
Símbolos, un asunto peliagudo
Desde que se sentaron a la mesa, cada una de las partes hizo valer sus reclamos con ánimo levantisco, para nada conciliador. "A ver si presta más atención -le reprochó uno de los delegados de Carlos Menem al mozo-. Le pedí un bloody Mary cargadito, apenas espolvoreado con picaduras de muña-muña, no un licuado de sandía con moscato." El asesor de campaña de Néstor Kirchner no fue menos tajante: "A la calabresa, ¿entendió? Lomito de centolla a la calabresa, y que salga con fritas". Finalmente, una prueba más de que el horno no estaba para bollos la dio el jefe de relaciones proletarias de Adolfo Rodríguez Saá no bien el mozo le sirvió su copa Melba: "¿Qué burla es ésta? -bramó-. ¡Aquí falta la guinda!"
Debieron interceder veedores de la junta electoral para que los representantes del fragmentado justicialismo fueran al grano y dirimieran la repartija de símbolos de su folclore partidario, motivo de ese secretísimo cónclave convocado en el sótano de una fonda de extramuros.
Los símbolos del folclore justicialista son diversos, a cual más venerable. El himno Los muchachos peronistas (apodado cariñosamente "la marchita", y no porque haya perdido lozanía) tiene origen futbolero: era entonado por el coro estable de Barracas Juniors para alentar a sus bravos paladines, hacia 1915, pero un remozado estribillo y algunos ajustes orquestales le otorgaron solemne identificación descamisada. Dijo Igor Stravinski: "El allegro vivace que ejecutan los bombos, percutidos con trozos de manguera de jardín, el afiatado ensamble de matracas y cornetas y el ulular de muchedumbres suscriptas a la escuela del jingle habrían deleitado al mismísimo Beethoven, sobre todo luego de que el pobrecito contrajo irrecuperable sordera".
No menos apreciado es el escudo peronista, con un sol de un solo ojo y una sola rama de laurel, diseño inspirado en un distintivo del ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial, dice Hugo Gambini en su Historia del peronismo (Planeta, 2001). Pero como la matriz nazi del escudito fue piadosamente desestimada por los fundadores de la caudalosa corriente política, la tradición hizo luego lo que mejor sabe: decorar el pastel de la historia.
El hecho es que los representantes del dividido justicialismo no cedieron posiciones, ni siquiera luego de la segunda vuelta de ananá fizz , por lo que debieron encomendarse al veredicto de la Justicia. Por las dudas, mientras tanto, algunos emblemas sustitutivos están siendo ya urdidos.
Se sabe que el orfeón Los Alegres Puntanos ensaya de apuro la marcha Los muchachos adolfistas , cuya letra repite estos versos: " Default , default , ¡qué grande sos!" En Río Gallegos, talentosos diseñadores gráficos están bocetando un escudito en el que el sol de un solo ojo echa una mirada lánguida, de soslayo. Y aunque los menemistas casi decidieron que las boletas comiciales luzcan la efigie de su líder, subsiste una duda: muchos electores podrían suponer que son boletas truchas, como lo eran aquellos billetes que mandó imprimir Armando Gostanian en 1998 para impulsar la "rerreelección" del entonces presidente. "Más de uno creerá que se trata de otra broma del gordo", previno un conspicuo militante del sector.






