Treinta años de la Universidad de La Matanza

Daniel Martínez
Daniel Martínez PARA LA NACION
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30 de septiembre de 2019  • 04:20

Hace unos años había terminado de cursar mis estudios universitarios en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora; como vecino de La Matanza soñaba con la posibilidad de que los habitantes de nuestro partido pudieran contar con una Universidad cerca de nuestro territorio. Fue un sueño compartido con colegas, compañeros de estudios y vecinos. Empezamos a darle forma a la idea de una sede de la Universidad de Lomas de Zamora en el partido de la Matanza. Luego de intensas gestiones, el diputado Alberto Pierri impulsó un proyecto de ley para la creación de la Universidad Nacional de la Matanza,

Una vez sancionada la ley, comenzó un sueño y un tremendo desafío: organizar un equipo de personas capaces de empezar de cero para construir a un mediano plazo una casa de altos estudios, ubicada en los alrededores del centro de San Justo, en el corazón del partido de La Matanza. Construir una Universidad para la movilidad social ascendente, donde los chicos puedan encontrar en la formación una respuesta para una vida plena en uno de los municipios más castigados por la pobreza y la exclusión de la Argentina.

Teníamos un sueño y nada más. Teníamos sí la Ley sancionada y un viejo terreno abandonado de una ex automotriz. De todo lo demás, teníamos la nada misma. Formación del equipo, ronda de consultas y un trabajo exhaustivo de experiencia comparada en diversos países del mundo y la Argentina, iluminaron el camino, para la organización, el estatuto y la columna vertebral de eso que imaginábamos casi imposible.

Todo era lejano, todo difícil, sobraban trabas y faltaba todo. La paciencia, el empuje y la garra de ese grupo de personas empeñadas en hacer cumplir la ley dio sus frutos. La organización venció las trabas; el rigor académico, el orden, el respeto por la diversidad y la excelencia y calidad de nuestros docentes y no docentes llenó las aulas. El gigante comenzaba a despertar.

Nos emociona saber que el 85% de los estudiantes de nuestra universidad son primera generación de universitarios. Es decir, alumnos miembros de familia que por primera vez tienen un estudiante universitario en su seno. Eso es movilidad social, es universidad para la inclusión. Los actos de colación de grados asisten familiares directos, indirectos, vecinos y amigos del barrio. Lograrlo es el fruto del esfuerzo; y es reconocido y festejado por el entorno del alumno.

En 30 años pasaron 115.000 alumnos por sus carrera de grado y hemos dado a la comunidad 22.300 egresados. También hay 18.500 profesionales con título de pregrado. Hoy estudian en la Universidad de La Matanza más de 60.000 alumnos.

Estamos orgullosos de ser la universidad con el más alto índice de graduados de todo el sistema universitario tanto público como privado, contamos con el índice más bajo de empleados por alumno. La realidad es una sola, más allá de interpretaciones; los resultados están a la vista.

El autor es Rector de la Universidad Nacional de la Matanza

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