
¿Un cocodrilo en el Tíber?
"¡Socorro hay un cocodrilo en el Tíber!". Aunque pueda parecer una cargada, como las que todos hicimos por teléfono de chicos, en las últimas semanas la ola de calor africano que azotó a Italia provocó situaciones alucinantes, que hicieron que más de una persona llamara al 112 -el número de emergencia-, para pedir ayuda.
Así fue el caso de Rosa, una mujer de 40 años que un día, mientras viajaba como todos las mañanas en el tren Civitavecchia-Roma, camino a la oficina, mirando por la ventanilla avistó en las aguas del Tevere un cocodrilo. "No estoy loca, lo vi con mis propios ojos, desplazándose rápidamente, como en una película de terror", aseguró Rosa cuando marcó el 112 y advirtió a los carabineros. Como unos días antes habían recibido otro llamado-alarma de un señor que también juraba haber visto un cocodrilo en el mismo lugar, los uniformados decidieron mandar un equipo de buzos a revisar las aguas del río que cruza Roma. Aunque la búsqueda no tuvo éxito, como si se tratara de Nessie, el monstruo de Lockness, el misterio del cocodrilo tiberino no se ha aplacado.
Y es lógico. Todo parece estar dado vuelta en este tórrido verano, caracterizado por sequías, temperaturas saharianas, cortes de energía que a muchos recuerdan los tiempos de la guerra, tormentas tropicales y por el mar Mediterráneo tan caliente como el Caribe. Un "caldo (calor) récord" que hasta provocó una reproducción extraordinaria de aguavivas en el mar Tirreno. A diferencia del cocodrilo tiberino, la invasión de aguas vivas no es una alucinación: al menos 20 chicos tuvieron que ser medicados en distintos hospitales de la costa Toscana, víctimas de los horribles seres gelatinosos.






