
Rotura y ruptura del contrato social
Por Jorge Reinaldo Vanossi Para La Nación
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"Lloramos al nacer porque vemos este inmenso escenario de dementes."
Shakespeare
Asistimos a una escalada sin fin (ni límites) de la violencia contra las personas, sus bienes, su libertad deambulatoria, su integridad, su privacidad y hasta su vida misma. ¡Chocolate por la noticia! Todos los días nuestra capacidad de asombro queda nuevamente superada por el conocimiento (o la vivencia) de episodios que conmueven las fibras más sensibles de la condición humana. Y de toda esta tragedia resulta un acostumbramiento a las noticias truculentas, una insensibilidad o indiferencia ante las sevicias más hirientes, una especie de conformismo hacia los hechos aberrantes que se consuman sin más consecuencia que el abarrotamiento de las columnas periodísticas destinadas a la sección policiales.
Pero lo que está en juego es algo más: la noción misma de la seguridad como un valor preeminente para la sociedad, de frente a una deshumanización que amenaza con convertirnos aceleradamente en una jungla regida por la tan odiada ley de la selva. Ante ella estamos: ¡sálvese quien pueda (por el aeropuerto de Ezeiza o encomendándose al Ser Supremo)! Salvo que tomemos conciencia de que está de por medio toda una concepción de la existencia en convivencia y de las relaciones entre la sociedad y el Estado. ¡Pavada de tema para preocuparnos y angustiarnos al comenzar un nuevo año, nuevo mes (de vacaciones), nuevo siglo, nuevo milenio, etcétera (de las tantas macanas con que nos engolosinamos a diario para distraernos un poco)!
Y hete aquí la cuestión de fondo: 1) no hay fin de las ideologías, pues seguirán existiendo discrepantes cosmovisiones; 2) no hay fin de la historia, toda vez que lo único seguro es la ya comprobada reiteración de los corsi y ricorsi (Vico); 3) se erosiona el pacto o contrato que sustenta la existencia misma de un régimen social, cuando el Estado queda en situación de impotencia y pierde el monopolio de la fuerza para contener los ataques y desbordes que padecen los individuos.
No comerse al caníbal
Sabemos que éstos conservan sus derechos y libertades, que sólo delegan la custodia de la seguridad, pero que sienten a diario que nada ni nadie contiene y detiene un estado de cosas que se singulariza por la inseguridad .
Todas las sociedades modernas, desde hace tres siglos, se constituyen democráticamente sobre la base de premisas contractualistas (religiosas o laicas). ònicamente los autoritarios y los totalitarios reniegan de esa filosofía y de esos supuestos políticos, más allá de los matices que puedan existir entre las diversas vertientes que han enriquecido el pensamiento humanista. Cuando se quiebran esos basamentos, aparecen los "justicieros" o el "llanero solitario", que pretenden hacer justicia (sic) por mano propia, sin contemplar que ello importa tanto como abrir las compuertas para que el fin justifique los medios o no darse cuenta -en términos borgianos- de que en la lucha contra los caníbales no está permitido comerse a los antropófagos, pues de hacerlo así, se pierde toda legitimidad moral.
En definitiva, las numerosísimas familias que habitan el noble suelo argentino y que han sufrido hasta más de media docena de vejámenes y atropellos en sus personas, libertades y bienes (léase: inseguridad personal), tan sólo reclaman por: a) que se apliquen las leyes, pues bien sostenía Montesquieu que mucho peor que la levedad de las penas es la sensación generalizada de impunidad; b) que los jueces pongan de sí y ante sí los atributos de su mayor energía jurisdiccional, para el mejor cumplimiento de la legalidad; c) que reine el garantismo de la Constitución Nacional, respetándose la eminente dignidad de la persona humana, de la que también deben gozar las víctimas y los abnegados agentes del orden (todo dentro de la ley, nada fuera de las normas); d) que cumplamos entre todos el mandato del Preámbulo, a fin de alcanzar el "bienestar general", que los sabios constituyentes de 1853-1860 estamparon en el texto histórico muchísimo antes de que llegara a estas latitudes sureñas la tentación eurocéntrica de las Internacionales.
Con el marco de una mayor calidad de vida y en el doble ámbito de la seguridad individual y social, se cumplirá el sueño de Eduardo Mallea: todos viviremos una intensa pasión argentina, sin réprobos (las víctimas) ni elegidos (los impunes). Dicho de otra manera, si establecemos y respetamos reglas del juego claras y predecibles alrededor de la línea demarcatoria entre lo lícito y lo ilícito, estaremos creando las condiciones necesarias para iniciar un estilo de vida y desenvolvernos en una atmósfera de libertad creadora, sin "hemolatría" ni "tumbofilia".






