
Todos aportan a la agenda de la corrupción
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En las últimas semanas, la corrupción pasó a ser el tema central de la agenda mediática y la conversación pública local. Así como, en el orden internacional, la guerra en Medio Oriente desplazó del foco de atención al indefinible limbo venezolano y a la invasión rusa a Ucrania, aquí el caso Adorni les dio cierto respiro a los que venían transpirando por las revelaciones que se han sumado últimamente en los casos Libra, Andis y AFA. Aunque, como los detalles comprometedores de estos escándalos no dejan de salir a la luz, las páginas de los diarios y las pantallas de los canales de noticias pasan de un caso al otro, sin solución de continuidad y no siempre hundiendo el cuchillo en los hechos con la misma imparcialidad. Tanto chanchullo junto nos recuerda el país en el que vivimos, donde el curro es deporte nacional, desde la tímida mordida hasta el saqueo brutal, y donde las causas judiciales que deberían contener la afición del poder por el dinero público y los privilegios producen mucho ruido y pocas condenas. Condenada en una de estas excepciones, precisamente, la expresidenta suma también su aporte a este festival del escándalo, en el que hay para todos los gustos y en el que pocos se salvan.
Quien sudó la gota gorda esta semana es el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Ha sido tan duro y enfático con aquellos que aprovechan al Estado en su propio beneficio que ahora la gravedad de los meneados vuelos y de las propiedades no declaradas se vio multiplicada por una ley natural: al que pontifica desde el púlpito no se le perdona el más mínimo pecado venial. La ley del karma también le jugó en contra: maltrata a los demás y serás maltratado. El exvocero presidencial suele dirigirse a periodistas y opositores, en ruedas de prensa y en las redes, con una soberbia que sabe a desprecio. La certeza libertaria de ser dueños de la única verdad posible, que tanto daño le hace al mismo gobierno. La palabra “fin” con la que cierra sus tuits, que da por cerrada unilateralmente la conversación mientras impone la última palabra, contradice un principio democrático básico. El Presidente, que al respaldar a su ministro calificó de “conjunto de ignorantes con déficit de IQ” a los periodistas que cubren el caso, no ayuda con el ejemplo.
El caso de la Andis y el de la AFA son dos muestras de continuidad en el país de la inestabilidad
Las “distracciones” de Adorni suponen sumas irrisorias si se las compara con el monto del robo por el que Cristina Kirchner fue condenada en la causa Vialidad, por el que la Justicia decomisará la friolera de 685.000 millones de pesos. La diferencia de ceros debería taparles la boca a los kirchneristas que ahora se rasgan las vestiduras ante el affaire Adorni. Ni hablar de la suma que puede arrojar el saqueo en la causa de los cuadernos, en la que Cristina ensayó, hace unos días, y ante la falta de argumentos, la misma defensa política de siempre en ese tono altanero que ya no convence a nadie.
El abismo en la escala tiene una razón: el latrocinio kirchnerista fue ejecutado por políticos que ascendieron a la cima del poder con el objetivo de enriquecerse a lo grande. Políticos profesionales. Sobre todo, profesionales en esto de hacerse del dinero público, y por eso llegaron a la Casa Rosada con el esquema de extracción bien pensado. Esto contrasta con lo que revelan algunas derivaciones del caso Libra, donde lo que se ve hasta ahora es el arrojo de un amateur muy busca que en medio de un emprendimiento en ciernes conchabó a Javier Milei como recurso de marketing, un contrato modesto que aseguraba a ambas partes una economía, digamos, de subsistencia. Cuando el libertario llegó de pronto a la presidencia, el emprendedor pensó que tocaba el cielo con las manos. Y aprovechó la volada. Había que monetizar al Presidente y la ambición lo pudo. Fue un salto muy grande y el escándalo de la criptomoneda Libra, donde la cifra del presunto ilícito ya no es chiste, le estalló en las manos. También a Milei, que en ese salto triple al sillón de Rivadavia no supo o no quiso desprenderse de amistades o socios que no condicen con la responsabilidad que supone su cargo. De la ingeniería del robo a escala industrial de los Kirchner a un “currito” al principio legal que después se va temerariamente de las manos en dudosas aventuras, hay de todo en esta tierra cuando de prosperar a cualquier costo se trata.
El caso de la Agencia Nacional de Discapacidad, que le quita el sueño a Karina Milei, y el de la AFA, son dos muestras de continuidad en el país de la inestabilidad, casta de la casta que sigue haciendo su agosto con toda impunidad mientras se suceden los gobiernos de uno y otro signo. Las burlas a la ley en la AFA son tantas y están tan a la vista que parece mentira que todo siga como si nada.
A esta agenda tan nutrida en casos de corrupción habría que sumar también las novedades que se han dado estas semanas en la Justicia, entre ellas el nuevo ministro del área, aunque es muy pronto todavía para saber cómo incidirán en este tablero tan opaco: si amparando la oscuridad o echando luz sobre todo aquello que el poder, en todas sus formas, quiere mantener en las sombras e impune. El problema es que muchos de los que deben impartir justicia en nombre de los ciudadanos, incluso los que ocupan importantes cargos ejecutivos, son también casta de la casta. Una cosa es segura: mientras robar sea gratis, la agenda de la corrupción seguirá creciendo.






