
Separación de los padres: cómo impacta en el aprendizaje y la conducta de los niños
La separación de los padres es una realidad cada vez más frecuente en las sociedades contemporáneas. En la Argentina, como en otros países, el aumento de las rupturas familiares plantea nuevos desafíos, no solo para los adultos involucrados, sino también -y especialmente- para los niños. Sin embargo, el impacto de estos procesos en el aprendizaje y la conducta infantil suele quedar relegado en la discusión pública.
La evidencia científica muestra que la separación parental, por sí sola, no determina un daño inevitable en el desarrollo infantil. Lo que resulta decisivo es el contexto en el que ocurre. Estudios internacionales coinciden en que los niños expuestos a separaciones prolongadas, conflictivas o imprevisibles presentan mayor riesgo de dificultades escolares y alteraciones conductuales. Meta-análisis realizados en Europa y Estados Unidos indican que los niños de padres separados tienen entre un 20% y un 30% más de probabilidades de presentar dificultades en el rendimiento académico, especialmente en áreas como la atención, la comprensión lectora y la continuidad escolar. Estas diferencias no se explican por la estructura familiar en sí, sino por el nivel de estrés y de inestabilidad emocional que acompaña el proceso.
El aprendizaje bajo estrés
El aprendizaje infantil depende, en gran medida, de la capacidad del niño para concentrarse, regular sus emociones y sostener la atención. Estas funciones se ven afectadas cuando el entorno familiar pierde previsibilidad. Investigaciones en neurociencia del desarrollo muestran que el estrés crónico en la infancia impacta sobre los circuitos cerebrales vinculados a la memoria y al control atencional, con consecuencias directas en el desempeño escolar. En el ámbito educativo, este impacto suele manifestarse como descenso del rendimiento, mayor distractibilidad, dificultades para seguir consignas y, en algunos casos, regresiones en habilidades previamente adquiridas. No es infrecuente que estas señales sean interpretadas como problemas pedagógicos o de conducta, sin considerar el contexto emocional del niño.
Conducta como expresión del malestar
La conducta infantil suele ser uno de los primeros indicadores de que algo no está funcionando. Estudios longitudinales muestran que los problemas de conducta son más frecuentes en niños que atraviesan separaciones parentales con alto nivel de conflicto, especialmente cuando existen disputas judiciales prolongadas, descalificación entre los adultos o cambios constantes en las rutinas. Un seguimiento realizado en países de la OCDE encontró que los niños expuestos a conflictos parentales persistentes tenían hasta el doble de riesgo de presentar conductas disruptivas, irritabilidad o dificultades en la regulación emocional. En muchos casos, la conducta se convierte en el lenguaje a través del cual el niño expresa una situación que no logra elaborar de otro modo.
No es la separación, es la forma
La literatura coincide en un punto central: no es la separación en sí misma la que genera mayores efectos negativos, sino la manera en que se gestiona. Cuando los adultos logran acuerdos estables, sostienen rutinas previsibles y evitan exponer al niño al conflicto, el impacto en el aprendizaje y la conducta se reduce de manera significativa. Por el contrario, la judicialización prolongada, la falta de comunicación entre los adultos y la utilización del niño como intermediario aumentan el riesgo de consecuencias a mediano y largo plazo.
Un tema que excede lo privado
El impacto de la separación parental en el aprendizaje y la conducta infantil no es solo un asunto familiar. Tiene consecuencias directas en el sistema educativo y en el sistema de salud. El aumento de las dificultades escolares, las derivaciones a salud mental y la sobrecarga de las instituciones son parte de un fenómeno que requiere respuestas coordinadas y preventivas. La escuela suele ser el primer espacio donde se detectan los efectos del conflicto familiar, pero muchas veces carece de herramientas para abordarlos de manera adecuada. La articulación entre familia, escuela y salud resulta clave para evitar que una crisis familiar derive en dificultades crónicas para el niño.
Priorizar el interés del niño
La separación de los padres es, para muchos niños, una experiencia inevitable. Reducir su impacto no depende de negar el conflicto, sino de colocar el interés del niño en el centro de las decisiones adultas. La evidencia muestra que cuando se logra sostener estabilidad emocional y previsibilidad, los niños pueden atravesar estos procesos sin comprometer su desarrollo ni su aprendizaje.
Reconocer este impacto es un paso necesario para diseñar mejores estrategias de acompañamiento, tanto a nivel familiar como institucional. Porque proteger el desarrollo infantil, aun en contextos de cambio, es una responsabilidad colectiva.
Médica especialista en Neuro Desarrollo para Niños y Adolescentes







