Un vice que conoció éxitos y adversidades

Daniel Scioli

Hasta hace poco un hombre del menemismo, el vicepresidente electo tendrá una difícil misión en la Cámara alta, un recinto donde se destacará sobre todos la primera dama
Lorena Oliva
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18 de mayo de 2003  

Cuando el 4 de diciembre de 1989 perdió en un accidente de motonáutica el brazo derecho, a nadie se le escapó el detalle de que, el día anterior, Daniel Scioli había corrido en su lancha con Carlos Menem. Habían ganado.

Scioli asegura haber capitalizado aquella tragedia de múltiples maneras. Gracias al apoyo terapéutico que recibió, sumado a un mandato familiar caracterizado por un alto grado de compromiso, un hombre que hasta ese momento había sido diestro pudo recomponer su vida afectiva, económica y hasta cotidiana. Desde entonces, atesora una frase casi bíblica: "Los mejores días son los que vendrán". Regalo del entonces presidente Menem en momentos en los que el ex motonauta se reponía del accidente en el que no perdió la pasión por ese deporte. Casi un año después, retomó la actividad hasta entrados los años noventa.

Fue justamente de la mano de Carlos Menem que se inició en la política, en enero de 1997. No eran buenos tiempos para el PJ en la Capital y la intención de Menem era que Scioli encabezara una corriente de renovación.

En ese año fue elegido diputado nacional por ese distrito, cargo por el que fue reelegido en las legislativas de 2001. Durante su fugaz gobierno, Adolfo Rodríguez Saá lo convocó para encabezar la Secretaría de Turismo y Deportes, en parte, por su trayectoria en el mundo del deporte como una figura que supo proyectar una imagen positiva por el mundo. Pero también porque el puntano quería tener bien representado al menemismo en su gabinete.

Llamativamente, el público enfrentamiento entre Menem y el entrante presidente Eduardo Duhalde no fue escollo para que, a principios de 2002, Scioli fuera ratificado en su cargo. Desde entonces no ha dejado de autoelogiar una gestión que bien ha sabido cosechar los frutos de la devaluación.

En la página web de la Secretaría de Turismo y Deportes, el curriculum de Daniel Osvaldo Scioli informa que el funcionario nació el 13 de enero de 1957. Que estudió en el Colegio Ward de Ramos Mejía, se recibió de Perito Mercantil en la Escuela Superior de Comercio Dr. Carlos Pellegrini y que realizó estudios de marketing en la Universidad Argentina de la Empresa.

Lo que allí no se cuenta es que es el mayor de tres hermanos, hijos de Esther y José Scioli (ya fallecidos). El deporte ocupó un lugar trascendental dentro de la dinámica familiar. Su padre jugaba al básquet y presidió un club de Villa Crespo. Su madre practicaba equitación. Scioli recuerda haber tenido una infancia marcada por la exigencia. "Querían que fuera el mejor alumno, el mejor deportista. Fui muy buen alumno, abanderado, y a los 11 años salí campeón de natación".

También cuenta que a los 18 años le tocó vivir el secuestro de su hermano de 14. Sus testimonios acerca de esa experiencia hablan de momentos angustiantes en los que tuvo que aprender a vivir con miedo. "Lo secuestraron en la puerta del colegio y lo liberaron veinte días después. Nunca quedó claro si fueron militares o guerrilleros", dice.

Hasta comienzos de 1986, la motonáutica era un pasatiempo en su vida. Pero un paseo con un amigo en un vehículo más poderoso que el suyo le cambiaría la vida para siempre. Su primera lancha para correr offshore se llamó Semillita 19. En su debut en Mar del Plata salió último.

De su paso por esa actividad, de la que se retiró en la década del noventa, Scioli ostenta ocho campeonatos internacionales y el primer puesto en el Campeonato Mundial de Superboat.

No sólo éxitos

Pero no sólo se hablaría de éxitos. A principios de 1990 tomó estado público la existencia de una hija, María Lorena, en ese entonces de 13 años, que no había sido reconocida por el motonauta. Pasado el tiempo, Scioli asegura que el escándalo no dejó resentimientos ni heridas. Hoy, Lorena forma parte del núcleo central de los afectos de Scioli, conformado también por su esposa Karina Rabolini.

Su perfil de hombre exitoso, empresario y deportista con un alto nivel de exposición pública resultaron credenciales suficientes para encarnar una corriente de renovación justicialista en 1997. Principalmente, por el ya entonces alto nivel de descreimiento social hacia la clase política. También, por el mal momento que por entonces atravesaba el PJ en la Capital.

Elegido diputado en ese mismo año, su experiencia deportiva resultó determinante cuando fue elegido presidente de la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados. Pero, aunque en su labor parlamentaria puso obvio énfasis en la promoción de esa actividad, fue también miembro de la Comisión de Investigación para el Lavado de Dinero, encabezada por Elisa Carrió.

En todos esos años, Scioli jamás había ocultado su fuerte vinculación con Menem, y en más de una ocasión sus declaraciones no hicieron otra cosa más que reconfirmar su apoyo incondicional. Cuando a principios de este año su nombre comenzó a sonar como el del posible acompañante de Néstor Kirchner a la presidencia, el funcionario expresó su respeto hacia el ex presidente y su voluntad por encarnar una corriente conciliadora dentro de las filas peronistas.

"Yo hablo con todos. No descalifico a Menem. Rodríguez Saá ni me conocía y me confió un puesto en el gobierno. Más tarde, Duhalde me convocó para seguir. Hay que ser positivo. Yo aspiro a que el próximo presidente pueda dar garantías de gobernabilidad", decía a LA NACION a principios de este año.

Ahora, su futuro en la vicepresidencia le depara más de un desafío. "Los vicepresidentes están teniendo en el mundo mayor importancia. En los gobiernos modernos se comparten funciones -dice-. Me gustaría ser un vicepresidente activo y ejecutivo. Kirchner me ha demostrado que es un hombre que sabe compartir tareas."

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