
Una metáfora del socialismo que nadie se anima a enterrar
La ciudad obrera creada para rivalizar con Cracovia es hoy un dilema moral para los polacos
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NOWA HUTA, Polonia.- Un folleto turístico de esta población, cuyo nombre en polaco significa "Nueva planta siderúrgica", podría tener el siguiente texto: "Venga a visitar la histórica Nowa Huta, donde las oscuras visiones de George Orwell acerca de una perfecta metrópolis industrial se llevaron a cabo con asombrosa precisión. Esto es, hasta que los trabajadores se levantaron y derrocaron al Hermano Mayor".
Y si algunas personas logran su objetivo, los turistas quizá puedan leer pronto algo muy parecido en un folleto real. Convertida ahora en un barrio de Cracovia, Nowa Huta, fiel a su nombre, cuenta con una gigantesca planta siderúrgica. También tiene amplios y arbolados bulevares, y masivos edificios grises de departamentos en el clásico estilo socialista. Fue construida después de la Segunda Guerra Mundial como la ciudad modelo socialista de Polonia.
Hacia la década de 1980, sin embargo, había evolucionado hasta transformarse en un semillero de oposición al régimen comunista, encabezado por el sindicato Solidaridad.
Con el comunismo muerto y sepultado, y con Polonia, con sus 38,5 millones de habitantes en apresurada preparación para ingresar en la Unión Europea, los pueblos de una sola fábrica se han vuelto tan anacrónicos como los himnos revolucionarios que antes cantaban sus trabajadores.
En la actualidad, esta ciudad meridional de 250.000 habitantes, no lejos de la frontera con Eslovaquia, está tratando de reinventarse no como un paraíso de los trabajadores, sino como un imán para los inversionistas y una potencial atracción turística.
La historia de Nowa Huta durante el último medio siglo es bastante parecida a la de Polonia, al grado de ser un símbolo de lo que se ha soportado y de lo que se ha superado en esta nación. Algunos líderes cívicos quieren restaurar el centro histórico como en su época de gloria en los años cincuenta de la era comunista, y convertir partes de él en un museo al aire libre.
Los propulsores de la idea dicen que esto no es otro ejemplo, bastante común en Europa oriental, de empresarios astutos que obtienen ganancias rápidas mediante la venta de recuerdos cursis de la era comunista a los visitantes extranjeros.
Metáfora de Polonia
"La historia de Nowa Huta es una metáfora de la suerte de Polonia. Caracteriza el perenne deseo polaco de combatir por la libertad", dice Stanislaw Handzlick, ex trabajador siderúrgico y activista de Solidaridad, que ahora es presidente del Consejo Municipal de Cracovia.
Nowa Huta fue construida deliberadamente al lado de Cracovia, la capital intelectual y espiritual de Polonia, donde el papa Juan Pablo II fue arzobispo.
El gobierno esperaba que su existencia fuera la columna vertebral de apoyo para los "valores socialistas" que esperaban inyectar en esta nación profundamente católica. Pero, después de que los trabajadores llegaron de toda Polonia a sus nuevos hogares en este lugar, lo primero que exigieron fue una iglesia. Cuando el gobierno rehusó atender su petición, ellos erigieron un crucifijo de madera en un campo abierto, y lo defendieron ferozmente cada vez que la policía trataba de removerlo.
En 1970, el gobierno cedió y permitió una iglesia en la población. Y como los trabajadores de los astilleros de Gdansk más al Norte, los obreros metalúrgicos que operaban la siderúrgica de Nowa Huta más tarde dieron al movimiento Solidaridad la fuerza y la legitimidad que necesitaba para derribar al gobierno comunista.
En la década del 80, los trabajadores siderúrgicos en huelga chocaron repetidamente con la policía en sangrientos motines callejeros.
Handzlik vivió esta historia. Se mudó con sus padres a Nowa Huta en 1950, cuando tenía 7 años. Desde que era adolescente empezó a cuestionar abiertamente al régimen, y no tardó en ser expulsado de la secundaria por esta razón. Como trabajador en la siderúrgica de Nowa Huta en el decenio de 1980, ayudó a organizar el sindicato Solidaridad allí. Cuando el gobierno polaco declaró la ley marcial en el país, en 1981, Handzlik fue arrestado y pasó dos años en prisión. Después de su liberación, continuó su trabajo en el seno de Solidaridad, siempre al lado de Lech Walesa en la batalla que, a la larga, causó el derrumbe del comunismo en 1989.
Ciudad modelo
Ahora, como político destacado, Handzlik medita sobre el futuro de su población. Y no es el único que lo hace. Stanislaw Juchnowicz, joven arquitecto en los primeros años de la década del cincuenta, ayudó a diseñar y construir Nowa Huta. Ahora, a sus 74 años, está tratando de evitar que su obra caiga en la obsolescencia.
Juchnowicz ha redactado un plan, con el apoyo de las autoridades locales, para restaurar el centro de Nowa Huta y crear zonas de empresas urbanas y parques de industrias de alta tecnología en sus afueras.
La vecina Cracovia, con su viejo pueblo medieval e iglesias y castillos construidos hace cientos de años, atrae a cinco millones de visitantes que cada año dejan unos 200 millones de dólares en los cofres de la ciudad. Pero sólo 1400 de esos turistas hacen el viaje a Nowa Huta, para conocer su grandiosa mezcla de arquitectura renacentista y clásica, y recorrer los enormes hornos de la planta siderúrgica.
"Uno de los grandes problemas de Cracovia es qué hacer con Nowa Huta -dice Jacek Purchla, director del Centro Cultural Internacional de Cracovia, que promueve la ciudad ante el turismo-. Cracovia está regresando a sus raíces como una ciudad abierta, pero Nowa Huta está esperando ser incorporada en esta estrategia."
Calificando a Nowa Huta como "otro producto que se debe vender", Purchla dijo que costaría unos 10 millones de dólares por año hacerla atractiva para los turistas. Eso es más o menos lo que se destina para preservar el centro histórico de Cracovia.
No satisfecho con esperar la decisión de los políticos, un grupo local que se hace llamar Patriotas de Nowa Huta está tomando la situación en sus manos.
El grupo, que reúne a unos 200 miembros, ha creado un sitio multilingüe en Internet para promover la ciudad, y está anunciando diversas giras. Lo que tienen en mente no es precisamente un parque de diversiones cuyo tema sea el pasado comunista de la población.
"No deseamos convertir a Nowa Huta en un zoológico en el que la gente sea lo que se exhibe -dice Lukasz Kolodziejczyk, de 27 años, agente de viajes-. Pero en la misma forma en que Cracovia es un centro de la antigua cultura polaca y de su historia, Nowa Huta podría ser un monumento de cómo se veía una verdadera ciudad comunista."
Los funcionarios locales dicen que ahora tienen una obligación moral de revivir la ciudad. "Sería muy duro decir a toda esa valerosa gente de Nowa Huta, que luchó tan arduamente contra la opresión, que ahora todo lo que les queda por hacer es regresar al campo", dice Purchla.
Un trabajador siderúrgico jubilado, Jozef Szuba, de 58 años, ex activista de Solidaridad y residente de Nowa Huta durante toda su vida, se mostró de acuerdo. "La gente debe recordar lo que ocurrió aquí. Todos tienden a olvidarlo", dijo.





