
Un gran negocio que crea polémica por su naturaleza atómica
Los responsables de Invap, la empresa barilochense que logró vender a Australia un reactor por US$ 180 millones, no pueden revelar el contenido del acuerdo por pedido de su cliente. Pero admiten que el trato incluye la posibilidad de que, en 15 años, ingrese en el país desechos radiactivos
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Material altamente radiactivo, combustible agotado proveniente de un reactor vendido por una empresa argentina a Australia, podría empezar a ingresar temporariamente al país a partir de 2015, para ser sometido a un proceso de vitrificación y luego ser devuelto a su lugar de origen.
Así lo confirmaron a La Nación , en Bariloche, Leonardo de Ferrariis y Héctor Otheguy, presidente y gerente de la empresa Investigaciones Aplicadas (Invap), que en las últimas semanas quedaron en el ojo de una tormenta de vientos cruzados.
Por un lado, se los celebra como corresponsables de la construcción del satélite meteorológico SAC-C, puesto en órbita a fines de noviembre en Estados Unidos; por el otro, se sospecha que hayan firmado un contrato secreto con la autoridad nuclear australiana Ansto que, según fuentes ambientalistas, podría ser anticonstitucional además de peligroso.
Al mismo tiempo, en esta ciudad turística donde el tema ha cobrado estado público y las opiniones se cruzan entre defensores y detractores del proyecto, el intendente Atilio Feudal, de la Alianza, ha tomado partido por la construcción del reactor: "Queremos que Bariloche sea una ciudad atómica para la paz", dijo a La Nación en su despacho del Centro Cívico.
Pero más allá de la polémica, que apenas si ha comenzado, lo cierto es que en el mismo Bariloche y en un inhóspito y remoto enclave de la meseta patagónica, muy cerca del pueblo de Pilcaniyeu, a 60 kilómetros de aquí, un grupo de científicos y técnicos argentinos ya está trabajando en la construcción del Replacement Research Reactor (RRR), un reactor nuclear de mediana potencia, que en cinco años más deberá estar funcionando en las afueras de Sydney, la ciudad más grande de Australia.
Desde el fantasma dormido del basurero nuclear en Gastre, pocas veces en la Argentina, antes, un mismo proyecto nuclear había despertado tantas pasiones encontradas.
Los buenos negocios
A mediados de junio último, una foto del presidente Fernando de la Rúa con sus dos pulgares en alto, celebrando en la Casa Rosada con las autoridades del Invap, fue la imagen que sintetizó una de las pocas buenas noticias que había recibido el Gobierno en lo que iba del año.
Una semana antes, esa empresa barilochense, producto de una sociedad entre el gobierno de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica, pequeña, eficiente y con un halo de misterio alrededor, había logrado vender tecnología argentina a un país del Primer Mundo.
Invap había ganado una licitación abierta por el gobierno australiano para proveerlo de un reactor nuclear, y el contrato conseguido, por valor de 180 millones de dólares, tenía además un regusto adicional: en las diferentes etapas de la licitación se había derrotado a la firma alemana Siemens, a la francesa Technicatome, a la canadiense AECL, a la japonesa Hitachi y a las americanas Reytheon y General Atomic.
La Argentina del sueño nuclear frustrado volvía a jugar en primera.
El contrato conseguido por Invap también se festejó en Bariloche, dentro y fuera de las oficinas de la empresa. Con el municipio declarado en emergencia económica, con los empleados municipales cobrando el sueldo a los saltos y con una rebaja salarial del 14 por ciento que entró en vigor el pasado 10 de diciembre, el negocio conseguido por el Invap parecía traer nuevos aires a la deprimida economía local.
"De los 180 millones del contratos, unos 80 quedarán en Bariloche", dijo a La Nación el intendente Atilio Feudal. "Con eso, Invap podrá terminar su edificio a orillas del Nahuel Huapi, y se generarán unos 150 empleos. Además, el proyecto insumirá un total de 1.200.000 horas-hombre de trabajo que, para una situación de crisis como la nuestra, es un alivio", agregó.
