
Un minuto de silencio por el tiempo perdido
De los 365 días del año pasamos 26 de ellos sin hacer nada, si sumamos las casi 2 horas diarias que pasamos demorándonos. Un estudio publicado por el periódico inglés Express explica que este tiempo se nos va en esperar respuesta a un llamado telefónico, en hacer una fila y en quedarnos atrapados en un embotellamiento.
Lo llaman “inutilidad total ponderada”. La también británica revista The Economist -reconozcamos aquí una cierta obsesión anglosajona por el aprovechamiento del tiempo- agrega que en la oficina se va una porción considerable de minutos esperando que la computadora arranque, actualizando contraseñas o tratando de recordarlas, y eliminando correos electrónicos y popups. O esperando que hierva el agua para un té o un café.
Correspondería aquí hacer un minuto de silencio (y solo uno) por tantos tiempos muertos, pero aquí sostenemos la necesidad y la dignidad de las tareas banales y los espacios de no hacer nada, pedimos menos agenda y planificación estratégica y más tiempo para, meramente, estar ahí.
Algo más...
Una encuesta realizada por el servicio de televisión NOW plantea la hipótesis de que pasaremos un tercio de nuestra vida durmiendo, casi diez años mirando el celular o cuatro meses decidiendo qué ver en Netflix o HBO. Perder la noción del tiempo, uno de los pecados más graves de este siglo de relojes.





