
Sigmund y la alegría
Por Graciela Musachi Para LA NACION
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El 6 de mayo de 1856 nació Sigmund Freud ("alegría", en alemán).
Si hoy consideramos esta fecha como un acontecimiento es porque Freud ha sido el inventor de un lazo entre las personas que no existía hasta entonces en la humanidad, dado que la relación entre el psicoanalista y el analizado no es reductible a la del amo y el esclavo, ni a la del discípulo y el maestro o a la del médico y el paciente. Menos aún a la del confesor y el penitente.
Sensible a las leyes del lenguaje y a las resonancias de la palabra, un psicoanalista lee en las palabras del que sufre su verdad ignorada, su goce rechazado, su amor inconfesable, su contribución a un destino fatal, su empuje siempre más allá para atravesar el sinsentido que lo anonada. Lee y también opera con su presencia abriendo una segunda oportunidad para esa vida.
"Si a menudo se equivocaba y a veces era absurdo/ para nosotros ya no era una persona/ sino todo un clima de opinión/ según el cual conducimos nuestras diferentes vidas:/como las condiciones meteorológicas, sólo puede traer dificultades o ayudar."
El diagnóstico de W. H. Auden, en su poema In memoriam Sigmund Freud , capta perfectamente que la incidencia del psicoanálisis va más allá de la moda de su lenguaje o de su práctica, pues ha contribuido a alimentar tanto las ganancias como los impasses de la cultura occidental.
Sin embargo, hay una pasión particular de la cultura argentina por el psicoanálisis. ¿O habrá que decir de la lengua castellana con el psicoanálisis? Difícil decidir, pero, en 1928, Freud (que padecía la traducción de su obra en distintas lenguas) elogiaba la traducción de Ballesteros al español. En 1935, Jones le comenta al maestro, al comparar las traducciones española e inglesa: "Resulta extraño que estemos detrás de España en este sentido".
Claro que si bien es verdad que España fue pionera en materia de traducciones, la temprana entrada del psicoanálisis en la Argentina (1910, según el mismo Freud lo relata en su Historia del movimiento psicoanalítico ) tuvo tal recepción que, a diferencia de la que encontró en España, no dejó de provocar pasiones amorosas y de las otras hasta nuestros días, pasiones que fueron y son personas que se dirigen a él en busca de una respuesta para sus vidas.
Por otra parte, tanto Melanie Klein (en la época freudiana) como Jacques-Alain Miller (en la de Lacan) han manifestado su asombro por el modo en que los argentinos Arminda Aberastury y Oscar Masotta transmitían el psicoanálisis en su país, ya que, gracias a ellos, pudo llegar luego a los países de habla castellana y portuguesa.
La única respuesta que tengo para la causa de este deseo del psicoanálisis en la Argentina es una confesión del mismo Freud a su amigo Fliess, en la carta 119. Yo soy, le dice, uno der wilden Pferden von dem Pampas ("de los caballos salvajes de las pampas").
Sólo un chiste, por su relación con el inconsciente, puede, en verdad, dar la respuesta.
O pueden responder aquellos que siguen acudiendo al psicoanalista, ya que el psicoanálisis es una práctica siempre viva, porque hace la vida más simple para aquellos que penan demasiado por ella.
Hacer la vida más simple era un criterio que servía a Freud para definir la cura psicoanalítica. ¿Es posible medir este "hacer la vida más simple"?
Cuando Sigmund Freud, en 1924, le dice a Jones que los norteamericanos serían los dueños del mundo dentro de cincuenta años y que ignorarlos era imposible, avizoraba un futuro. No para la humanidad, sino para cada uno. Un futuro en el cual el que se dejara llevar sería empujado -decía- a correr tras la última novedad y a eludir, mediante esquematismos, el trabajo necesario para orientar el "embrollo" que había costado una vida producir.
Simples instrucciones de uso o píldoras de la felicidad son recetas universales, y Chesterton lo expresó con su habitual gracia. El problema con las soluciones universales es que sirven para todos los casos, menos para los casos concretos.
El acontecimiento Freud celebra un sujeto singular. Una invención singular. Un nombre singular. Es algo posible para cada uno. Todavía existe el psicoanálisis.






