
Sean Langan, un testigo indiscreto en el corazón de la resistencia talibana
Documentalista británico especializado en la cobertura de conflictos bélicos y sociales, en 2002 retrató la crisis argentina para la BBC y en 2008 se adentró en las remotas áreas tribales de Paquistán, donde resiste la cúpula de los talibanes afganos. Fue capturado, acusado de espionaje, y vivió un verdadero calvario. Como sobreviviente, cree que su deber es mostrar al mundo cómo sufren algunos pueblos Juana Libedinsky LA NACION
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LONDRES
Sean Langan llega a la comida en un coqueto restaurant de Chelsea recién para los postres. "¡Nunca pensé que cuando un grupo de argentinos quedaba en juntarse a las ocho y media empezarían en serio a esa hora!", se justifica. Pero luego explica la verdadera razón de su tardanza.
Langan venía en un taxi con sus dos pequeños hijos y el conductor, paquistaní, lo reconoció. "Empezó a hablar de mis documentales, de cómo le habían parecido un retrato honesto de la guerra, y de cuánto lo habían afectado las noticias de mi secuestro por los talibanes. Yo trataba de hacerlo callar, pero él no paraba. A mis hijos yo nunca les había dicho que fui secuestrado, sino que había estado enfermo y una familia afgana me cuidó. Quedé bastante alterado, así que en realidad no quise dejar a los chicos hasta no asegurarme de que estuvieran bien", confiesa a esta redactora.
Casi un año después de ser liberado tras meses de cautiverio, Langan, de 43 años y uno de los documentalistas de zonas en conflicto más famosos de la televisión británica, todavía busca reajustarse a la vida cotidiana en su ciudad natal. A juzgar por las apariencias, lo hace impecablemente bien: bronceado, vestido con jeans gastados y sandalias Brikenstock, luce absolutamente relajado. La charla comienza naturalmente por Buenos Aires, donde Langan pasó varios meses en 2002, para hacer un documental sobre la crisis, y cuando se le pregunta sobre su cautiverio en Afganistán, no rehúye el tema.
"Al principio era un capítulo de mi vida que sólo quería cerrar. Mientras estuve prisionero llevé un diario, y si bien cuando llegué a Londres me ofrecieron un adelanto considerable por publicarlo [NdeR: se habló de una cifra superior al medio millón de libras], no pude ni siquiera tocarlo. Ahora voy pudiendo asimilar el tema y contar qué pasó", señala.
Langan, "cuya experiencia con los talibanes que no tiene par", según la prensa de Londres, viajó a Afganistán en marzo de 2008 para realizar su tercer documental sobre el extremismo islámico para la televisión británica. Esta vez buscaba investigar los rumores que circulaban desde hacía tiempo sobre el paradero de la cúpula de los talibanes, supuestamente escondida en remotas regiones tribales de Paquistán, un área vedada a los extranjeros. Se hablaba, entre otros, de los ideólogos de ataques suicidas en varias ciudades de Afganistán y Paquistán, y del mismo Osama Ben Laden.
Langan iba solo con su cámara, apenas acompañado por un traductor, ya que tiene una manera informal de hacer documentales que se ha convertido en su marca registrada y que tiene particular éxito entre el público más joven. "Estoy en contra de la idea de que a los jóvenes no les interesa la política, o los hechos internacionales. El tema es que se sientan tratados como personas inteligentes", había explicado en un encuentro anterior con LA NACION, y su idea no ha variado desde entonces. "Por ejemplo -añadió-, el conductor de traje impecable, o el que corre tras una manifestación, resoplando frente a las cámaras, algo que vi bastante en la Argentina, para demostrar que efectivamente está allí, no funciona. Por otra parte, no se pueden hacer documentales si no se pasa mucho tiempo en cada país, que es el gran problema de los documentales de política internacional porque, de la manera tradicional, son muy caros de hacer. Entonces, la investigación se hace en el país de origen y, luego, los camarógrafos llegan con una especie de guión armado. Están una semana, filman de acuerdo con la línea que les bajaron y se vuelven. Así se amontonan los clisés y no se refleja la realidad del asunto".
Demasiado lejos
Pero Langan, que se compara con Icaro, el personaje mitológico que volaba cada vez más cerca del sol, dice que esta vez exageró y voló tan cerca del sol que se quemó. Tan aislada era la zona en la que se adentró que pasaron dos meses hasta que su empleador, Channel 4, o su familia se dieran cuenta de que había sido secuestrado. Ningún otro periodista occidental había llegado hasta allí. Langan había pasado varios meses negociando el viaje con los ancianos de las tribus locales, pero al llegar a destino vio que todo era una trampa y que sus contactos con los talibanes se convertían en sus captores.
