
Una cloaca a cielo abierto
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Los angustiosos y reiterados reclamos de las organizaciones vecinales y barriales que padecen en carne propia la contaminación del Riachuelo han tenido, por fin, algún eco positivo. Se ha dado el primer paso -una inspección visual-, para comenzar a poner en práctica la intervención conjunta del Estado y de organizaciones no gubernamentales animadas por el propósito de encontrarle soluciones eficientes al antiquísimo y muy grave problema que configura la degradación del complejo Matanza-Riachuelo.
Sobran las palabras para describir su estado de honda postración cuando se hace referencia a ese hediondo curso fluvial. Basta con acercarse hasta él y examinarlo: los desperdicios que flotan por doquier, las tonalidades verdoso-amarillentas de sus empetroladas aguas, las burbujas que revientan en la superficie y las emanaciones nauseabundas provenientes del cauce dan hiriente testimonio de que no exageró quien lo calificó de cloaca a cielo abierto.
Lo calamitoso es el origen de esas lacras verificables a simple vista: según la reciente denuncia de la Asociación Vecinos de La Boca, en el tramo final del Riachuelo están atracados 67 barcos inactivos y abandonados, junto con 17 cascos sumergidos, lo cual representa 8500 toneladas de chatarra.
Y como si no bastase con eso, en el fondo del Riachuelo se asientan cuatro millones de metros cúbicos de barros contaminados con desperdicios orgánicos e inorgánicos, allí volcados por industrias desaprensivas, que medran con una legislación permisiva e indiferente, junto a basurales ribereños clandestinos y desagües cloacales que son producto de iniciativas francamente criminales. Se estima, de acuerdo con la misma denuncia, que el Riachuelo recibe a diario 125.000 metros cúbicos de efluentes industriales y 375.000 metros cúbicos diarios de aguas servidas. Desemboca, téngase presente, en el Río de la Plata, no demasiado lejos de las bocas extractoras que surten a las plantas potabilizadoras del agua destinada al consumo de la región metropolitana.
Todas esas penosas referencias han sido reiteradas hasta el cansancio sin que ninguna autoridad -así lo demuestran los hechos concretos- las tomase en serio. Las acciones emprendidas con la consigna de que mil días más tarde el Matanza-Riachuelo iba a quedar limpio sirvieron para engordar presupuestos, consumir recursos y consumar uno de los más groseros engaños de nuestra historia política, pero nada le aportaron al propósito de resolver esa amenaza para la salud pública. Tampoco lo hizo, por supuesto, el anuncio del entonces presidente de la Nación, Carlos Menem, respecto de que, en poco tiempo, en el Riachuelo se podría pescar y nadar.
Ahora hay, por lo menos, un proyecto en ciernes, denominado "Vigía del Riachuelo" y elaborado por la Fundación Ciudad, que se ha ocupado varias veces de analizar a fondo esta cuestión. Fue puesto en marcha -también asistieron representantes del gobierno porteño y de la Fundación X La Boca- con un recorrido fluvial que permitió obtener un panorama real de las situaciones irregulares que se suceden en ambas márgenes del curso acuático.
Se trata de un avance, pero tampoco es cuestión de despertar expectativas desmesuradas ni falsos optimismos en los grupos poblacionales asentados en la cuenca del Matanza-Riachuelo -varios millones de seres humanos-, heridos desde hace mucho tiempo por las falsas promesas y los anuncios frustrados. La intervención de las organizaciones no gubernamentales asegura, en cierta forma, que éstas también se harán responsables de la fiscalización del proyecto. No obstante, la noticia de que la realización correrá por cuenta de un comité de interacción público-privado, complementario de la corporación específica para el saneamiento de la cuenca y en el cual revistan, hasta ahora, once organismos y entidades nacionales, bonaerenses y locales, infunde el razonable temor de que se produzcan desencuentros y demoras burocráticas que ahondarían el desencanto y la disconformidad de los vecinos de tan maltratada región.
Hay una realidad y esa realidad es gravísima, por lo cual ya no admite más demoras para que se le encuentre remedio eficiente. Cuanto se haga en ese sentido será positivo, sobre todo si proviene de iniciativas elaboradas por instituciones serias y capacitadas.
Así y todo, todavía faltará mucho para que se pueda llegar a la única conclusión optimista admitida por la perdurabilidad de esta vergonzosa situación: la limpieza y descontaminación absoluta y definitiva del curso del Matanza-Riachuelo.





