
Tensión religiosa en Nigeria
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La situación en Nigeria parece haber entrado en una etapa llena de dificultades. Según noticias recientes, una milicia cristiana habría atacado la ciudad de Yelwa, en el centro del país, ultimando a cientos de sus habitantes de religion musulmana. El clima social comienza a ser inquietante.
Esta nueva ola de violencia, impregnada de fanatismo religioso, enfrenta a pastores musulmanes de la etnia Hausa-Fulani con agricultores cristianos de la etnia Tarok.
El recrudecimiento de estos choques interreligiosos en un país de más de cien millones de habitantes, que tiene más de doscientas etnias diferentes, dividido casi igualitariamente entre los cristianos del Sur y los musulmanes del norte, genera en la comunidad internacional una cuota creciente de preocupación. Existe el temor de que este tipo de enfrentamientos (que, en algunas zonas del norte de Nigeria parecen haber crecido significativamente en número e intensidad) se extienda por todo el país.
Las confrontaciones que se están desarrollando en esta nación africana -aunque no tienen por ahora el carácter de un conflicto generalizado- conforman un problema serio, que por cierto no es de ninguna manera novedoso: el de las intolerancias que conspiran contra la coexistencia de personas de la misma nacionalidad, pero de etnias diferentes.
Nigeria, que en las últimas décadas ha jugado un interesante papel en el escenario regional, de tono siempre pacificador, debe ahora poner énfasis en tratar de evitar y controlar sus diferencias domésticas. Obviamente, quien no tiene su propia casa en orden difícilmente puede ser convincente a la hora de ayudar a terceros.
El rol de Nigeria en la región y su influencia están, pues, en juego. Si las crisis internas se extienden, el país comenzará a perder su bien ganada presencia regional cuando se presente la necesidad de asegurar el mantenimiento de la paz. Sería realmente lamentable.