Feudal, que después de dos gobiernos peronistas recibió la Municipalidad con un índice de recaudación del 26 por ciento y una deuda de 20 millones de dólares y otros 12 millones en juicio, está más que entusiasmado con el proyecto: "Ojalá que Bariloche sea una ciudad atómica, pero no para la guerra. Invap es un orgullo como el Centro Atómico; da trabajo a los barilochenses, y cuando consigue buenos contratos, queda plata en la ciudad. Además, los científicos viven acá con sus familias, y eso los hace confiables".
Relaciones peligrosas
Pero la fiesta nunca es completa, y a las pocas semanas de conocerse que Invap había ganado la licitación para la construcción del RRR, los grupos ecologistas dieron la primera alarma.
Greenpeace denunció que, como la disposición final de los residuos nucleares del reactor era conflictiva para Australia, la Ansto había hecho incluir en el contrato una cláusula por la que Invap debía demostrar que contaba con una estrategia para la disposición del combustible, para su reprocesamiento fuera del territorio australiano y para su almacenamiento por tiempo indefinido en un lugar diferente de donde se emplazará el reactor.
En castellano básico, "disposición final de los residuos nucleares" quiere decir "sitio donde se guarda la basura radiactiva" o, más sencillamente, "basurero nuclear".
Juan Carlos Villalonga, coordinador de la campaña antinuclear de Greenpeace en la Argentina, había advertido que de cumplirse ese contrato se estaría ante una importación temporaria de material altamente radiactivo, y que tal cuestión violaba expresamente el artículo 41 de la Constitución Nacional, que en su última parte dice: "Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos" .
Además, había dicho Villalonga, "el reprocesamiento del combustible no ha sido evaluado ni aprobado por los organismos específicos", y recordó que la ley nacional 25.018 establece criterios para el manejo de residuos radiactivos y la necesidad de definir un programa que debe aprobar el Congreso, cosa que no se hizo.
Raúl Montenegro, director de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (Funam), alertó a su vez sobre "la suma gravedad sanitaria, institucional y ambiental" que implica la importación de esos residuos, y coincidió en que hacerlo estaba prohibido por las leyes vigentes.
Consultado por La Nación , el senador santacruceño Eduardo Arnold, presidente de la Comisión de Energía, dijo que "aún no tenemos una posición tomada sobre el asunto, porque todavía no lo tratamos. Quizá lo hagamos en una de las próximas reuniones".
Según dijeron a La Nación fuentes del Senado, hay un proyecto que pide conocer los términos del contrato, presentado en la Cámara el 18 de octubre.
Ahora bien: ¿cómo es posible que lo que debió haber sido un negocio fenomenal de exportación tecnológica para una provincia en crisis terminó desatando las iras de los ambientalistas y reavivando una vieja disputa?
Misterio a la australiana
El centro de toda la polémica es el secreto inviolable que rodea al contrato firmado por Invap.
La empresa ha decidido no hacer público el documento, y los ecologistas sospechan sobre los compromisos allí contraídos, aunque sin haber presentado pruebas hasta el momento.
Para colmo, hasta las propias autoridades nucleares australianas se han sumado al misterio: han negado, no sólo las condiciones del acuerdo sino hasta los pliegos del llamado a licitación a una comisión investigadora del Senado de su país.
Consultada la embajada de Australia por La Nación , Carolina Patrón Costas, de Relaciones Institucionales, prefirió que las preguntas al respecto se remitieran a las autoridades de Invap.
"¿Qué empresa hace públicos sus contratos?", se pregunta, indignado, Héctor Otheguy.
Durante una entrevista en sus oficinas de Bariloche, el gerente de la empresa dijo: "Invap, aunque es una sociedad del Estado, funciona como una entidad privada que hace negocios y quiere seguir haciéndolos", y calificó de "fundamentalistas" a quienes denunciaron el acuerdo.
-¿Por qué es tan secreto el contrato?
