
Suecia: crecimiento con protección
Por Edmund L. Andrews De The New York Times
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ESTOCOLMO
EN momentos en que los líderes mundiales están fascinados por el éxito económico de los Estados Unidos y su credo de menos gobierno e impuestos bajos, Suecia parece estar desafiando la ley de la gravedad económica. Éste es, después de todo, un país cuyo gobierno consume cerca de 60 por ciento de la economía nacional, muy por encima del 32 por ciento de los Estados Unidos. Los impuestos y los salarios se encuentran entre los más altos del mundo. Despedir a un trabajador perezoso es, en casi todos los casos, legalmente imposible.
Y los suecos están orgullosos de ello. Cuando el primer ministro Goran Persson introdujo, el mes pasado, sus planes presupuestarios, prometió: "Suecia consolidará su posición como una nación destacada de Estado benefactor". Incluso prometió crear otro beneficio: el derecho de todo ciudadano que llega a los sesenta y cinco años de tener un ayudante personal.
Superávit presupuestario
No obstante, este Estado benefactor que no ha cambiado prácticamente su estructura es una de las más pujantes economías de Europa. Y después casi tres decenios de falta de vigor económico, en que la producción per cápita descendió de ser la tercera del mundo al decimoctavo puesto, ligeramente detrás de Italia, la economía sueca se encuentra actualmente en medio de una poderosa transformación.
Aunque el Estado sueco sigue financiando la atención médica, la educación y muchos servicios sociales, ha desregulado sectores económicos como las telecomunicaciones y la energía, el transporte aéreo y la banca.
Como resultado, han prosperado las empresas nuevas y la alta tecnología. De hecho, buena parte del crecimiento proviene de empresas que no existían hace diez años. Las compañías de servicios y de tecnología de la información han eclipsado a los fabricantes tradicionales como la fuente principal de empleos nuevos.
"Se trata sobre todo de un repunte cíclico -dice Anne Wibble, economista en jefe de la Federación de la Industria Sueca-, pero es algo más. Consiste también en un avance importante en el sector privado de servicio: la nueva economía en red."
El crecimiento anual sueco es de aproximadamente 3,6 por ciento, mucho mayor que el de Europa en general y cercano al índice norteamericano. Corporaciones extranjeras como Ford y Microsoft están inyectando miles de millones de dólares en el país. El Estado, sumergido en deuda hace cinco años, ahora opera con un enorme superávit presupuestario.
El desempleo ha declinado de 8,2 por ciento, en 1993, a 6,1. De hecho, el área de Estocolmo tiene escasez de especialistas en computación, representantes de ventas y maestros.
Suecia no es la única nación que desafía los principios centrales del actual modelo estadounidense y británico. Francia, donde el gabinete socialista ha ordenado que la semana laboral oficial se reduzca a 35 horas, está creciendo en cerca del 3 por ciento anual, y su índice de desempleo de dos dígitos está descendiendo. Finlandia tiene altos impuestos personales y rígidos reglamentos de trabajo, y no obstante se ha convertido en un líder mundial en la industria de los teléfonos móviles. Holanda aún tiene generosos programas de bienestar social, pero ofrece bajos impuestos corporativos y flexibles leyes laborales a los empresarios.
Desregulación y nuevas empresas
El auge sueco es, para muchos, el más sorprendente de todos. Además de aferrarse a un sistema de seguridad que protege al ciudadano desde la cuna hasta la tumba, Suecia es uno de los pocos países europeos que se han rehusado a adoptar el euro como divisa común. Sin embargo, Suecia está creciendo más aceleradamente que la mayoría de sus vecinos. Alemania, responsable de una tercera parte de la economía total de la zona del euro, tiene previsto para este año un crecimiento de menos del 2 por ciento.
