
Una falsa normalidad
Sucedió recientemente un caso conmovedor que no tuvo, sin embargo, mucha difusión. Fue el caso de Brandenn Bremmer, niño prodigio de 14 años que poseía un coeficiente intelectual de 178 -superior a la categoría de "genio"- que se suicidó a los 14 años disparándose un tiro en la cabeza, en un pueblo agrícola de Nebraska. No dejó ninguna nota de despedida y el día anterior a su suicidio parecía estar alegre.
¿Qué pasó por la cabeza y el corazón de ese niño? ¿Qué comprendió -o dejó de comprender- de golpe, que lo llevó a esa decisión? ¿Cómo es que el mundo súbitamente le quedó chico, siendo él aún un niño?¿ ¿Fue la soledad de su condición extrema lo que le resultó insoportable? ¿Acaso entrevió en la noche anterior, en el tiempo interminable y helado de un insomnio, proyectada al futuro, su dificultad para adaptarse al mundo y esa visión lo aterrorizó?
Piaget señalaba que la inteligencia radicaba en la capacidad de adaptación a situaciones nuevas. Si esto es así, ¿puede la inteligencia exceder por completo la capacidad de adaptación? La inteligencia extrema posee una capacidad simultánea de creación y de corrosión, una capacidad simétrica para construir y destruir. ¿Qué cosa imperceptible la vuelca hacia un sitio u otro?
Parece que los padres de Brandenn intentaron rodearlo de un ambiente normal, pero la psicóloga Linda Silverman consideró potencialmente fatal para su desarrollo haberle impuesto una falsa normalidad. Y deslizó una observación impactante: "Los niños genio no siguen una trayectoria natural. Si se busca darles normalidad, se los destruye". (La inversa seguramente es cierta: si se busca darle excepcionalidad a un niño normal probablemente también se lo destruya.)
No puede descartarse tampoco que a la dificultad del chico para adaptarse al mundo, haya sido simétrica la incapacidad del mundo para adaptarse a la existencia de un chico así, en particular un mundo cuyo imperativo de normalización es despiadado con todos los que salen de la escala, sea hacia abajo por unas razones, sea hacia arriba, por otras.
¿Los seres excepcionales tienen también sufrimientos excepcionales? No tal vez Oscar Wilde, que decía: "La distribución no ha sido equitativa en nada, salvo en el dolor". En todo caso, quedará para siempre otra pregunta: ¿por qué la naturaleza dota de algo excepcional a un recipiente que no lo puede soportar?
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