
Un camino hacia la hegemonía
El actual contexto de incertidumbre pone en tensión nuestras concepciones de Estado, poder y democracia. También desata pulsiones que hieren derechos, en el afán de perseguir objetivos, naturalmente reñidos con el sistema republicano. El oficialismo de Catamarca, en un trámite ultrarrápido de 24 horas, ingresó y sancionó dos proyectos que atentan contra la independencia del Poder Judicial. Disolvió el Consejo de la Magistratura (en este caso creado por ley, en sintonía con la reforma constitucional de 1994) y aumentó los miembros de la Corte de Justicia de cinco a siete.
Con la eliminación, en una sesión sin debate, del Consejo de la Magistratura y el incremento del número de jueces que integran la Corte Suprema, Catamarca retrocede tres décadas
El consejo llevaba veinte años funcionando en nuestra provincia, con sus aciertos y errores. Nada que no se pudiese mejorar. Significó un acto de autolimitación del entonces gobernador Castillo (Frente Cívico y Social). Significó ni más ni menos que la potestad discrecional de proponer jueces, que hasta ese momento tenían nuestros gobernadores, pasara a manos de un cuerpo colegiado conformado por legisladores oficialistas y opositores, representantes del Poder Judicial y del Colegio de Abogados. Con la eliminación, en una sesión sin debate, del Consejo de la Magistratura y el incremento del número de jueces que integran la Corte Suprema, Catamarca retrocede tres décadas. En adelante, será la voluntad del gobernador de turno la que decida la designación de los cortesanos provinciales. Un camino hacia la hegemonía y la concentración de poder.
La autolimitación es una virtud republicana poco valorada y poco practicada. El "tomo todo" es una tentación siempre presente, y en el fondo tiene que ver con un apego casi sensual al poder. La austeridad en la administración del gobierno y el deber de pensar que los excesos que cometemos como oficialismo los sufriremos como oposición son mandatos poco escuchados. Los gobernantes rápidamente sienten que su principal objetivo debe ser aceitar todo el aparato estatal para perdurar. Se olvidan de que los ciudadanos los votamos para que gobiernen bien, que el Estado no es de ellos, que deben dirigir sus energías a pensar cómo salimos de nuestro estancamiento.
Este es un golpe, liso y llano, al principio de independencia de poderes, y un claro avance hacia la consolidación de una estructura de poder hegemónica, sin contrapesos ni controles. En nuestro país tenemos más de un régimen provincial donde el poder concentrado ha logrado que, en la práctica, funcione como régimen de partido único. La democracia pasa, así, de ser una democracia plural, con posibilidades de alternancia, a ser una democracia plebiscitaria, donde cada cuatro años se cumple con la formalidad de reválida del poder en las mismas manos, ya que la oposición queda reducida a un papel testimonial.
Pero probablemente la peor herida la reciban los ciudadanos, que comienzan a comprender que una Justicia cooptada por el poder político no es justicia, y se ponen en riesgo los derechos más elementales. Tal vez los autores de esta anomalía institucional piensen que la pandemia y tener de nuevo a la provincia en la fase 1 de la cuarentena los ayudan a avanzar impunemente. Tal vez especulen que los nuevos casos de infectados les aseguran que esta noticia de laceración institucional no va a ganar la primera plana. Tal vez Catamarca sea una prueba piloto, antes de avanzar en un mismo sentido a nivel nacional.
Seguramente, tarde o temprano, deberán asumir las consecuencias frente al pueblo catamarqueño y al país de haber horadado la democracia.
Por Rubén Horacio Manzi
Diputado nacional por Catamarca (CC-ARI)







