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Hoy se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Nada mejor que recordar entonces, en primer lugar, las palabras que, a manera de convocatoria a nivel global, ha utilizado la Organización Mundial de la Salud (OMS): "La salud mental es una de las áreas más desatendidas de la salud pública. Cerca de 1000 millones de personas viven con un trastorno mental; 3 millones de personas mueren cada año por el consumo nocivo de alcohol, y una persona se suicida cada 40 segundos. Y ahora, miles de millones de personas de todo el mundo se han visto afectadas por la pandemia de Covid-19, con repercusiones adicionales en la salud mental. Sin embargo, relativamente pocas personas en todo el mundo tienen acceso a servicios de salud mental de calidad. En los países de ingresos bajos y medios, más del 75% de las personas con trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias no reciben ningún tratamiento. La estigmatización, la discriminación, y las violaciones de los derechos humanos siguen estando generalizados".
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló, por su parte, que esta fecha "es una oportunidad para que el mundo se una y comience a remediar la desatención de que ha sido objeto históricamente la salud mental". Y añadió: "a menos que nos comprometamos seriamente a aumentar la inversión en salud mental ahora mismo, las consecuencias sanitarias, sociales y económicas tendrán un gran alcance".
La pobreza y la injusta distribución de la riqueza generan sufrimiento. El dolor por la pérdida de seres queridos, la pérdida de empleos, el aislamiento y las restricciones de movimiento, las dinámicas familiares difíciles, la incertidumbre y el miedo por el futuro impactan severamente en la salud mental de los habitantes. Esto obliga a un abordaje mediante políticas laborales y sociales, más que en intervenciones psicológicas o psiquiátricas. Un 23% de los problemas de salud son debidos a depresión, abuso de alcohol, trastornos de ansiedad, entre otros. En segundo lugar, son las lesiones: suicidio, homicidio, violencia intrafamiliar y accidentes. En tercer lugar se consignan las enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, EPOC, tumores malignos.
Casi un 75% de las personas que padecen sufrimiento mental no reciben atención alguna. Representan los problemas de salud pública más extendidos y con menor cobertura para su atención. Más allá del miedo, la vergüenza o el ocultamiento, la falta de atención y recuperación, se debe a que los países basan aún sus sistemas de atención en hospitales psiquiátricos, cuya existencia carecen de sentido alguno en la actualidad, a la luz de los avances cientìficos; las nuevas legislaciones; y las reformas sociales en el mundo. Simultáneamente, insumen enormes sumas de dinero (en CABA es el 8% del presupuesto total de salud), y resultan ineficaces e ineficientes. Funcionan como depósitos y abandono (bastará recordar el fallecimiento de un internado en el Hospital Borda en agosto pasado, mordido en el patio del establecimiento por perros callejeros).
La Argentina adhirió a la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, NNUU 2006, ratificada por ley por el Congreso Nacional en 2007, incluida en el texto de nuestra Constitución en 2014. Establece que a toda persona le asiste la capacidad jurídica plena; puede casarse, tener hijos, estudiar, trabajar; votar, comprar, vender, viajar; etc. En caso de requerir ayuda, el Estado debe procurar los apoyos y soportes adecuados, para que puedan seguir ejerciendo sus derechos. El nuevo Código Civil y la ley de salud mental y adicciones 26657, toman en consideración los estándares internacionales de derechos humanos y las experiencias innovadoras en el mundo (la provincia de Río Negro lo es desde hace 35 años). La abolición de los manicomios no pretende eliminar métodos terapéuticos, sino, por el contrario, dispone la creación un sistema de atención de salud mental que permita el acceso a todos aquellos que lo necesiten: internación en el hospital general, centros comunitarios, casa de medio camino; atención domiciliaria, cuidadores domiciliarios, etc. Determina el incremento del presupuesto para salud mental del 2% al 10% en los primeros tres años (2010 al 2013), hecho que no ha se concretado, como tampoco la habilitación de camas en hospitales generales, ni la creación de centros para la rehabilitación; a pesar del paso de gobiernos diversos. La necesaria actualización en la formación de los profesionales de salud general y los especialistas, permanece ausente.
La Argentina es uno de los países del mundo con mayor número de psiquiatras y psicólogos por habitantes. Pero la población desatendida (75%-brecha en la atención), no es distinta a países con 10 o 20 menos cantidad de especialistas. Está en deuda el cumplimiento de una política de estado, comprometida ante la ONU; la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; así como respecto a las recomendaciones de la OPS/OMS.
La mayor especialización en salud mental está a nivel de la comunidad, apoyando a las personas y sus familias, para que mantengan una vida digna, incluidos en su comunidad, al igual que las personas que padecen enfermedades crónicas, cuyo tiempo de internación es excepcional. Los vecinos, la policía, las iglesias, las organizaciones barriales, deben ser capacitadas para poder actuar dignamente.
La OMS y al Federación Mundial de Salud Mental exhortan a los dirigentes del mundo a que presten una mayor atención a la salud mental y se incremente la inversión. La Argentina ha dado un paso adelante. Que se aplique la ley 26657 es el llamado que se debe atender, ahora.
Médico especialista en psiquiatría, exjefe de Salud Mental de Río Negro entre 1985 y 2000, ex asesor en salud mental para Sudamérica de la OPS/OMS
