
Sesquicentenario del Pronunciamiento de Urquiza
Por Juan José Cresto Para La Nación
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Hace ciento cincuenta años, el 1° de mayo de 1851, el gobernador de Entre Ríos, el general Justo José de Urquiza, firmó un breve documento, que se leyó públicamente en la plaza principal de Concepción del Uruguay, que la historia denomina Pronunciamientoy es el origen de las instituciones argentinas y de la propia Constitución Nacional que, con sus modificaciones posteriores, aún nos rige.
A través de ese documento, Urquiza fijaba su posición política y se enfrentaba a Rosas. No era fruto de una improvisación ni de un espontáneo sentimiento de rebelión, sino el resultado de un largo desarrollo político, militar y hasta personal. El texto, que conservaba las formas legales, decía: "Que es voluntad del pueblo entrerriano reasumir el ejercicio de las facultades inherentes a su territorial soberanía delegado (hasta ahora) en la persona del Excmo. Señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, para el cultivo de las Relaciones Exteriores y dirección de los negocios generales de Paz y Guerra de la Confederación Argentina, en virtud del Tratado Cuadrilátero de las provincias litorales del 4 de enero de 1831".
En síntesis, Entre Ríos se retiraba del Pacto Federal firmado veinte años antes, porque no se daba cumplimiento a sus cláusulas. El artículo 16 de dicho tratado, al que se habían incorporado más tarde las restantes provincias de la Confederación, exigía que se reuniera un Congreso Constituyente cuando el país estuviera en paz. Y el país lo estaba: Rosas había aplastado todos los levantamientos interiores de manera cruel y había llegado a acuerdos con las potencias extranjeras. No obstante, ni reconocía la independencia del Paraguay ni permitía la libre navegación de los ríos, por lo que ahogaba todo el comercio del interior y, además, desde 1843 uno de sus generales, Manuel Oribe, al mando de tropas argentinas y uruguayas, asediaba la pequeña ciudad de Montevideo, que por su épica defensa fue llamada "La Nueva Troya" por Alejandro Dumas. Tampoco quería reunir un congreso ni oír voces disidentes, y expresó y reiteró, aun en el exilio, que era enemigo de cualquier "cuadernito que llaman Constitución". Era su convicción o su interés, y se mantuvo firme y constante en esa opinión.
El Pronunciamiento fue redactado por el secretario de Urquiza, el joven abogado santafecino Juan Francisco Seguí, en la noche anterior, pero respondía ya a una política del gobernador de dar al país una carta constitutiva, instituciones nacionales y, sobre todo, nacionalizar la Aduana de Buenos Aires, que era la única verdadera fuente rentística y cuyo producto, con Rosas, quedaba para beneficio exclusivo de su provincia, con excepción de algunas migajas que establecía la ley de 1835. Entre Ríos sufría las consecuencias del inicuo sistema. Por eso, el Pronunciamiento, aunque era un documento mesurado, entrañaba toda una declaración de guerra. Ya con anterioridad, con fecha 5 de abril de 1851, Urquiza había enviado a las provincias una circular donde expresaba claramente sus opiniones, cuando aceptaba la renuncia que año tras año presentaba Rosas ante la Legislatura, so pretexto de fatiga, en espera de una laudatoria continuación de su cargo.
No era fácil enfrentar el poderío de la provincia de Buenos Aires. Todos aquellos que lo habían intentado habían fracasado en diferentes épocas y escenarios (los Libres del Sud, Lavalle, Paz, Lamadrid, Ferré, los Madariaga, Fructuoso Rivera, las provincias del Norte, etcétera).
Ni vencedores ni vencidos
Urquiza esperó largos años hasta contar con la ayuda de Corrientes a través de su amigo, el nuevo gobernador, coronel Valentín Virasoro. Inició conversaciones con los sitiados de Montevideo y con el Imperio de Brasil, que participarían con fuerzas auxiliares, y firmó con ellos acuerdos diplomáticos, pero posteriores al 1° de mayo de 1851. Para la fecha del Pronunciamiento, contaba exclusivamente con sus propias fuerzas y confiaba sólo en ellas. Entre Ríos era la segunda provincia argentina en poderío económico y fuerza militar, merced a su liderazgo personal y a su obra de buena administración. Comenzaron a llegar, entonces, desde todos los rincones del país y desde Chile, Montevideo, Río de Janeiro y Asunción, numerosos exiliados y proscriptos, incluyendo antiguos enemigos, que se enrolaron en sus filas. El general invicto de tantos combates y batallas, el brazo fuerte que había encabezado cien cargas de caballería, que era también el padre de la educación pública de su provincia y el administrador honrado y eficiente, se hacía cargo de la organización nacional. Conociéndolo, se sabía que nadie estaba involucrándose en una aventura.
En dos grandes operaciones militares, cruzó primero al Uruguay, levantó el sitio de Montevideo sin disparar un solo proyectil, y más tarde repasó el Paraná e invadió la provincia de Buenos Aires. En la batalla de Caseros, la más numerosa y de mayor magnitud que se libró en el país (54.000 hombres en el campo de batalla), tomó su capital y eliminó de la escena política al hombre que se negaba a constituir la Nación. Fue prudente y magnánimo. Su mensaje al pueblo fue claro y simple: "Ni vencedores ni vencidos. Olvido del pasado y fusión de los partidos", que contrastaba con el de "Mueran los salvajes unitarios", frase que había encabezado obligatoriamente todos los documentos oficiales.
Caído Rosas, no quedaban instituciones. Todo había que hacerlo. Pero teníamos una historia común y el mismo impulso de querer ser argentinos. Todo se inició con esa voluntad política del Pronunciamiento.





