
Una élite económica que no es escuchada
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No es lo mismo hablar de ricos -los que superan cierto nivel de ingresos, vengan de donde vengan y hayan hecho su dinero como sea-, de clase alta -los que comparten ciertos valores y trayectoria social- y de élites -los que toman decisiones que impactan en la sociedad, desde las cúpulas de los poderes del Estado y de las empresas-, como lo distinguen quienes estudian a los privilegiados.
La élite económica, por ejemplo, también recibe cada tanto su oleada de nuevos integrantes. "Lo que caracteriza a la Argentina es cierta inestabilidad de las empresas de la cúpula. Cuando se comparan las 200 empresas que más facturan en la Argentina entre 1976 y 2001, en común hay sólo 12. Entre 2001 y 2010 hay más estabilidad, pero hay igualmente cierto recambio. Hay nuevos grupos que aparecen, muchos vinculados con los negocios que se expanden durante la década (las mineras, los grupos afines al kirchnerismo) y personajes nuevos como propietarios", describe Ana Castellani, socióloga y coordinadora del Programa de Estudios sobre las Elites Argentinas en el Idaes de la Unsam. "Se agudizaron en esta década, además, rasgos estructurales de los 90, como la presencia de empresas extranjeras entre esas 200, y el hecho de que las empresas más grandes se dedican a la extracción y procesamiento de recursos naturales o la elaboración de productos sin mucho valor agregado", describe.
Aunque las tasas de rentabilidad de las empresas más grandes aumentó durante la década K con respecto a las que obtenían en los 90, el kirchnerismo ha marcado un cambio en la élite política y en el estilo de gobierno que impactó fuerte en la élite empresaria.
"Lo que genera descontento entre los empresarios, lo digan o no, es la pretensión de la élite gubernamental kirchnerista de marcar límites y recuperar niveles de autonomía estatal. Esta idea de que la política tiene que gobernar la economía y que el capital tiene que subordinarse al Estado", afirma Castellani. Además de la heterodoxia económica en puestos clave, y de la ausencia de miembros de fundaciones como FIEL, el CEMA o la Mediterránea en los equipos económicos, otro cambio de la era kirchnerista fue que "se cortaron los vasos comunicantes entre los empresarios grandes y la élite política, que antes tenían redes en común o personas que circulaban por ambos espacios. Muchos empresarios o presidentes de empresas habían pasado por el sector público y volvían a las empresas. Ahora eso no pasa", afirma.
Para Castellani, otro temor empresario es todavía más fuerte. "El gran miedo en el arco empresarial es que el Gobierno pretenda intervenir sobre el uso de las utilidades, poner límites a la distribución de dividendos", dice.
Mientras tanto, el estudio de las capas altas de la sociedad en los últimos años ha sumado investigadores y trabajos en el país, en parte para entender el otro extremo de la pobreza después de 2001, y en parte porque la idea de la Argentina como país igualitario está en retirada.




