
Roger Pla contra el olvido
El árbol genealógico de la narrativa argentina está contaminado, en la mayoría de sus mejores retoños, por fecundas impurezas que lo alejan tanto de la crónica burguesa como del relato psicológico decimonónico. De Echeverría y Sarmiento a Mansilla y Güiraldes, de Borges y Marechal a Cortázar y Bioy Casares, de Arlt, Sabato y Verbitsky a Viñas, Walsh, Saer y Puig, se acumulan y a veces superponen la construcción iniciática, el documento político y social, los laberintos intelectuales y fantásticos, la pesquisa policial y la vertiente ensayística que tamiza la ficción.
Roger Pla (1912-1982), de cuyo nacimiento se cumplirá un siglo este lunes, pertenece por derecho propio a esta rica y contradictoria tradición, aunque su obra hoy se vea peligrosamente amenazada por el olvido. Además de novelista, fue crítico de arte (recuérdense las monografías sobre Antonio Berni y Leónidas Gambartes), y dirigió, en la década del 60, importantes obras enciclopédicas sobre literatura, como el Diccionario de la Literatura Universal, realizado en Buenos Aires y publicado en Barcelona por Muchnik Editores, y Capítulo, la Historia de la Literatura Argentina, publicado con gran éxito por el Centro Editor.
Por muchos años se ganó la vida escribiendo, con distintos seudónimos, relatos policiales, libros de autoayuda y guiones de historietas. Era rosarino de buena ley, pero vivió la mayor parte de su vida, una vez casado, en Ramos Mejía, en el Gran Buenos Aires. Condujo también, con grata repercusión, talleres literarios.
El núcleo de la producción de Pla y el fundamento de esta evocación lo constituyen sus seis novelas: Los Robinsones (1946), El duelo (1951), Paño verde (1955), Las brújulas muertas (1960), Intemperie (1973) y Los atributos (póstuma, 1985). En pocos escritores se podrá asistir, a través del desarrollo de su narrativa, a una progresión tan plena de la autoconciencia del género, a tan fina percepción de la estructura y el arte del relato.
Esta indudable maduración implicaría, en principio, condenar, o por lo menos limitar la relectura de la (cronológicamente) primera novela de Pla. Y, sin embargo, Los Robinsones sigue siendo una de sus obras más atractivas, aun a pesar de cierta escritura enfática y omnisciente, típica de los escritores primerizos. La empresa es ambiciosa: se trata de apresar, en la aventura de crecimiento de cuatro jóvenes amigos (uno de los cuales, Ricardo, es el álter ego de Pla), una visión, un corte transversal de la sociedad argentina. La novela arranca en 1936 y su escenario es Buenos Aires, con los debates contemporáneos a la Guerra Civil Española y después a la Segunda Guerra Mundial, un poco a la manera de las grandes "novelas-ensayo" de Aldous Huxley y André Malraux.
En la frondosidad del texto no faltan la reflexión sobre la literatura y los mecanismos narrativos, la puesta en escena de la crisis de los ideales de una generación, el conflicto entre la imaginación artística y la cuestión social, e incluso la polémica entre nacionalismo y marxismo. Interesa comprobar que la acumulación de material virtualmente ensayístico no perturba la credibilidad de los personajes, sino que sostiene su vitalidad y convicción. Se impone el cotejo con el coetáneo Adán Buenosayres, aun sin la referencia martinfierrista y la eficacia rabelesiana de la novela de Marechal.
Mientras Paño verde es en realidad un cuento largo en que el relato policial se combina con el cuadro de la transformación urbana y social, tanto El duelo como Las brújulas muertas muestran el itinerario de un escritor cada vez más consciente de sus materiales y de sus posibilidades expresivas. Pero es con Intemperie donde Pla vuelve a alcanzar una tensión y un trabajo con el lenguaje poco frecuentes en nuestra narrativa.
En esta última novela reaparece uno de los ejes temáticos de Los Robinsones: el conflicto, jamás totalmente resuelto, entre vida e intelecto, entre acción y pensamiento. El protagonista excluyente es un escritor maduro, cuyos comienzos se marcan en la escuela del realismo social, y que más tarde evoluciona hacia formas más flexibles, ricas en sustratos poéticos. Mientras en Los Robinsones asistimos a un despliegue sinfónico, la configuración de Intemperie se parece más a la música de cámara. Y la autobiografía intelectual del autor marca un pasaje de enriquecimiento de nuestra narrativa, cuyo ejemplo más deslumbrante probablemente sea la virtuosa y progresiva transformación de la obra de Juan José Saer.
Salvo algunas incursiones académicas y unos pocos comentarios ocasionales, la crítica ha demostrado escaso interés por la obra de Pla. Destaco el prólogo de Orfilia Polemann de Valls (que asistió a los talleres del escritor) a la novela póstuma Los atributos, y dos trabajos más cercanos, publicados como ponencias en sucesivas sesiones del Congreso de Literatura de Rosario: el de Alberto Giordano, sobre los juveniles diarios inéditos de Pla (2009), y el de Jorge Bracamonte, sobre el concepto de mímesis en Los Robinsones (2010). Ojalá los críticos jóvenes sepan encontrar en este ciclo de novelas las huellas de una experiencia literaria única.
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