Un fetiche de papel

Es difícil saber qué tenía en la cabeza Homero Expósito cuando escribió la letra del tango "Afiches". A mediados de la década del 50, los afiches -esa palabra hermosa derivada del francés- no eran acaso lo que son ahora, aunque cumplieran la misma función. Como sea, Expósito arrancó: "Cruel en el cartel,/ la propaganda manda cruel en el cartel,/ y en el fetiche de un afiche de papel/ se vende la ilusión,/ se rifa el corazón...". La puerta de la persiana metálica que se abre de golpe en un local de la avenida Scalabrini Ortiz promete (vende) la belleza y el dinero. Pero esa misma puerta puede, cruel, volver a cerrarse, y negar para siempre aquello que prometía. "Dan ganas de balearse en un rincón." Quien se tome tres o cuatro minutos para escuchar ese verso último del tango como lo canta Goyeneche (el buen Roberto Goyeneche, no el decidor del final), con la orquesta de Atilio Stampone, va a entender sin atenuantes esta imagen contundente.






