica tomaran su resolución como un ataque a los musulmanes. "Es una cuestión penal. Se trata de personas, no de religiones", dijo.
El juez perdió la invisibilidad que tan bien había forjado en la causa. Quienes conocen sus expectativas saben que, para él, podrá llegarse a lo que denomina la verdad "macro": la reconstrucción de la trama del atentado en pinceladas gruesas, pero no a los detalles. En cuanto a la conexión local, tabú de la causa AMIA, para el juez fue muy pequeña y no descartaría que quienes colaboraron lo hayan hecho ignorando que la finalidad era un atentado. Nada muy distinto de lo que dice y calla el dictamen de Nisman.
Quién es
30 años en la Justicia
Rodolfo Canicoba Corral tiene 61 años y más de 30 en la Justicia, sin un juicio político ni una sanción disciplinaria. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires, en la que luego fue profesor. Comenzó su carrera como meritorio en la Justicia bonaerense.
Lectura y deportes
Procedente de una familia peronista, es un lector compulsivo de temas de historia y política. Actualmente alterna su lucha para dejar el cigarrillo con la práctica de diferentes deportes: bucea, esquía y corre tanto en moto como en auto.






