
Sobre la generosidad de los ricos
MIAMI.- El magnate mexicano Carlos Slim, que según algunos estimados es el hombre más rico del mundo, acaba de donar 500 millones de dólares a un fondo de ayuda sanitaria para América latina. Sin embargo, un nuevo estudio parece confirmar que los magnates latinoamericanos son mucho menos generosos de lo que debieran.
Según el Reporte de Riqueza Mundial 2007, un estudio sobre los inversionistas más ricos del mundo realizado por Capgemini y Merrill Lynch, los individuos más ricos de América latina sólo destinan el 3 por ciento de sus activos financieros a donaciones caritativas.
Comparativamente, los magnates asiáticos donan el 12 por ciento de su dinero, los de Medio Oriente el 8 por ciento, los estadounidenses el 8 por ciento y los europeos el 5 por ciento.
Según el Reporte de Riqueza Mundial 2007, que no cita a ningún magnate por su nombre, el bajo nivel de las donaciones de los ricos latinoamericanos no se debe a que les está yendo mal.
Los ricos latinoamericanos -definidos como la gente con más de un millón de dólares en activos financieros- vieron crecer su patrimonio en un 23,2 por ciento el año pasado, gracias a los precios récord del petróleo y otras materias primas de la región, dice el estudio. Comparativamente, los ricos de Africa vieron crecer su patrimonio en un 14 por ciento, en Asia un 10,5 por ciento, en Medio Oriente un 11,7 por ciento, y a nivel mundial en un promedio del 11,4 por ciento.
Mientras la población mundial de gente rica creció en un 8,3 por ciento el año pasado, en América latina creció en un 10,2 por ciento.
Sólo el 3 por ciento de los ricos de América latina solicitaron a sus bancos hacer inversiones socialmente responsables el año pasado. En Europa el porcentaje fue del 6 por ciento, en Estados Unidos del 8 por ciento, en Medio Oriente del 8 por ciento, y en Asia del 14 por ciento.
Cuando le pregunté en una entrevista telefónica a Ileana Van der Linde, una ejecutiva de Capgemini y coautora del reporte, el motivo del bajo nivel de filantropía en América latina, me dijo: "No creo que los clientes de América latina sean menos generosos que otros". Según Van der Linde, los ricos en América latina prefieren donar anónimamente, por miedo a ser blanco de secuestros o extorsiones.
Wojtek Sokolowski, un investigador del Centro de Estudios de la Sociedad Civil de la universidad Johns Hopkins, que compila una lista comparativa de donaciones en 36 países del mundo, señala que probablemente América latina carezca de una cultura de la caridad. "En los Estados Unidos, cuanto más donan los ricos, más estatus social tienen", me dijo Sokolowski. "En muchos países de América latina, las donaciones no constituyen un símbolo de estatus social".
Otros expertos dicen que las leyes fiscales y de herencia de los Estados Unidos ofrecen más incentivos a la caridad. Asimismo, dicen que las familias de los ricos latinoamericanos tienden a ser más numerosas que en Estados Unidos, y eso lleva a mucha gente a dejar más dinero a sus hijos y a destinar menos a la caridad.
Mi opinión: no hay duda de que los magnates latinoamericanos tienen buenas razones para no llamar la atención sobre su dinero cuando viven en la región del mundo con las mayores tasas de secuestros. Y tampoco se los puede culpar de tratar de pasar desapercibidos en algunos países en que líderes megalómanos quieren confiscar sus empresas para financiar sus sueños totalitarios. Sin embargo, el Reporte de Riqueza Mundial 2007 plantea serios interrogantes sobre si las elites empresariales latinoamericanas están siendo socialmente responsables.
La solución no es castigar a los ricos -lo que sólo haría que enviaran una mayor parte de su dinero al exterior, y sus países se volvieran cada vez más pobres- sino crear una cultura de la caridad que aclame como héroes a los empresarios más generosos. Eso ayudaría a todos, incluyendo a los ricos.




