
Susana Pataro, una argentina en misión diplomática y conservacionista
Es, desde hace tres meses, la nueva embajadora en Nigeria. Desde allí atiende los asuntos de otros 21 países africanos que, tras el cierre de embajadas en 2002, quedaron bajo su jurisdicción. Pero a este desafío mayor en un continente diezmado por las guerras añade otro: demostrar que es posible combinar la diplomacia con la protección de especies en peligro de extinción Susana Reinoso LA NACION
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No hay diplomático que no anhele, por encima de cualquier otro, un destino profesional en particular. María Susana Pataro consiguió alcanzar, hace tres meses, ese "destino singular" del que nadie escapa, según el poeta Charles Bukowski. Conservacionista militante en favor de chimpancés y gorilas de montaña, dos especies en peligro de extinción que fatalmente pagan las cuentas de las guerras inacabables en Africa, y activa proteccionista del patrimonio cultural y natural mundial, es la actual embajadora argentina en Nigeria y se convirtió así en la primera diplomática argentina en Africa.
Apenas se instaló en Abuja, la nueva capital político-administrativa de ese país empobrecido, de casi 150 millones de habitantes, comenzó a adaptarse a la vida cotidiana cuyas dificultades no hacen diferencias entre ricos y pobres. El destino profesional de la embajadora Pataro no es sencillo. Nigeria es un país complejo y duro. Como dice a LA NACION desde Abuja, vía correo electrónico: "Este es un país de paradojas profundas. Es uno de los primeros productores de petróleo del mundo, tiene grandes riquezas minerales y tierras arables, pero su población es profundamente pobre, carece de alimentos, de electricidad, de servicios sanitarios".
Precisamente la pobreza del país se extendió cuando mudó su perfil agrícola por el de país petrolero. El ecosistema que conoció el esplendor de los manglares, recuerda Pataro, "se convirtió en una tierra yerma y devastada". Ello, no sólo por los efectos ambientales de la explotación petrolera, sino además por el accionar de los grupos rebeldes que reivindican los derechos de las comunidades sumidas en la miseria.
La producción petrolera de Nigeria se ha reducido en los últimos tres años, a causa de la violencia, de 3,2 a 1,6 millones de barriles al día. La mayor violencia tiene lugar en el Delta del Níger, al sur del país, el 90% de cuya renta deriva de la exportación del crudo.
Pasión por Africa
Pataro eligió la antropología al formarse en la UBA y poco después ingresó en el Servicio Exterior de la Cancillería argentina. Años más tarde hizo un posgrado en integración política y económica europea en Italia. Desde 1976 ha desarrollado su carrera diplomática en Francia, Grecia e Italia, y fue delegada permanente alterna en la delegación argentina ante la Unesco durante siete años.
Ser embajadora en Nigeria representa, además, un enorme desafío para una mujer, si se recuerda el caso de Amina Lawal, la joven mujer musulmana que hace cinco años estuvo por ser lapidada en forma cruenta por haber tenido una hija luego de su divorcio. Hace apenas nueve años que Nigeria prohibió la mutilación genital femenina.
El destino singular de la embajadora Pataro comprende, además de Nigeria, 21 países bajo su jurisdicción. Este cúmulo de trabajo recae sobre una misma delegación diplomática debido al cierre de embajadas que la Argentina ordenó durante la presidencia de Eduardo Duhalde, poco después del colapso económico de 2002. "No es una situación ideal para ningún embajador", admite Pataro aplicando las reglas al uso, "sobre todo porque en Africa las comunicaciones no son buenas. Los vuelos son agotadores e interminables, con muchas escalas hasta para ir a un país vecino".
Uno de los temas más sensibles para la delegación diplomática argentina en Abuja es asistir a los connacionales diseminados en ese conjunto vastísimo de países que tiene bajo su jurisdicción, muchos de los cuales están de paso ya sea por turismo o por negocios.
"La cooperación en materia consular con Brasil nos ha permitido en muchos casos sortear las dificultades, pero sin duda el mayor desafío sería ampliar en número de embajadas", sostiene.
