
Siete mitos sobre el ALCA
Por Celso Amorim Para LA NACION
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Las negociaciones para la constitución de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) despiertan una justificada curiosidad e interés, no sólo entre especialistas sino también en el público en general. En Brasil, el gobierno del presidente Lula ha promovido un debate amplio sobre el tema. Con el fin de procurar aclarar aspectos que son objeto de malos entendidos, identificaré, en particular, siete lugares comunes -o mitos- que deben analizarse minuciosamente.
- "Adherir o no adherir al ALCA." El ALCA es un proyecto in fieri , que no existe como realidad acabada. Cuando un país desea ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC), se negocian términos y condiciones para su acceso. El país acepta reglas en cuya elaboración no tuvo voz ni voto. Es una situación distinta de la que ocurre en el ALCA, que todavía está, por así decirlo, en la línea de montaje. No se trata de adherir o no al ALCA, sino de definir sus contornos y de conciliar intereses "ofensivos" y preocupaciones "defensivas".
- "El ALCA será el equivalente americano de la Unión Europea." No es casual que buena parte del público tenga del ALCA una percepción poco clara: hasta su enunciado de "libre comercio" se presta a equívocos. El proyecto del ALCA, según su principal impulsor, comprende mucho más que la liberalización comercial. De acuerdo con esa línea, deberían ser discutidas en el ALCA cuestiones tales como inversiones, compras gubernamentales y propiedad intelectual, por no hablar de medio ambiente y de cláusulas laborales. Buena parte de la motivación norteamericana para negociar por el ALCA es justamente obtener reglas para esas cuestiones según patrones que están por encima de lo que se puede conseguir en el plano global.
Al adjetivo "libre" también hay que agregarle unos granos de sal. Por lo demostrado hasta hoy, no parece que nuestros socios ricos tengan la intención de eliminar sus barreras y prácticas de distorsión. Es notoria la predisposición con que los Estados Unidos discuten temas como el antidumping, por ejemplo. Lo que ofrecen para muchos productos agrícolas de interés para el Mercosur se limita a cuotas arancelarias que comenzarían a regir dentro de diez años, o más". De la eliminación de los aranceles no se habla, como no se habla de la reducción o eliminación de los subsidios.
La idea de que el ALCA pueda llegar a ser el equivalente americano del proyecto de integración europea, o aun del Mercosur, es ilusoria. Baste pensar en el libre tránsito de personas, que con certeza no estará en discusión en un futuro previsible.
- "Según sus términos definitivos, el Brasil puede renunciar al tratado." Este razonamiento es más teórico que real. La lógica de las negociaciones internacionales hace que sea muy costosa la opción de no adherir a un acuerdo en cuya elaboración el país participó. No sólo sería difícil justificar moral y políticamente tal ausencia: también se afectarían intereses en torno de eventuales ventajas, por menores que fueran, lo que dificultaría la opción de quedarse afuera. A partir del momento en que asumimos una posición de negociación, lo correcto y natural es que procuremos usar nuestro liderazgo para hacer valer nuestros intereses, juntamente con los de nuestros socios, de manera de influir en el desenlace. Es preferible observar desde ya una posición de firmeza negociadora, de modo de no tener que elegir entre la adhesión a un tratado que no nos agrada y su rechazo puro y simple.
- "El formato 4+1 retira del ALCA el foco en el tema del acceso a los mercados." Esta opinión sobre las propuestas del Mercosur es la opuesta a la que sostenemos. El mercado norteamericano, por su dimensión y dinamismo, constituye el foco central de interés en el ALCA. No fue el Mercosur el que fragmentó su oferta de acceso a los mercados. La delegación norteamericana decidió diferenciar sus propuestas por países y grupos de países y le reservó al Mercosur un trato menos favorable. Considerando esta realidad, el Mercosur se dispuso a negociar en bloque con los Estados Unidos, con un formato de cuatro más uno. Creemos que así preservaremos mejor nuestros intereses que, de otro modo, se diluirían en una negociación entre 34 países heterogéneos. La desgravación por ser acordada se insertará en el contexto de la estructura plurilateral, válida para todos.
- "El énfasis sobre el acceso a los mercados presiona a la industria." Hay quien considera que la reconfiguración del ALCA según el modelo de las "tres vías" le quitará a nuestra industria elementos defensivos de negociación y la forzará a una mayor y más rápida liberalización. Recuerdo, resumidamente, que la concepción de las tres vías busca transformar el ALCA en un grupo concentrado en la eliminación de obstáculos al comercio de bienes y servicios (vía 1), dentro de un marco regulatorio simplificado aplicable a los 34 países (vía 2), librado de cuestiones sensibles para diferentes participantes, en respuesta a la exclusión de temas de nuestro interés por parte de los Estados Unidos. Esos temas serían tratados en la Organización Mundial del Comercio (OMC), según los mandatos de la Ronda de Doha (vía 3). Como se sabe, los procesos de establecimiento de áreas de libre comercio prevén la reducción a cero de las tarifas de importación, sea cual fuera su objetivo. Siendo así, al ser aceptada la negociación de un área de libre comercio se establece que la industria nacional deberá prepararse para convivir, excepto en casos particulares, con la inexistencia de restricciones aduaneras para los productos importados. Si eso es bueno o no es algo que puede ser discutido, pero nada tiene que ver con la estrategia propuesta por Brasil y sus socios. La conciencia de los intereses industriales se refleja en la defensa de la libertad para la política de compras gubernamentales y en la inclusión de cláusulas sobre industria naciente entre las condiciones de nuestra oferta.
- "El riesgo de aislamiento." Mientras se negocia por el ALCA, proliferan iniciativas bilaterales entre otros participantes en el proceso. Chile ya concluyó un acuerdo con los Estados Unidos. Se habla de Colombia y de la República Dominicana como futuras candidatas para seguir los pasos chilenos. Existe una percepción equivocada de que el Brasil y el Mercosur podrían correr riesgos en caso de que persistieran en su estrategia de redimensionar el ALCA. Estamos participando activamente en la Ronda de Doha en la OMC, negociamos un acuerdo Mercosur-Unión Europea y desarrollamos otras iniciativas con Africa, Medio Oriente, India, China, Rusia y sobre todo, América del Sur. En realidad, lo que se nota es que hay más demanda que oferta por Brasil y por el Mercosur. El riesgo es que no seamos capaces de corresponder a la expectativa de aproximación con un número creciente de socios, no lo contrario.
- "Debemos defender nuestros intereses, sí, pero dentro de un enfoque realista." Desde que se verificó que la noción de un "ALCA abarcador" ( comprehensive ) era un mito, dada la negativa norteamericana para tratar cuestiones de nuestro interés fundamental, como antidumping y subsidios agrícolas, los críticos de la posición del gobierno pasaron a defender una posición "realista". En la visión de estos críticos (explícitamente o no), realismo consiste en renunciar a algunas reivindicaciones esenciales y aceptar íntegramente, si no las demandas, por lo menos el modelo negociador propuesto por nuestros socios. Estos "realistas" son, en realidad, más realistas que el rey, pues los mismos norteamericanos admiten que, del modo en que iban las cosas, el ALCA estaba al borde del colapso. Además de ignorar nuestros intereses de largo plazo en áreas vitales, estos "realistas" dejan de considerar que no podemos gastar toda la munición negociadora en una etapa, porque podríamos necesitarla en otra, y parecen creer que la virtud trae consigo su propia recompensa, precepto irreal si es aplicado a las relaciones entre las naciones, sobre todo en el campo comercial.