Nadie está hablando de un nuevo "modelo sueco" de crecimiento. Pero hace unos años este país era una buen ejemplo de cómo las buenas intenciones podían llevar a resultados desastrosos. En 1970, la producción sueca per cápita era la tercera del mundo, superada sólo por Suiza y los Estados Unidos. Pero, a medida que el sector público aumentaba desproporcionadamente, elevándose de una tercera parte a la mitad de la economía, los negocios y la productividad fueron siendo superados por el mundo en general. A nadie sorprendió que se estancara la creación de empleos. Y hoy, pese al repunte, la población ocupada es algo menor que en los años 70.
La pregunta es: ¿qué hay detrás del repunte actual? Un cambio importante es que finalmente se ha puesto en orden el presupuesto del Estado. Después de operar con abrumadores déficit presupuestarios a mediados de la década del 90, el gobierno socialdemócrata, aunque rechazó la mayoría de las demandas de recortar el Estado benefactor, procedió a elevar los impuestos personales e impuso severos límites al gasto. Las medidas fueron dolorosas, pero redujeron gradualmente el déficit y dieron a las corporaciones cierto margen para respirar.
Eso, sin embargo, fue sólo parte de la historia. Como Finlandia y Gran Bretaña, Suecia ha actuado mucho más rápidamente que la mayoría de los otros países europeos en la regulación de sus mercados. A partir de 1993, el país también relajó sus reglamentos laborales. Aunque los empleados de tiempo completo todavía están protegidos de despidos, ahora se permite contratar trabajadores temporarios que pueden ser suspendidos a voluntad de la empresa. El resultado ha sido una gran expansión de agencias de empleos temporarios.
Pero quizás el mayor cambio ha sido el surgimiento de empresas nuevas, muchas en el área de las telecomunicaciones y otras muchas otras nacidas de la pasión escandinava por Internet.
Según un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Suecia invirtió un porcentaje mayor de su producto bruto interno en conocimiento -investigación, desarrollo, adiestramiento y educación- que cualquier otro país en el mundo.
Hay diversas señales de que la nueva generación de empresas, y de empresarios, ha modificado la química básica de Suecia. La indicación más importante de esto es que el país siguió creciendo este año incluso cuando sus industrias básicas empezaron a trastabillar.
Como Alemania, tradicionalmente Suecia ha dependido en gran medida de las exportaciones industriales para su crecimiento.Y también como en Alemania, esas exportaciones se vieron duramente afectadas cuando los mercados asiáticos y ruso se desplomaron el año pasado. Pero, mientras la economía de Alemania se frenó, la de Suecia registró una aceleración.
Aumento del empleo
"Cuando estábamos haciendo nuestras proyecciones, hace exactamente un año, teníamos la preocupación de que el país pudiera sumirse en una recesión -recuerda Bjorn Oras, ejecutivo en jefe de la agencia de empleados temporarios Poolia-. En lugar de eso, todo siguió avanzando a gran rapidez." Con 6,1 por ciento, el índice sueco de desempleo es una tercera parte del de la Unión Europea.
Los economistas dicen que prácticamente todo el aumento de nuevos empleos en los últimos dos años provino de la iniciativa privada, y no del gobierno. "La rama de la tecnología de la información está impulsando, junto con ella, a toda clase de profesiones: economistas, contadores e incluso artistas -dice Per Lindberg, director de la Oficina de Empleos de Estocolmo-. Está cambiando la estructura del mercado laboral."
Muchos suecos, sin embargo, se mantienen cautos ante el futuro. En parte debido a su pesado programa social, la economía sueca frecuentemente ha pasado del auge a la recesión. Cuando la economía es fuerte, la recaudación del Estado se eleva mucho más rápidamente que sus gastos. Pero, cuando la situación se torna mala, el país es golpeado por la doble carga de mayores gastos sociales y menos inversión de capital.
Arvid Bohn, economista de la Federación de la Industria Sueca, ha pasado ya por estos grandes cambios. "Una cosa debe recordarse acerca de Suecia -dice-. Aquí no existen los aterrizajes suaves."





