
¿Un fénix en Villa Ocampo?
Por Ivonne Bordelois Para LA NACION
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Cuando Victoria Ocampo, en 1972, decidió donar su casa de San Isidro a la Unesco -una decisión llevada a cabo con vasto y prolongado asesoramiento de consultores nacionales e internacionales-, no todo fue aplauso a su alrededor. Villa Ocampo la célebre, que había albergado a Rabindranath Tagore y a Roger Caillois, a Gabriela Mistral, Ortega y Gasset, Indira Gandhi y tantos otros entre los insignes compañeros de viaje de Victoria Ocampo, pionera de una globalidad desinteresada, era, y es, no solo un hito en la memoria cultural de la Argentina sino también un impresionante monumento a la amistad creadora en el centro mismo del siglo XX.
A pesar de la autoridad de la Unesco y de su alcance internacional, a pesar de la cláusula de la donación que preveía la venta de Villa Victoria, otra propiedad en Mar del Plata, para sufragar los gastos de mantenimiento de Villa Ocampo en San Isidro, lo cierto fue que la donación no dejaba de prefigurar ciertos riesgos que con el andar de los años se hicieron penosamente efectivos. En verdad sea dicho: no es función de la Unesco como tal gestionar casas ilustres (por célebres que hayan sido sus trayectorias) y la excepción o la ausencia de antecedentes claros constituye siempre un alto peligro en operaciones excepcionales de este tipo, tanto más si se tienen en cuenta las dimensiones de esa máquina complejamente inmensa, siempre amenazada de burocratismo, que puede llegar a ser la Unesco.
Pese a la generosidad de Victoria Ocampo y a la claridad con que expresó sus deseos en cuanto al destino de la casa donada -un sitio de convergencia y encuentro para intelectuales y artistas de todo el mundo, como lo fue en tiempos de su dueña-, la historia que comenzó a desarrollarse luego de su muerte distó mucho de aparejarse a sus expectativas. Historia de titubeos, de programas de actividades que poco tenían que ver con la irradiación vital proyectada por Victoria Ocampo, sucesión de descuidos y negligencias inexplicables, un cúmulo de malentendidos y de responsabilidades no plenamente asumidas fue llevando a Villa Ocampo paulatinamente a un estado virtual de colapso. Tanto fue así que la Unesco llegó a proponerse en cierto momento la venta de la casa, operación que fue oportunamente evitada por nuestra embajada ante esa sede. Entran entonces en acción diferentes grupos que intentan remediar, cada uno a su manera, el estado catastrófico de Villa Ocampo. Pero el vacío inicial en la operación de arranque gravitó en las acciones encontradas y contradictorias de esos grupos que, si bien aportan ciertas reparaciones y acciones de mantenimiento de alguna importancia, se enzarzan a la vez en discusiones y enojosas marchas y contramarchas.
No solo se pierde el tiempo en el desplegarse de estos conflictos, presenciados y mediados por numerosos agentes oficiales, sino que la ruina amenaza con convertir la casa en un ilustre escombro. Declarada monumento histórico en 1997, se inicia entonces una licitación que solo recientemente se ha resuelto, destinada a restaurar la casa y devolverle su brillo original. Los trabajos aún no han comenzado; mientras tanto, el deterioro avanza inexorable. Para dar solo un ejemplo, la invalorable colección de libros de Victoria Ocampo, con primeras ediciones autografiadas y dedicadas por los escritores más importantes del siglo XX, se ve amenazada por la humedad y la progresiva contaminación, dadas las pésimas circunstancias reinantes. Diversos medios y entidades como el PEN Club Internacional, así como la misión francesa, integrada por personalidades tales como Jean Louis Cohen y Franois Marechal, que el año pasado vino a nuestro país para bosquejar un diagnóstico de la situación, señalan el escandaloso estado de la casa y sugieren diversas terapias operativas para su rescate.
Viraje en la historia
Esta desdichada historia, que tan injustamente posterga la continuidad de la obra magnífica de Victoria Ocampo, ha conocido sin embargo, en estas últimas semanas, un viraje sorprendente y feliz.
La Unesco ha decidido finalmente enfrentar sus compromisos administrativos y financieros para con Villa Ocampo y ha convocado a tal fin a su sede central, en París, a los representantes de las distintas fundaciones y asociaciones interesadas en el tema, todas ellas con aportes reales a la preservación de Villa Ocampo en la medida de sus fuerzas. Presente también se encontraba nuestro actual embajador ante la Unesco, el doctor Lucio García del Solar, que había seguido y sigue con atención los antecedentes del proceso.
La reunión fue conducida con insólita eficiencia por dos funcionarios apenas llegados a la Unesco y ambos procedentes del área científica: Marcio Barbosa, director adjunto de la Unesco, y Oscar Klingl, su asistente. Brasileños ambos y ambos expertos en física satelital, supieron imprimir a la reunión un ritmo y una claridad excepcionales, reorganizando todo el escenario en torno a Villa Ocampo desde una luz diferente y promisoria. En el proyecto de acuerdo que deberá ser refrendado próximamente, un consejo administrativo en el que han de sentarse como mínimo las tres organizaciones no gubernamentales, un representante del Gobierno y otro de la Unesco, se hará cargo de la gestión administrativa y cultural de Villa Ocampo, secundado por el personal adecuado a sus actividades. Un fondo especial será puesto a disposición de este consejo por la Unesco para enfrentar las tareas más urgentes, aun cuando a este fondo deberán añadirse, naturalmente, los aportes obtenidos por los restantes miembros del grupo y por un director ejecutivo nombrado por este.
El impulso de crear
La iniciativa de la Unesco ha colocado el espinoso problema de Villa Ocampo en el nivel preciso en el cual la conciliación de todos los grupos interesados en su resurrección se ha vuelto posible. Modelo de flexibilidad y de lucidez, la reunión de París apunta al inicio de una etapa en la cual la solución a los problemas de Villa Ocampo no parece remota ni utópica. Los años que vienen podrán a prueba la autenticidad en el esfuerzo de cooperación de los diferentes grupos implicados, así como su capacidad de obtener recursos y de lanzar programas auténticamente afines al espíritu visionario y dialogal de Victoria Ocampo.
Una ventaja tenemos: el ejemplo de Victoria Ocampo, que realizó su obra contra viento y marea, enfrentando toda clase de conflictos y malentendidos desde los mismos comienzos hasta los difíciles finales. Quienes ven en ella un modelo de éxito suelen ignorar cuántas adversidades hubo de encarar esta criolla obstinada y excepcional, que supo enlazar a su entusiasmo los nombres más altos del siglo XX, un siglo de oro cuyo perfil todavía está por rescatarse en la confusión actual de nuestra historia.
Quienes ven en ella simplemente una mujer de belleza y fortuna, capaz de seducir a los talentos más brillantes de su generación, olvidan de qué múltiples maneras precisamente esos dones la preparaban para un destino diametralmente opuesto al que ella eligió: un destino fundado en decisiones solitarias, excepcionales, generosas y arriesgadas a la vez. De ese destino surge el impulso ciclónico de crear, para nuestro país y para el mundo, un ámbito de encuentro y creatividad extraordinario. Ese ámbito fue real, y somos muchos los que podemos dar testimonio de su existencia y de la permanente irradiación de su energía. En nuestras manos está ahora la hermosa posibilidad de que un fénix vuelva a surgir en Villa Ocampo.






