
Triangulación: cuando somos el tercero en discordia
La triangulación consiste en contarle a un tercero un mensaje que esa persona debe entregarle directamente a alguien más. Esta forma de actuar no se agota con una explicación, pues toda conducta humana responde a una multiplicidad de factores que no tenemos la intención de analizar aquí. Esta es solo una de las tantas descripciones del tema.
El ariete
En la antigüedad se usaba un arma de guerra, llamada ariete, para derribar puertas o murallas fortificadas. El ariete era un tronco grande y pesado con un extremo de metal que era cargado e impulsado entre varios con el fin de derribar un obstáculo.
Muchas personas cumplen la “función de ariete”, es decir que son usadas por alguien para golpear a otro. Esto puede tener lugar en el ámbito familiar, escolar, laboral e incluso entre amigos. Utilizar un ariete es una forma habitual de comunicación en la que una persona, por ejemplo un empleado de oficina, no se comunica directamente con otro; en cambio, lo hace con un tercer empleado para que este tome parte en un asunto.
Los miembros de una pareja que se ha separado muchas veces usan a los hijos como ariete, porque entre ellos no se hablan: “Decile a tu padre/madre que…”.
La versión actual del ariete que más observamos es aquel que publica un problema con alguien en una red social, solo para comprobar quiénes “comentan” o a quiénes “les gusta” su estado y toman partido por él, que se ha colocado en víctima.
Las partes intervinientes en una triangulación
- El que no se atreve a enfrentar a alguien y precisa un ariete
Esta persona busca ayuda de manera incorrecta. Lo más adecuado sería decir: “Por favor, ¿podrías hablar con él/ella porque nos hemos distanciado?” Si el otro acepta, se convierte en mediador para intentar hallar una solución sin que haya violencia de ningún tipo.
- El manipulador
Esta persona pretende causar un impacto directo, para lo cual asume el rol de víctima o simula cuidar al tercero involucrado: “Tené cuidado que no te haga lo mismo que a mí”. Esta actitud por lo general genera incertidumbre y desconfianza. En ambos casos, no existe la intención de resolver el problema sino de dañar a alguien colocando a otro en el medio.
Todo triángulo, donde se involucre a un tercero que nada tiene que ver en la cuestión, está con frecuencia condenado al fracaso porque no busca una solución; por el contrario, puede provocar más inconvenientes. ¿Por qué? Porque suele incluir la agresión. La mayoría de los que acostumbran a triangular se consideran víctimas de la situación. Y lo cierto es que la gente “compra” la victimización. Esta podemos hallarla en las siguientes tres variantes:
•Víctima de sí mismo.
•Víctima de los demás.
•Víctima de las circunstancias.
Hacerle creer a los demás que uno es una víctima es solamente una forma de manipulación pasiva, casi siempre para lastimar a una persona con quien existe un conflicto.
¿Podemos evitar la triangulación?
Sí, pero la resolución de cualquier problema interpersonal requiere, en primer lugar, el deseo sincero de encontrar la mejor salida. Siempre es necesario hablar directa y claramente con la fuente. Por último, se debe buscar un mediador: alguien que cumpla la función de intermediario para que las dos partes involucradas lleguen a un acuerdo que satisfaga a ambos.
Si una persona pretende involucrarte en un conflicto para castigar a alguien, no entres en su juego y ponele un límite. Cada cual debe resolver sus propios problemas. A veces lo más conveniente es simplemente escuchar y nada más.
¿Te han involucrado alguna vez en una triangulación? ¿Cómo te sentiste?
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com