En Abuja hay postales diarias imperdibles, cuenta la diplomática. Algunas que hay que aprender a sobrellevar, como los 17 cortes de electricidad diarios o la falta de opciones de entretenimiento al estilo occidental, como cines, restaurantes, museos, teatros. Pero otras se disfrutan, como el orden y la limpieza de una ciudad austera, que contrasta fuertemente con la caótica Lagos, la antigua capital del país y centro financiero. Pero a poco de pasar las amplias avenidas, fuera de los bordes de esa ciudad sin alternativas de ocio, aparece la cruda postal de un pueblo sumido en el infortunio de una miseria inenarrable. "Allí se ingresa en la verdadera Nigeria, de barrios humildes, calles de tierra, mercados callejeros, circulación trepidante y rutas mal mantenidas", dice diplomáticamente.
Optimista y decidida a estrechar vínculos entre la Argentina y su actual país de residencia, la diplomática dice que el deporte es un pasaporte extraordinario de acercamiento entre ambos países. Apenas presentó sus cartas credenciales ante el presidente Umar Musa Yar Adua, un musulmán del Estado de Katsina, quien la recibió con el canciller Ojo Maduekwe, cristiano del sur del país, ambos la felicitaron por el desempeño de Lionel Messi en el encuentro del Barcelona con el Manchester, hace tres meses.
Estudiosa de la realidad africana, la embajadora se entusiasma al señalar que "hablar sólo de hambre y violencia es sesgar la mirada sobre Africa . Hay países que están creciendo más allá del cinco o seis por ciento anual, pero eso no sale en los noticieros".
Su proximidad con un país entrañable para ella, como la República Democrática del Congo, le permitirá despuntar su apasionada labor como conservacionista. "Muchos ven una contradicción entre ser diplomática y conservacionista. Hay que entender que los conflictos de las comunidades con la conservación obedecen a muy distintos motivos. Históricamente se ignora a la gente cuando se crean sitios. Bien dicho está que la conservación sin la gente y sin los recursos sólo es conversación", señala.
Y se extiende: "Hace poco, Internacional Global Witness publicó un estudio sobre la relación entre la persistencia del conflicto en el Congo y la explotación ilegal de recursos minerales con destino a Europa y Asia. Vale decir que la destrucción de los sitios protegidos obedece no sólo a la actitud de las comunidades aledañas, sino que ellas suelen ser las víctimas de mayores violencias, provocadas por los intereses económicos que nacen a miles de kilómetros de esos países".
Y deja miga para la reflexión: "Nuestros modos de vida y de consumo son la contracara de las tragedias de muchos países africanos: tala ilegal, tráfico de especies vivas, destrucción de ecosistemas. El momento más cruento de la guerra civil en el Congo, en 2000, coincidió con la presentación de un nuevo modelo de playstation. Los señores de la guerra obligaron a los agricultores a abandonar sus prácticas para lanzarse a la explotación del coltán, mineral que se aplica a la telefonía celular. La gente, para sobrevivir, tuvo que salir a consumir la fauna salvaje, lo que provocó estragos en el ecosistema".
Una potencia dormida
La diplomática sabe que está en un país clave para fortalecer el acercamiento con la Argentina. Nigeria es la segunda economía de Africa, después de Sudáfrica, y allí conviven 250 etnias diferentes. "Todo el mundo pasa por acá, menos el presidente Obama, que eligió Ghana para dar su mensaje al continente. Algunos dicen que es una potencia dormida, otros opinan que es una potencia paralítica, pero tiene un peso regional innegable", sostiene la embajadora, que en lo inmediato pondrá manos a la obra en una página web dirigida a empresarios, hombres de negocios, académicos y universitarios interesados en intercambios con pares de Nigeria. "Dada la gran riqueza cultural que tiene este país, sería estupendo conseguir un diálogo intercultural sur-sur sin intermediarios", señala Pataro.
"Desde el puente cultural, las distancias se vuelven más aparentes que reales", expresa. En agosto próximo, la embajadora argentina se dará un baño de cultura nigeriana en forma. Se trata del Festival de Osogbo, a orillas del río sagrado del mismo nombre, en el que se rinde culto a la deidad Osun, y que ha sido declarado patrimonio cultural de la Humanidad por la Unesco.
Quién es
Nombre y apellido:
María Susana Pataro
Trayectoria diplomática:
Licenciada en Ciencias Antropológicas, se graduó como tercera secretaria de embajada en Cancillería en 1976 y en 2005 fue promovida como embajadora extraordinaria y plenipotenciaria.
Defensora de la biodiversidad:
Experta en preservación del patrimonio y conservación de la biodiversidad, coordinó seminarios internacionales y conferencias relacionadas con esa temática.
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