
Roque Sáenz Peña, el héroe americanista menos pensado
Modernidad, progreso, desarrollo económico. Liberalismo económico y conservadurismo político: éstos son algunos de los componentes del ideario de la Generación del 80, aquel selecto club del poder en el que los hombres intervenían en la vida pública con la espada, con la pluma y la palabra. Una elite que se reservaba la autoridad bajo la arrogancia de la superioridad intelectual, el origen de clase y la voluntad de acabar con la "barbarie" y que compartía una visión acerca de un futuro pujante y optimista.
"No he venido envuelto en la capa del aventurero preguntando dónde hay un ejército para brindar espada? La causa del Perú y Bolivia es en estos momentos la causa de América y la causa de América es la causa de mi patria y sus hijos". No fue San Martín ni fue Bolívar quien esto escribió, sino uno de los exponentes de aquella generación, el ex presidente argentino Roque Sáenz Peña, autor de la ley que lleva su apellido y por la cual en este país el voto es universal, secreto y obligatorio.
Cuenta la historiadora María Sáenz Quesada que el joven abogado, político y periodista Sáenz Peña, hijo de otro ex presidente, escribía esto al momento de alistarse en el ejército del Perú, durante la Guerra del Pacífico (1879-1883), aquella por la que Bolivia perdió el mar y por la que Chile amplió sus territorios, un resultado bélico que el Tribunal de La Haya revisó recientemente, acomodando los límites marítimos nuevamente en los mapas regionales.
Fue al inicio de la guerra cuando Sáenz Peña, del ala americanista del Partido Autonomista y quien había sido poco antes un joven diputado y hasta llegó a presidir la Cámara a los 26 años, decidió alistarse: decepcionado por la política y padeciendo el spleen clásico por el que, años después, otro mandatario acuñaría la célebre frase de "los niños ricos que tienen tristeza", el hombre parecía buscar la acción por encima de las palabras.
Con el grado de teniente coronel y al mando de un batallón, resultó herido en un brazo en la sangrienta batalla de Iquique, donde luego de la derrota cayó prisionero y fue sometido a Consejo de Guerra. Estuvo retenido seis meses, pero era un muchacho afortunado por su origen: las buenas relaciones entre las oligarquías chilena y argentina ayudaron a que Roque volviera pronto a casa, para retomar su destino político primero en la diplomacia, luego como funcionario de primera línea y, por último, como presidente de la Nación, entre 1910 y 1914.
Interesante es otro vínculo de Sáenz Peña con el ideario de gran parte de los actuales gobiernos de la región. Entre 1889 y 1890 representó a la Argentina durante la Conferencia de Washington, donde se opuso con fervor a la creación de una unión aduanera continental con moneda única y defendió ardientemente el principio de inviolabilidad de los Estados. Resulta curioso pensar que Sáenz Peña podría también ingresar en el panteón de los héroes latinoamericanistas, incluso como una suerte de precursor anti-ALCA, en el linaje del mismísimo Hugo Chávez.
No terminó su presidencia, su salud no era buena. Aseguran que la guerra lo persiguió al punto que fue una sífilis contraída durante su actuación militar la que derivó en la grave enfermedad neurológica que lo llevó a la muerte. En Perú es un héroe. En la Argentina, será recordado siempre como el presidente que terminó de presentar ante el Congreso aquella ley fundamental con las palabras "quiera el pueblo votar."




