
Un best-seller herético e inesperado
El libro de Gore Vidal despierta un acalorado debate en pleno triunfalismo por el fin de la guerra en Irak
1 minuto de lectura'

NUEVA YORK "¿Quién estrelló esos aviones contra las Torres Gemelas? Israel, obviamente. El Mosad tiene que haber sabido que su país se beneficiaría de un incremento en la hostilidad del americano medio hacia los árabes. Además, en seguida comenzaron a circular versiones de que 4000 judíos que trabajaban allí habían recibido instrucciones secretas de mantenerse alejados ese día. El decano de los bandidos egipcios, Hassanein Heikal, les echó la culpa a los serbios, furiosos por haber perdido Kosovo. Otros apuntaron hacia adentro mismo de Estados Unidos, a los extremistas estilo Oklahoma, o a una conspiración de la industria militar norteamericana a la búsqueda de nuevos enemigos para justificar gastos. Un hombre en El Cairo le contó a un periodista inglés que el culpable claramente no era Al-Qaeda, sino Al Gur. ¿Un nuevo grupo terrorista a punto de salir a la luz? Escuchando con atención, el periodista se dio cuenta de que el hombre estaba hablando en términos de venganza por las elecciones presidenciales norteamericanas de 2000. "¿Quién podría haber querido atacar a Bush más que su rival, el ex vicepresidente Al Gur?", aclaró".
Así comienza un artículo de la revista británica The Economist, dedicado a la polémica del momento: teorías conspirativas. Como la que presenta el libro de Gore Vidal Dreaming War. Blood for oil and the Cheney-Bush Junta , donde no sólo dice a la Chomsky que los americanos se merecían el 11 de septiembre, sino que va un paso más allá y dice que fue ¡a propósito! Y que el culpable, naturalmente, es George W. Bush.
Increíblemente, el libro es uno de los nuevos best-séllers. Increíble porque acaba de terminar la guerra y uno esperaría que las librerías reflejases el zeitgeist triunfalista del momento. Sin embargo encabezan las ventas de no ficción una serie de libros de claro sabor herético: Chomsky con su flamante Once de septiembre , donde llama a Estados Unidos un "Estado terrorista"; el director de cine Michael Moore con su "Stupid White Men", otra cruzada antiestablishment del orden de "Bowling for Columbine". Y, lejos, el más polémico, el texto de Vidal.
El libro salió a la venta ya con una pesada carga emocional encima. Originariamente sus primeros capítulos fueron concebidos como un largo artículo para la revista Vanity Fair. Que si bien lo pagó holgadamente, no se animó a publicarlo. Finalmente salió en The Observer, el suplemento dominical del diario británico The Independent. Y la bomba explotó a ambos lados del Atlántico, básicamente como críticas feroces tanto de la derecha como de sus compañeros de armas de la izquierda literaria.
"No tengo la menor duda de que el 11 de septiembre fue lo mejor que le podría haber pasado a Bush, quien hasta el día anterior era universalmente considerado un idiota que había robado las elecciones. Sin embargo, es imposible creer en la teoría conspirativa", dijo a LA NACION Eliot Weinberger, el principal traductor de Octavio Paz al inglés y multipremiado editor de los ensayos de Borges en su versión americana, cuyo propio libro sobre el 11 de septiembre (titulado 11-S ) saldrá a la venta en mayo en la Argentina, publicado por Ediciones del Bronce.
El curioso argumento de Weinberger es que el gobierno norteamericano y sus agencias son demasiado torpes para el sutil juego que les adjudica Vidal: "Para aceptarla uno tendría que creer en la eficacia de la CIA y el FBI, que son tan ineptos que de haber tenido alguna información o vinculación con los aviones secuestrados hubiesen arruinado todo. Por ejemplo, ahora sabemos que el sistema informático del FBI era tan anticuado que no podían realizar búsquedas en sus propios documentos. Que los agentes del FBI, a diferencia de cualquier adolescente norteamericano, no tenían dirección de correo electrónico. El FBI y la CIA son tan poco confiables que Rumsfeld tuvo que armar, con siete mil millones de dólares, su propia agencia de inteligencia en el Pentágono. Nadie puede creer que esos muchachos hayan estado involucrados en esos ataques", aseguró el poeta y comentarista político, autor también de Rastros Kármikos (Emecé).
En la vereda política opuesta, otro de los que no creen en la teoría conspirativa es Andrew Sullivan, conocido comentarista conservador de The Times de Londres y también de The New York Times. Su consejo al respecto fue uno solo y bien famoso: no llevarle el apunte, ignorarlo por completo. Algo que con el ego desmesurado de Vidal y su necesidad constante de épater la bourgoisie asegura que sería el peor castigo.
Pero otros no están de acuerdo. Ron Rosembaum, crítico literario de The New York Observer y de The New Yorker, asegura que es como permanecer callado frente al clásico de los clásicos de las teorías conspirativas: El Protocolo de los Viejos de Zion (el que decía que los judíos dominaban el mundo y le gustaba a Hitler). "Esto no quiere decir que el texto de Vidal sea antisemita. No se compra la historia de que el Mosad es responsable; pero cree que los americanos lo hicieron. Lo que tiene en común con los "Protocolos" es la fantasía de un grupo todopoderoso manipulando la historia: Bush y su círculo, a los que califica de "hitlerianos".
Para Rosenbaum, la teoría de Vidal es más siniestra que la que asegura que Roosevelt sabía del ataque a Pearl Harbor y no avisó para entrar en la guerra. "Al menos allí Roosevelt aparece como un presidente pasivo-agresivo. Dejó que algo de lo que él estaba avisado pasase, pero no lo ordenó él mismo. Pero con términos retorcidos, eso es precisamente lo que Vidal hace respecto de Bush, y sin pruebas", dice indignado.
Para Rosenbaum -como para gran parte del establishment intelectual- el golpe del texto fue particularmente duro porque todos eran viejos admiradores de Vidal. "La inteligencia, chispa, precisión, erudición, elegancia y fluidez de su prosa es única. Ni qué hablar de sus novelas", concede.
Justamente por la calidad formal del texto es que algunos críticos, como Jeff Miers, asegura que todos deben leerlo, aunque no estén de acuerdo con las ideas después. Andre Breitbard, en The New Republic aseguran que, simplemente, Vidal se volvió loco. Y que si lo que está en juego no fuese tan importante hasta sería gracioso. Los norteamericanos, mientras tanto, lo compran cada vez más. El libro sale a la venta en español el mes que viene. Ahora son los argentinos los que podrán juzgarlo por sí mismos.





