Rostros descubiertos
Obligar a las mujeres a cubrir su cara atenta contra su dignidad; por otro lado, los derechos a la libertad religiosa deben convivir en armonía con los demás
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La Corte Europea de Derechos Humanos ha confirmado la legalidad de las normas que prohíben a las mujeres cubrirse integralmente el rostro en lugares públicos.
Esa prohibición implica, para las mujeres musulmanas, que no podrán usar vestimentas que las invisibilicen ante los ojos de los demás.
La norma en discusión había sido sancionada en Bélgica, en 2011, y su validez originó un largo debate judicial, que culminó con la prohibición -a nivel europeo- antes aludida.
La defensa del derecho a la libertad religiosa debe armonizarse con los derechos de los demás. En este caso particular existen hoy evidentes razones de seguridad que justifican la decisión del alto tribunal europeo.
Otro aspecto revelador del debate que provoca este delicado tema tuvo lugar hace muy pocos días en el Senado de Australia, donde una legisladora se sentó en su banca totalmente cubierta por una burka. Se trata de Pauline Hanson, líder del partido Una Nación, quien expresó así su oposición a que las mujeres musulmanas sigan usando esa vestimenta que, a su juicio, reprime la dignidad de quienes son obligadas a hacerlo.
El derecho de la propia mujer a poder elegir su atuendo debe ser ejercitado con libertad, sin imposiciones. Obligarlas a usar determinadas prendas nos retrotrae a épocas de dominaciones injustificables.
Entre esos atuendos, además de la burka, se las obliga a usar el niqab, compuesto por una larga vestimenta que disimula los cuerpos femeninos. Y no son los únicos ejemplos de vestimentas de este tipo (ver infografía).
En cuanto a la seguridad del conjunto de una población, es menester insistir en que la suma del cubrimiento del rostro y el efecto de tapar íntegramente el cuerpo con una vestimenta no permiten la razonable identificación de las personas que frecuentan lugares públicos. Evidentes razones de seguridad y protección de todos los ciudadanos por igual justifican la decisión del alto tribunal europeo.
Es cierto también que quienes emigran hacia naciones que no son las del propio origen deberían hacer un esfuerzo por tratar de respetar la identidad de los países que los acogen adaptándose a ellos. Segregar o segregarse daña el multiculturalismo y nos expone a enfrentamientos inútiles.