Junto con su traductor, Langan permaneció tres meses en un cuarto minúsculo y oscuro en la casa de una familia de la tribu. El alimento era escaso y a duras penas lo podía masticar ya que entre la malaria y difteria contraída allí perdió varios dientes. Por la noche era interrogado por figuras encapuchadas, vestidas íntegramente de negro, que le mostraban imágenes de decapitaciones y ejecuciones. También le hacían ver fotos del "antes" y "después" de niños utilizados para realizar atentados suicidas. Tenían más o menos la edad de sus hijos, Luke entonces de cinco, y Gabriel, de cuatro.
Algunas noches le decían que sabían que era un espía y que por eso merecía morir. Otras, que sabían que era un inocente periodista, pero que querían utilizar su muerte para evitar que otros extranjeros se adentraran en la zona. Langan intentaba mantener la cordura haciendo ejercicios en su celda y escribiendo sobre lo que estaba viviendo. Increíblemente, dejaron que mantuviera su anotador y su lápiz.
"Este es un trabajo en el cual, si las cosas salen bien, ganas premios, y yo, por diez años acumulé premios. Pero sabes que, cuando las cosas salen mal, salen mal en serio, no es que pierdes una promoción o tu trabajo. Creo que fui muy egoísta al casi dejar, por mi carrera, a dos niños huérfanos de padre. No hay periodismo que lo justifique. Ahora, de no haber tenido hijos y ese tipo de responsabilidades, la situación hubiera sido distinta. Yo realmente amaba mi trabajo, y hubiera muerto feliz haciéndolo. ¿Cuántas personas pueden decir lo mismo?", resume.
Langan también sostiene que se confirmó la hipótesis con la que había partido a hacer su trabajo, si bien no pudo filmarlo. "Aunque estaba encerrado en un cuarto oscuro, podía escuchar el sonido del entrenamiento de tropas y el disparo de fusiles bajo el comando de altas jerarquías. Los servicios de inteligencia dan ahora como un dato cierto lo que antes era un rumor: esa zona es la de los cuarteles centrales de los talibanes", aclara. Finalmente, tras intensas negociaciones por parte de Channel Four y el pago de un rescate, fue liberado. Hoy asegura que, muy a su pesar, no volverá a una zona de conflicto bélico.
"Cubrir la guerra por muchos años -sostiene- es como mirar al sol: es tan intenso que uno queda ciego para mirar otras cosas. Por eso es que a los soldados luego les cuesta adaptarse a la vida común. A todo le falta dramatismo. Uno se vuelve como un adicto a la guerra. Pero supongo que mi cautiverio me puso más en contacto con el dolor ajeno. Sentí lo que era el pánico a que golpeen tu puerta, en mi caso para los interrogatorios, pero pensé en lo que habrá sido vivir bajo los nazis, la policía secreta soviética o las dictaduras militares en América latina. Siento que es como un deber, ya que sobreviví, mostrar a quienes sufren mientras el mundo no se entera. Mi próximo documental será para la BBC, en Zambia, país que no tiene una historia sexy para contar pero que creo que resultará conmovedora. Y si alguna vez junto el coraje para tocar mi diario, espero publicarlo".
Las historias que Langan cuenta allí sin duda serán de enorme interés. Por ejemplo, cerca del final de su cautiverio, un comandante talibán entró a la habitación y le preguntó si podía hablar francamente. Había escuchado sobre las libertades de Occidente y quería saber si era verdad que las mujeres podían casarse con animales, incluso animales pequeños. Langan le respondió que por supuesto que no, y que por qué lo preguntaba. El le confesó que había leído sobre una mujer que se casaba con un sapo en Occidente.
"Naturalmente -sostiene- se estaba confundiendo con noticia el cuento de hadas sobre el príncipe convertido en sapo. Esto hubiera sido gracioso si este comandante talibán no hubiese estado a cargo de 250 soldados y candidatos a atacantes suicidas. No tengo dudas de que les hizo este cuento como prueba de la inmoralidad de Occidente antes de despacharlos a Afganistán a matar soldados norteamericanos y británicos."
-¿Alguna vez te acordaste de Buenos Aires estando en cautiverio?
-Sí, en situaciones extremas uno vive lo que los psicólogos aquí llaman el síndrome del hombre ahogándose y empieza a repasar los pequeños episodios de su vida. Mientras filmaba en Buenos Aires nos enteramos con quien entonces era mi mujer que esperábamos al primer varón, y me acordaba de la emoción, de los domingos en San Telmo y, sobre todo, de los bifes. Cuando uno tiene mucha hambre pensar en comida es malo, pero cuando uno ya pasó el límite de la desnutrición, eso no lo afecta y soñar con bifes era muy agradable...
Quién es
Nombre y apellido:
Sean langan
Edad:
43 años
Guerras y documentales
Nacido en Inglaterra, Langan estudió en la Universidad de East Anglia y se dedicó al documentalismo en situaciones de conflicto. Es autor de Fighting the Taliban (2007) y Mission Accomplished (2004), entre otros.
La crisis argentina
En 2002 pasó varios meses en la Argentina, donde filmó para la BBC Travels with a gringo (2003), en el que retrata, entre otras cosas, la crisis económica. Ganó importantes premios por su obra. Divorciado, tiene dos hijos.





