Tozudez
Cuando el socialista François Mitterrand se hizo cargo por primera vez de la presidencia de Francia en 1981, su primer ministro Pierre Mauroy tomó varias medidas polémicas; algunas favorecían a las clases populares: adelantó la jubilación para los varones a los 50 años; para las mujeres, a los 55; y redujo las horas semanales de trabajo a 35; otras decisiones inquietaron a las clases pudientes: creó un impuesto a la riqueza; nacionalizó varios importantes bancos privados; e hizo lo mismo con poderosos grupos industriales como Rhône-Poulenc, Saint-Gobain y Thomson Brandt.
Los capitales huyeron a Suiza. Como las leyes en favor de los trabajadores exigían un fuerte gasto del Estado, las arcas se fueron vaciando, la inflación se aceleró; y el desempleo creció. Mauroy fue reemplazado por Laurent Fabius que, en lo económico, giró a la derecha; dejó de estatizarlo todo y volvió a privatizar empresas que acababan de ser nacionalizadas. Contrarrestó esas resoluciones con otras, convenientes para trabajadores y empleadores. El establishment se reconcilió con ese socialismo señorial.
Mitterrand presidió Francia durante catorce años. Casi un rey. El pragmatismo y la inteligencia pueden más que la tozudez ideológica.








