Scioli-Zannini: Pimpinela y Mao en el mismo palco

Diego Sehinkman
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21 de junio de 2015  

Ilustración: Alejandro Álvarez
Ilustración: Alejandro Álvarez

El lunes 11 de mayo a la noche, mientras en la vuelta de Showmatch Daniel Scioli mostraba cómo puede hacerse el nudo de la corbata con su mano izquierda, en Olivos, Cristina planeaba cómo hacerle el nudo con su mano derecha: Zannini.

En televisión, la resiliencia de Daniel hizo 34 puntos. En las urnas está por verse. Salvo para el núcleo duro K, la colocación de tamaña prótesis política impresiona un poco:

-Daniel, tenemos dos noticias, una buena y una mala. ¿Cuál querés primero?

-Prefiero la mala, señora Presidenta.

-Zannini va a ser tu vice.

-¿Y la buena?

-Podés decir que lo elegiste vos.

Zannini no es "mesa chica" de Cristina. Es "mesa de luz". Haberlo elegido es haberse elegido. Con él Cristina cumple de algún modo su sueño reeleccionista.

Desde 1987, cuando Néstor asumió la intendencia de Río Gallegos, la Presidenta está casada con el poder y acaba de demostrar que no está dispuesta a divorciarse. ¿Qué le garantiza Scioli? Que no habrá cambio de "estado civil". Ya lo dijo el diputado Carlos Kunkel: "Daniel nunca pretendió tener el liderazgo político. Nunca ha buscado reemplazar el liderazgo de Néstor y después de Cristina".

Cuando los periodistas le preguntaron sobre el destino de Randazzo, por esas horas aún incierto, el gobernador pronunció una frase a la que hay que prestarle mucha atención, porque es la que se va a usar la próxima temporada: "Lo va a decidir la conducción del partido". Esa simple oración sintetiza cómo se manejarían las cosas desde diciembre de 2015. Las decisiones las tomará "el partido". ¿Suena raro, no? Fueron 12 años de "el presidente o "la líder" o "nuestra conductora". Es obvio que "el partido" es el eufemismo que se presentará en sociedad.

¿Qué es hoy el kirchnerismo, con Scioli y Zannini? Laclau diría: "un significante capaz de alojar las demandas de Pimpinela y Mao". Y con ese pase de magia haría desaparecer cualquier incomodidad ética o ideológica. Aunque duela, querido lector, el peronismo es así. No sólo para vociferar sin ponerse colorado que su imperativo es el poder. También para justificarlo con teorías es menos culposo.

Mientras tanto, al cierre de esta columna, Macri continuaba en la pinturería eligiendo el amarillo justo. El tiempo dirá si Durán Barba tenía razón con su apuesta por la pureza. La imagen de Pro en la provincia de Buenos Aires deja dudas. Repartir volantes con la imagen de Vidal-Ritondo es como recorrer los municipios sobre un camión que regala cerveza. Sin alcohol.

Hablando de medios de transporte:

-Florencio, ahí llega la locomotora nueva.

-¿Dónde, Presidenta?

Florencio despertó en el hospital. Cristina arrolló su candidatura presidencial y le ofreció la provincia. Randazzo le dijo que no. Cristina, incrédula, le pidió el DNI. No lo reconocía. Es para prestar atención: es el primer gran rechazo público que sufre la presidenta.

Y nos vamos como vinimos: con Scioli. Hubo un tiempo en que se pensaba en él como en una especie de Houdini capaz de escapar de todos los candados, por ejemplo de Mariotto. Hoy la pregunta es más profunda: ¿él se percibe encerrado, incómodo, en un "modelo" que siente propio en muchas cosas pero ajeno en tantas otras o, como dijo Diana Conti, ya "internalizó el proyecto"? Hoy muchos piensan lo segundo: es el Houdini que terminó amando la caja.

¿Qué es lo bueno para Daniel? Que consiguió lo único que le importa en la vida: el apoyo para ser presidente. ¿Y lo malo? Que la llegada del secretario legal y técnico de la presidencia a la fórmula termina con la ilusión de miles de votantes independientes de una versión light del kircherismo. Adiós al eslogan naranja de "continuidad con cambio".

Inimputable como un quiosquero, Scioli guiña el ojo: "el cambio te lo debo".

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