
Tres pasos útiles para llegar a fin de mes
Los presupuestos que no permiten cierto entretenimiento están destinados a fracasar
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Los precios continúan su camino ascendente y los salarios, a través de las paritarias, también; aunque menos que proporcionalmente.
Muy atrás quedaron los tiempos en los que las familias podían valerse del ingreso que el hombre aportaba: hoy en día trabajan todos los que pueden y así y todo llegar a fin de mes es cada vez más complicado.
Esta imposibilidad puede deberse a varios factores, pero podemos destacar dos:
1) El grupo familiar tiene un ingreso muy bajo (digamos que gana menos de 4000 pesos mensuales) y por más malabares que haga, las cuentas no cierran.
2) El grupo familiar tiene un ingreso medianamente aceptable (cerca de los 12.000 pesos mensuales) y existe una mala organización que hace que el dinero se evapore sin saber bien en qué se va.
En la situación 2, de la que nos ocuparemos, la posibilidad de llegar a fin de mes es algo tangible, y si no se está logrando tiene que ver más con temas de prejuicios, mala organización y decisiones equivocadas, que con la coyuntura general.
Veamos entonces tres simples pasos para lograr que el dinero alcance hasta el último día del mes y, si se puede, se genere también un excedente como para poder ahorrar unos pesos o, al menos, darse algunos gustos que ahora parecen lejanos.
Paso 1: desconfiar de las promociones engañosas y tener en cuenta los gastos secundarios.
La modalidad de descuentos, en un rango de 10-25%, parece haber llegado para quedarse.
Lamentablemente, muchas veces al hacer una evaluación nos encontramos con que el precio de algunos productos aumenta de valor en esos días, para luego volver a bajar cuando termina la promoción, anulando la misma a fines prácticos.
Algo parecido sucede con las compras en cuotas, con productos que ya tienen "incluido" en el precio, el costo de financiar al comprador del producto.
Realizar un estudio profundo antes de comprar y no tentarse con falsas promociones puede ser una buena medida para optimizar los gastos.
Con respecto a las erogaciones que se producen durante el mes, podemos introducir una nueva categoría que tiene que ver con los gastos derivados o secundarios.
Aunque parezca difícil de creer, son muchas las personas que se enteran del precio del producto que están comprando en el preciso instante en que lo están por pagar en la caja, y terminan llevándolo igual por más exorbitante que sea el costo porque les da vergüenza asumir que no pueden afrontar ese gasto.
Pero detenerse a mirar el precio de lo que se desea comprar es una condición necesaria pero no suficiente: también hay que analizar si lo que estamos por adquirir tiene o no gastos relacionados, es decir, que indirectamente derivan de su compra y que muchas veces pueden ser incluso mayores que lo que pagamos por él.
Ejemplo de esto es comprar un perro como mascota pensando solamente en el costo que se paga en primera instancia, sin tener en cuenta todos los gastos que esa adquisición traerá aparejada en alimento, veterinaria, paseador, etcétera.
Paso 2: bajar el ritmo gradualmente y organizar grupos de compras.
El mejor camino para boicotear cualquier intento de cambio de hábito, para personas que tienen problemas para llegar a fin de mes, pasa por reducir todos los gastos que generan placer, ya que los presupuestos que no permiten cierto entretenimiento están destinados a fracasar.
Por ejemplo: si estás acostumbrado a comer afuera cinco veces por semana, bajar el ritmo a un máximo de dos salidas semanales parece más adecuado en un primer momento que suspender directamente las salidas.
Por otro lado, para evitar el "ahogo financiero" necesitamos equilibrar las cuentas pero abandonando la menor cantidad posible de cosas que nos gustan.
La diferencia de precios entre los productos que se ofrecen en mayoristas o en el Mercado Central, con respecto a los supermercados o comercios minoristas es muy importante: en algunos casos puede llegar al 80%.
Una posibilidad de ahorro está en organizar un grupo de compras con otras familias amigas donde distintas personas se vayan turnando para llevar a cabo las compras generales.
Paso 3: realizar reciclajes mensuales y hacerse responsable de las finanzas personales.
Las personas normalmente adquieren cosas inútiles o repetidas: media docena de zapatos durante la misma estación u objetos que no utilizarán nunca, pero que igualmente compran porque "estaban de oferta". Ante el miedo de que la inflación se "coma sus ahorros", son muchos los individuos que salen a comprar furiosamente cosas que luego no utilizarán o que ya habían adquirido previamente.
El realizar reciclajes de cajones, placares y estantes de la casa ayuda a tirar cosas viejas que no volverán a utilizarse o que nunca se utilizaron, lo que a su vez tiene un doble beneficio: tomar conciencia de las compras sin sentido realizadas en el pasado buscando que no se repitan, y tener mayor control de lo que verdaderamente hace falta para la casa.
Con respecto al tema de la responsabilidad que tiene cada uno en cuanto a las finanzas personales, es muy común escuchar que la gente no llega a fin de mes porque los precios aumentan todos los días.
Negar que vivimos en un país inflacionario sería una ceguera: una inflación real cercana al 20% anual (una de las más altas del mundo) puede deprimir a cualquiera.
Pero los sueldos también aumentan y los ingresos de los comerciantes crecen, dado que el miedo de la gente a quedarse con dinero que pierda valor hace que consuma más.
La inflación es nociva para todos (aunque no en la misma medida ya que la gente de bajos ingresos la padece más que los estratos altos) pero no puede ser culpable de la mala administración que muchos hacen de sus finanzas personales.