-Porque así lo pidieron los funcionarios de la Ansto, y la confidencialidad está contemplada en las 2500 páginas que tiene el documento. Nuestro cliente considera que revelar el convenio, o aun los pliegos de la licitación, es dar información sobre el tipo de desarrollo nuclear que tendrá el país dentro de cinco años.
-¿Figura en ese contrato que Invap "importará" el combustible agotado que utilice el reactor o no?
-Figura, pero sólo como una segunda opción. La primera que tienen los australianos es enviarlo a la empresa Cogema, de Francia, para su vitrificación. Pero dentro de quince años, cuando el combustible se agote, podrían decidir hacer uso del servicio que les ofrecimos nosotros.
-¿En qué consistiría ese servicio?
-En que nos envíen el uranio utilizado en el reactor, para su vitrificación acá. Y después se lo mandamos de vuelta.
-¿Ese proceso se haría en Bariloche?
-No, no tenemos los medios. Posiblemente se podría hacer en Ezeiza, en la planta de la Comisión Nacional de Energía Atómica.
-¿Cómo se haría el transporte?
-Se traería en barco, por cuenta del gobierno australiano. El combustible llegaría en contenedores con paredes de plomo, que tienen una estructura muy fuerte. Se prueban simulando impactos que equivalen al choque de un tren a más de 100 kilómetros por hora. Mucha gente tiene fantasías sobre esto. Lo cierto es que el uranio utilizado durante todo un año para un reactor como el que le vendimos a Australia cabe en un recipiente que tendría el tamaño de un tambor de 200 litros.
-¿Es peligroso ese combustible?
-Peligroso... ¿Qué es lo peligroso? ¿Usted diría que un spray matamosquitos es algo peligroso? Sí, si un chico se lo echa en la cara; pero no, si lo maneja un adulto.
-¿Y es ilegal traerlo?
-No. La Constitución prohíbe importar residuos nucleares, pero éstos sólo serían combustibles agotados que ingresaríamos temporariamente. Ya lo sabemos: nos toca bailar con la más fea, pero no podemos violar el secreto.
Hazte la fama
Leonardo de Ferrariis tiene 43 años, dirige la Cooperativa Eléctrica de Bariloche al mismo tiempo que un partido vecinal, el Movimiento de Unidad y Participación, que integra la Alianza, y es el presidente de Invap desde enero de este año.
Licenciado en física y ex becario del Conicet, admite que le ha tocado dirigir una empresa que tiene una mala fama que él intenta revertir.
Fundada en 1976, durante los primeros tiempos de la dictadura, Invap ha sido hasta hace poco un secreto hecho a imagen y semejanza del gobierno que la creó, y muchos de sus miembros siguen enorgulleciéndose todavía de la clandestinidad con que solían trabajar.
"Hasta mediados de los ochenta, cuando se estaba por lograr el enriquecimiento de uranio en la planta de Pilcaniyeu, los científicos y los técnicos no les contaban ni a sus esposas en qué proyecto estaban", dice De Ferrariis.
Este año han contratado una empresa de imagen que los asesora desde Buenos Aires, y el lanzamiento del SAC-C les ha permitido, por primera vez en casi un cuarto de siglo, tener una buena prensa.
Y sin embargo, hoy, paradójicamente, Invap vuelve a quedar entrampada en su propia historia: tan secreta que fue durante años y, ahora que empieza a dejar de serlo, otro secreto la convierte en sospechosa.
"No podemos mostrar el contrato -dice De Ferrariis- por la reserva que nos han pedido los clientes." Y admite que, heridos por la derrota, funcionarios de Siemens y de la francesa Technicatome los acusaron de hacer "desarrollos nucleares no autorizados".
-En la licitación, ¿ellos ofrecieron los mismos servicios que Invap?
-Los mismos, y en algunos casos hasta más baratos.
-¿Usted cree que era necesario ofrecer hacerse cargo del tratamiento de los residuos para obtener el contrato?
-Digamos que, de no haberlo hecho, se hubiera desmejorado la calificación.





