
Supuestas desventajas de las listas sábana
Por Alberto A. Natale Para La Nación
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Nuestro país tiene un buen sistema electoral, que es el que mejor se compadece con el pluralismo político argentino. El régimen de representación proporcional, ensayado en el orden nacional en la Convención de 1957 y adoptado definitivamente desde 1963, asegura una adecuada representación de los distintos componentes de la vida política.
La aplicación está expandida en todo el mundo y sus primeros antecedentes provienen de Noruega (1814), varios cantones de Suiza (1891), Rumania (1902), Suecia (1909), Dinamarca (1915), Holanda (1917)... y podríamos seguir la prolongada enunciación. Hay, por cierto, otros sistemas, como el mayoritario simple de Estados Unidos e Inglaterra, que consolidó el bipartidismo (en Gran Bretaña, a expensas del Partido Liberal), o el sugestivo método de Alemania, que permite una representación proporcional singularizada, sólo aplicable porque en cada Land se elige un alto número de diputados, o el sofisticado sistema de Irlanda, con el cociente Droop. Pero el sistema de representación proporcional es el que cuenta con mayor número de adhesiones en el mundo.
La práctica argentina de elegir simultáneamente autoridades nacionales, provinciales y municipales (no ocurre así en todos los distritos, por ejemplo en Santa Fe), determina que se formulen fuertes cuestionamientos a las llamadas listas sábana, a las que se atribuye el descrédito de aquellos representantes legislativos que son votados en forma casi desconocida, al amparo de las candidaturas ejecutivas (presidente, gobernador, intendente). Desde luego que esto generalmente no es así, ya que en razón de que en los períodos intermedios hay sólo elecciones legislativas, que en la mayoría de los distritos se elijan pocos legisladores (salvo en la provincia de Buenos Aires, donde se escogen 35 cada dos años) y que disputen las bancas varios partidos, en los hechos la elección se personaliza bastante. De allí que la mentada lista sábana, con todos los males de representatividad y calidad que se le atribuyen, podríamos decir que queda circunscripta a Buenos Aires, o eventualmente a otros distritos grandes, especialmente en los años en que también se vota por magistraturas ejecutivas. Pero, como una muletilla, se repite que hay que terminar con las listas sábana, sin saber bien de qué se trata ni proponer reformas sustanciales sobre la materia.
Recientemente, el último ministro del Interior del anterior presidente de la Nación, hoy senador nacional, propuso un nuevo sistema dual: en los cuatro distritos grandes (Capital, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe), la mitad de los legisladores se elegiría por circunscripciones uninominales, y la otra mitad, por representación proporcional; en el resto de las provincias se mantendría la representación proporcional. La proposición merece serios reparos. Primeramente, no es admisible que la Nación establezca sistemas electorales diferentes para unas provincias y para otras. La Constitución determina un régimen común para todos los distritos (artículo 45 y siguientes). Pero lo más grave es que la idea distorsiona totalmente la representación. Si aplicásemos este sistema a los resultados realmente producidos en 1995, el justicialismo hubiera conseguido en Buenos Aires 27 diputados en vez de los 20 que le correspondieron; en Santa Fe, 7 en lugar de 4, y en Córdoba, 6 frente a los 4 que obtuvo. Efectuando igual ejercicio respecto de los resultados de 1999, la Alianza, con el sistema propuesto, habría logrado en la Capital 10 diputados en vez de los 8 que alcanzó; en Buenos Aires, 27 en lugar de 16; en Córdoba, 7 frente a 4; en Santa Fe, 7 y no 4 como le correspondieron (1). Todos esos diputados de más, a costa de los otros partidos. ¿Qué ocurriría en 2001 si el gobierno tuviese un traspié electoral? Pero no es el caso de hacer especulaciones políticas o electorales, sino el de señalar cómo se distorsiona la voluntad ciudadana aplicando el sistema que cuestionamos.
Mayorías distorsivas
En puridad, salvo el caso de la provincia de Buenos Aires, por el gran número de diputados que elige, y en menor medida en la Capital Federal o en los otros distritos grandes cuando un partido consigue 4 ó 5 representantes, en la mayor parte del país el ciudadano tiene oportunidad de conocer a quien, en definitiva, está votando. Además al optarse por una lista, se están eligiendo representantes que actuarán de consuno, integrando bloques parlamentarios, exponiendo el pensamiento, las ideas, el estilo, del partido político cuya lista integran.
Reinstalar el sistema de circunscripción uninominal (que tuvo malos antecedentes en la segunda presidencia de Juan Domingo Perón), aunque fuera parcialmente, bajo la excusa de terminar con las listas sábana sería nocivo para la representación política, favorecería la conformación de mayorías distorsivas del equilibrio de poder, alteraría las bases de la convivencia representativa.
Existen métodos para evitar los males atribuidos a la lista sábana. Si el sistema alemán es impracticable entre nosotros porque allá cada estado federal elige 50 diputados cada cuatro años, la separación de las elecciones nacionales y las locales facilita la selección de los ciudadanos. Asimismo, si nuestra representación proporcional es de lista cerrada y bloqueada, porque el orden de las candidaturas no puede ser alterado por el elector, también se conoce en otros países la lista cerrada y no bloqueada, donde el elector no puede agregar candidatos extraños pero puede alterar el orden en que están ubicados, y el de lista abierta, en el que el elector puede suprimir candidatos de una lista, agregar de otra o incluso nombres no oficializados. Son variantes que permiten personalizar el sistema de representación proporcional, manteniendo siempre sus esencias. Posibilidades que tienen experiencia en el derecho comparado y que vale indagar para su aplicación entre nosotros.
Volvamos al principio. El sistema electoral de representación proporcional, instalado en nuestro país en forma constante desde 1963, es bueno, cuenta con la aplicación mayoritaria en los países del mundo y resulta superior a cualquiera de los otros que practicamos antes. Puede mejorarse y hay variantes conocidas que merecen ser analizadas, pero manteniendo siempre sus principios esenciales. Tengamos cuidado de sacrificarlo por otros de probada experiencia negativa, con el propósito de terminar con el sambenito de las listas sábana, ya que no es cuestión de desvestir a un santo para vestir a otro. Particularmente cuando el que tenemos está bien pertrechado, aunque siempre pueda acicalarse.
© La Nación
(1) Para el cálculo se toman los resultados electorales por distrito provincial, suponiendo que quien más votos obtuvo los alcanzó también en cada circunscripción uninominal en que debe dividirse la provincia. Podría caber alguna pequeña modificación según la conformación de las circunscripciones.



