Secretos a voces y en podcast
Los podcasts ya estaban, como también estaba la radio. Pero el año pasado –y en la extensión de ese año que en cierto modo viene siendo enero– estuvieron mucho más. Allá afuera la pandemia convertía al mundo en campo minado de restricciones, distancias y barbijos. Dentro de casa, a lo largo de 2020, nos fuimos inventando ventanas, redescubriendo espacios, afianzando otros modos de la compañía. En mi caso los podcasts fueron la gran llave, la voz que me decía que la vida seguía siendo una sustancia palpitante, que rebosaba matices, colores y acordes mal que les pesara al encierro y al miedo. Entre los muchos que descubrí, hay uno cuyos episodios volví a escuchar estos días, con Las primas y Las amigas –las novelas de Aurora Venturini que recientemente publicó Tusquets– bajo el brazo. Se trata de Me lo llevo a la tumba, delicia sonora creada por CON, equipo de investigación expresiva formado por Franco Torchia, Tomás Balmaceda y Liliana Viola.
El gran tema, el nombre de la serie así lo indica, es el secreto: en los trece episodios subidos hasta ahora, las voces del mismo Torchia, la filósofa Esther Díaz o las actrices Tina Serrano, Susana Pampín y Sofía Gala nos acercan relatos que oscilan entre la confesión y el testimonio, o evocan textos que llevan el secreto en sí mismos, como ocurre con tres cuentos inéditos de Venturini ("El gatito", "El secreto de las muñecas de porcelana", "El marido de mi madrastra") .
La palabra, la dicha de formularla y el placer de escucharla atraviesan cada una de las intervenciones que integra la serie. De este lado, el gusto de sentarte un rato y dejarte llevar por la voz de alguien que te cuenta cosas. El regodeo, además, en saber que eso que te cuentan implica un secreto, desliza algún detalle oculto, sugiere cierto pliegue de lo que debe o no debe ser dicho.
"Supe el secreto de mi familia una tarde calurosa, a mediados de los años ochenta": resuena la voz de Mariana Enriquez. Narra cómo fue que se enteró, aquella tarde calurosa, de que la versión oficial sobre la muerte de su abuelo encubría otra, la verdadera, la que le contó, a contramano de los deseos de su hija, la abuela moribunda. Y sigue contando –imposible despegarse de la voz que se filtra a través del parlante– detalles de la casa de infancia, de la furia materna al saber que el secreto había sido revelado, y pequeñas secuencias de cómo ese secreto se fue inmiscuyendo, apareciendo o confundiéndose en distintos momentos de la vida de la narradora. Su voz desgrana el relato, lo modula, nos atrapa, hace que las categorías de ficción o autoficción ya no importen porque queremos que nos diga de una buena vez –delicias de los cuentos que se escuchan un rato antes de dormir– de qué se trataba ese bendito secreto. Y también queremos que no lo diga, para que el hechizo se extienda un poco más.
Hay también un relato, el de Camila Sosa Villada, donde el secreto tiene que ver con el deseo, la existencia de algo que quizás sea el mal, la embriaguez del amor clandestino. Una revisión de las enseñanzas paternas (o "Manual de la mentira") a cargo de Maruja Bustamante. Una epifanía olfativa que, asegura Pablo Schanton, habla de él casi sin que él mismo se dé cuenta. Y una historia contada en el punto justo del disparate que la actriz Charo López pone en boca de su personaje Mamá Luchona. Este año la serie sigue, y promete relatos a cargo de Dani Umpi, Ariel Schettini, Juana Molina. Promete también la intervención de la periodista argentina radicada en Lodres Marcela Mora y Araujo, con anécdotas nunca contadas sobre su relación profesional con Diego Maradona.
Vuelvo a activar la aplicación. Voces. Palabras bellamente pensadas, formuladas, convertidas en relato oral. Ecos que irremediablemente se hacen nocturnos, tramas que pueden ser eróticas, enigmáticas, risueñas, delicadamente siniestras. La vieja ceremonia en torno del fuego. Un secreto para antes de que el sueño nos arrebate una vez más.











