
Un gobierno austero
Por Horacio J. Tonelli
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En este espacio, los autores ciñen a ideas concretas el debate sobre lo que debe esperarse del próximo gobierno. La consulta está abierta a potenciales candidatos, otros políticos y ciudadanos en general.
DESDE hace décadas el logro de los fines del ideario fundacional del Preámbulo y la efectiva vigencia de los derechos y garantías tutelados por nuestra Constitución Nacional se han constituido en asignaturas más o menos pendientes según el presidente de turno.
No parece discutible que convertir en realidad estas loables aspiraciones requiere, más allá de cualquier programa de gobierno, una democracia que se apoye en los pilares de la idoneidad, la austeridad y la honestidad. No obstante, nuestra historia es generosa en ejemplos del desprecio que han tenido muchos funcionarios por estos valores, lo cual ha generado el cansancio moral de la ciudadanía y el descrédito de la clase política.
Como el ejemplo debe darse desde lo alto, rendiré culto a estos valores y también lo exigiré de mis colaboradores, en cuya elección me asesorará un consejo de notables independientes y honorarios. En sus nombramientos deberá constar como requisito de validez la declaración jurada de bienes con los que asumen sus cargos y su opción de percibir jubilación o sueldo en los casos que corresponda. La Oficina Nacional de Etica Pública, que será dirigida por la oposición, tendrá copia autenticada de esta documentación.
Instrumentaré lo conducente para poner fin a los gastos reservados, que ofenden la transparencia que debe tener la gestión pública, y exigiré la rendición de cuentas, por Internet, de cada peso que se gaste.
La educación del pueblo
Dedicaré todo mi afán a terminar con las jubilaciones ilegítimas (aunque sean legales), las prebendas que significan los ingresos de muchos empleados del Estado, el malgasto público ocasionado por la frivolidad y la contratación de superfluos asesores y secretarios de una estructura que cuanto más se agranda más se insensibiliza frente al clamor de los administrados.
En suma, haré prevalecer los méritos por encima de las amistades y terminaré con todo gasto innecesario y privilegios incompatibles con la letra y el espíritu del sistema republicano.
Si bien no es posible en este espacio detallar la planificación de mi mandato, anticipo que su piedra angular será la promoción de políticas de Estado en materia de desarrollo industrial y agropecuario, pago de la deuda de la Nación, seguridad social, salud, política exterior y educación.
A esta última dedicaré especial atención por adherir al pensamiento de Sarmiento y Estrada y estar persuadido de que sólo por medio de la educación del pueblo se evitará la decadencia y se desembocará en el bienestar general.
No es mucho. Pero es buen comienzo.





